19 de agosto de 2010

buscando la seguridad de una madre


Mi abuela Pepa siempre me ha contado muerta de risa que, cuando era muy pequeñita estando en su casa de Pozuelo, hubo una gran tormenta y me llevó al final del jardín para verla mejor. Ella me decía: - mira, mira qué bonitos los relámpagos y qué bien huele. Y yo le contestaba: - sí abuelita, muy bonitos, pero vamos para dentro que nos vamos a mojar.
Desde niña me han dado bastante miedo los relámpagos, bueno más bien los truenos. Sí, el ruido ese que decimos a los niños que no hace nada, a mí siempre me ha dado pánico. Sobre todo esos que suenan como si un ser gigantesco agitase una plancha metálica enorme y las sacudidas retumbasen en el cielo.
Durante muchos años de mi vida, cuando me encontraba sola, en la oficina, en otra ciudad, en el coche, he tenido la necesidad de llamar a mi madre para decirle que había una tormenta y que me hiciese compañía. Muchas veces me llamaba ella antes de que me diese tiempo.
El verano pasado, muy tormentoso en Madrid, me sentaba en la terraza con mi niña con la intención de que ella nunca llegue a tener miedo. Mirábamos los relámpagos, escuchábamos los truenos y me di cuenta de que estaba aprendiendo a apreciar la belleza de las tormentas cuando te encuentras en un sitio seguro.
Son las 17:13h de un jueves 19 de agosto. La tormenta ha llegado a Boadilla sin aviso y es descomunal. Eva duerme en su cuarto y yo miro por la ventana mientras escribo y veo caer el agua, escucho sonar los truenos y pienso: - hoy no necesito llamar a nadie, lo estoy disfrutando.
Pero sé que, en cuanto termine de escribir esto, voy a llamar a mi madre y voy a charlar con ella hasta que la tormenta se aleje del todo.
Gracias Mami por estar ahí.

7 comentarios:

  1. De nada hija.
    Yo también recuerdo las noches en que oía un trueno y antes de que pudiera pensar que ibas a venir ya te tenía a mi lado diciéndome "mamá hay tormenta". Por supuesto ya te quedabas toda la noche a mi lado, dándome un calor tremendo, mientras tu hermana dormía tan tranquila en la otra habitación.
    Me alegra que ahora disfrutes de ellas, aunque me sigue gustando que me llames para decirme "hay tormenta". Besitos

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  2. mami, al final hemos pasado el final de la tormenta charlando, porque nadie me quita los miedos como tú, ya lo sabes. te quiero, un beso

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  3. ¡hola encantada ! yo también he disfrutado de la tormenta 1º con un poco de sorpresa(estaba entretenida intentando dormir a la peque cuando todo se nubló) y después con admiración... ¡ha sido impresionante!
    Yo echo de menos a mi madre en los días de enfermedad,cuando un virus ataca mi punto más débil(la garganta)y entonces añoro los mimos de mi mami acercándose a la cama con el zumito de naranja...Espero que algún día Adri me recuerde...
    Me encanta lo de tu blog porque nos permite hablar cosas que cuando estamos ejerciendo de madres "las babys" no nos permiten Muchos Besos

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  4. hola Carmencita. no te preocupes, seguro que Adri recordará a una madre como tú. te prometo que en breve estará listo el blog de la chupipandi, ahí sí que vamos a contarnos cositas los unos a los otros, sin niños de por medio. mil besines

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  5. Me sumo a los gracias, a ti hermana por escribir y hacer sentir y pensar, y a ti mamá porque ciertamente siempre has estado ahí para nosotros aún en las situaciones en las que no te hemos dado un ángulo claro de entrada.
    Os quiero a las dos

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  6. Buenooooo, pues ahora habrá que darle las gracias también a papito, para que no se nos ponga celosón, ¿no?

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  7. Tienes suerte de poder contar a tu madre para que te siga quitando los miedos.
    A mi madre, como a ti, le daban miedos las tormentas y también me llamaba o se subía a mi casa a pasarlas, sin embargo a mi padre le encantaba verlas. Cuando mi madre ya era mayor tenía una gata que se sentaba en su regazo y como intuía los rayos antes de que aparecieran, le ponia las patita sobre los ojos a mi madre en el mismo momento en el que el cielo se iluminaba, así mi madre les perdió un poco el miedo, pero acurrucaba a la gata con fuerza hasta que se pasaba.

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