26 de septiembre de 2010

¿cenas o disfrutas?


No hace falta conocerme demasiado para darse cuenta de que detrás de este cuerpín delgado se esconde una mujer a la que gusta disfrutar de los placeres culinarios.

Tengo que confesar que la cocina no es la habitación de la casa que más me interesa visitar, lo que sí me gusta es probar todo lo que sale de ella.

Podría decirse que es fácil conquistarme por el estómago (aunque no debería dar pistas)

Éste fin de semana no puedo quejarme de estar abandonada en estos aspectos.

El viernes pasé una noche estupenda cenando con mis vecinas. Desde septiembre del año pasado tenemos una costumbre que recomiendo a todas las mujeres: reunirse una vez al mes o cada dos meses para cenar en casa de cada una y dejarse cautivar por el menú que prepara el marido de la anfitriona, que se convierte a su vez en anfitrión y protagonista. Sí, realmente no sé cómo llegamos a convencer a 12 hombres de que nos gusta que cocinen para nosotras y que nos encanta que lo hagan por turnos.

En esta ocasión mi vecino R. contando con la ayuda del pinche C. nos deleitó con una cena a lo grande en la que disfrutamos de lo lindo.

Pero los alimentos que todavía tengo en mente son los de anoche.

Mi querido compañero de sentimiento decidió prepararme una cena sorpresa en casa, así no hacía falta “colocar” a la peque en ningún sitio, sólo había que esperar a que se durmiese (desde aquí le agradezco públicamente que lo hiciese relativamente temprano).

La cena fue sencilla pero impresionante. Elaborada con muy buena materia prima y sobre todo con mucho cariño.

Así da gusto cenar.

El cocinero compartió conmigo no sólo los solomillos de buey con foie, tiernos y muy poco hechos, sino también una estupenda y larga conversación que convirtió una simple noche de sábado en una agradable velada.


21 de septiembre de 2010

¿me das un beso?


Sé que es de buena educación y que es una costumbre e incluso una norma social, pero es que yo debo ser muy arisquita. El caso es que no me sale de dentro eso de quedar con alguien de mucha confianza a quien veo prácticamente a diario y, si la he visto esta mañana, ahora por la tarde darle dos besos. Me pasa con mi familia, con mi cuñada, con mis vecinas.

Las mamás del cole son un claro ejemplo. Nos vemos por la mañana en la entrada: “hola, hola”; y nos enrollamos 20 minutos. A las cinco volvemos a vernos: “¿qué tal?, bien ¿y tú?”; y estamos media hora hasta que nos despedimos de todos y conseguimos irnos de allí. Volvemos a vernos en el parque, como todos los días y estamos dos horas de reloj hablando. Pues resulta que si un día nos encontramos por la calle, o quedamos a tomar algo un viernes por la noche, o a comer con los maridos y niños el domingo parece que lo que procede es darse dos besos. A mí, qué queréis que os diga, no me sale natural. Ellas ya se lo toman a risa y hacen el típico comentario de: “a Marta, a Marta, que no le gusta”. Y ji ji, ja ja, y yo me río también porque la situación me parece cómica. Pero en el fondo de mi alma permanece la duda de por qué me cuesta tanto ese gesto y pienso: ¿tendré alguna tara?

Yo pensaba que esto era algo que se iba acentuando con los años, sin embargo viendo a mi hija me doy cuenta de que debe ser algo más innato que adquirido. A ella le pasa lo mismo, o si me apuras peor.

El ritual se repite todos los días a las cinco de la tarde: Eva cariño, da un besito a tus amigos; y la cara de la niña es un poema, me mira intentando transmitirme: “mami, si llevo ocho horas con ellos y mañana más de lo mismo”… claro yo no la fuerzo. A veces intento que dé un beso a los dos niños que, yéndose al extremo opuesto, no entienden la vida sin un beso diario de su amada amiga.

También me consuela encontrar de vez en cuando alguien como nosotras, ¡ah existen! y comprobar que en el resto de su persona no se aprecia ningún rasgo extraño, ¡bueno, no seremos tan raras!

Y digo yo ¿no será mejor abrazar y besar cuando el cuerpo te lo pide? Este tipo de besos deberían dejarse para los actos sociales.

A estas mismas personas a las que queremos, les damos gustosas un abrazo sentido cuando la situación lo pide. A mí eso sí me sale de dentro, lo hago con ganas y ellas lo saben.

P.D.: Mi madre acaba de leerlo y me dice que lo mío es herencia de ella que cuando ve a su amiga Graziela se dicen “¿nos besamos?”.

20 de septiembre de 2010

como niña con zapatos nuevos


Ya escribí sobre el comienzo del otoño, siento repetirme.

Es que acabo de vestirme, me he puesto unos zapatos nuevos de cordones tipo deportivo, de un azulón muy discreto él, que me encantan. Soy de esas personas que si compra algo hoy, necesita estrenarlo antes de ayer. Y claro una semana guardados en su caja... ¡qué solitos estaban!

Me alegra tanto que haga fresquito. Me los pongo con mis vaqueros ajustados (también nuevos) de pata un poquito ancha, de esos que te vas pisando la parte de atrás, mi camiseta de manga larga, no sea que se me queden los brazos fríos, y a esperar que lleguen las dos y media que tengo que salir.


Hace un par de días alguien me dijo que el otoño afecta al ánimo y yo le contesté "pero si el otoño aún no ha llegado", qué quivocada estaba. No sé cuantos dias quedan para que entre en el calendario, pero en mi pueblo ya ha hecho aparición.

¡Y allá voy, a la calle, en otoño, contenta y de estreno!

17 de septiembre de 2010

adios culpa


Hoy una persona muy importante para mí me comentaba que otra persona entendida le hablaba del gran error que es sentir culpa.

Le decía que la culpa no es un sentimiento natural, no nacemos sintiendo culpa por nuestros fallos, es algo que aprendemos a lo largo de nuestra vida.

Parece ser que las religiones han tenido “mucha culpa” de ello, ya que para poder existir necesitan que las personas nos sintamos culpables y así poder controlarnos (siento si algún creyente no opina así, yo estoy bastante de acuerdo).

Según esta persona entendida vivimos y aprendemos de nuestros aciertos y errores, son los que nos permiten avanzar por medio de un aprendizaje constructivo. Pero si la culpa entra en juego nos bloqueamos y dejamos de aprender para pasar a sentirnos mal cuando algo no ha salido como debía o como creíamos que tenía que ser.

Hemos comentado lo interesante de la teoría y lo cierta que nos parece. A continuación yo, que no puedo dejar descansar mi mente, he empezado a pensar sobre ello y he intentado encontrar incidios de culpabilidad en mi comportamiento habitual y más últimamente. ¡Sorpresa!

Creo que la sensación de culpa por no haber hecho lo correcto nos lleva a sentir frustración pero no nos enseña cómo debemos hacerlo la próxima vez. Si esto se repite muchas veces, acabamos sintiendo rabia contra nosotros mismos y solemos descargarla contra las personas que nos rodean, que lógicamente son las personas que nos importan y a las que no deberíamos dañar.

¿A qué conclusión llego?

Pues a que deberíamos hacer una lista con todos los errores que cometemos normalmente e incluso los cometidos hace años y hacernos conscientes de ellos. Yo por lo menos me pongo manos a la obra, de mañana no pasa, sin culpa y con los ojos bien abiertos ¡a aprender de ellos!

15 de septiembre de 2010

a levantarse toca...


Dicen que cuando nos tropezamos hay que levantarse y seguir andando, si puedes.
Eso dicen.


Dicen que somos la única especie que tropieza dos veces en la misma piedra.
Eso dicen.


Dicen que no hay que camino, que el camino se hace al andar.
Eso dicen



Lo malo es cuando compruebas que es cierto lo que dicen y que, por más que te levantes, te volverás a caer y que por muy conocida que sea para ti una piedra tropezarás de nuevo con ella y que el hecho de no existir un camino escrito y de no nacer con el mapa debajo del brazo, nos crea una incertidumbre tal que a veces nos da miedo lo que encontremos la final del camino.

Lo mejor, tirar para delante, intentar esquivar todas la piedras que podamos, evitar caer y si no podemos sacar fuerzas para seguir, y sobre todo que el camino que tracemos se nos haga lo más llevadero posible.


10 de septiembre de 2010

y tú ¿que coleccionas?


Me pregunto: ¿es obligatorio al llegar septiembre que tengamos que empezar alguna colección de algo?

La mayoría son las mismas que publicaron ya en nuestra adolescencia, claramente no vendieron todos los fascículos.

Pero además de los incombustibles “aprende inglés fácilmente”, “toca la guitarra en poco tiempo” y el práctico “punto de cruz”, les gusta regalarnos alguna novedad.



Yo cada año pienso que no serán capaces de sorprenderme con una colección más absurda que las de años anteriores. Año tras año me equivoco: lo consiguen.

El año pasado me cautivó la colección de dedales, útil donde las haya y precioooosa, pues la mayoría eran de porcelana con dibujitos rosados.

Este año la novedad es igual de útil a la par que agradable para los oídos, sobre todo si tienes niños que la aprovechen. Se trata de coleccionar nada más y nada menos que reclamos de pájaros. Sí, simpáticos aparatillos que al soplarlos emiten un gorjeo similar al de los pajarillos del campo, esos que nuestros hijos no ven porque no los llevamos al campo.

¿Con qué nos seducirán el año que viene?

Sinceramente, no sé si aguantaré tanto tiempo en ascuas.

4 de septiembre de 2010

un regalo para los sentidos

 
Ayer vivimos una experiencia de lo más renovadora, tanto por dentro como por fuera (y no me refiero a tomarnos un Activia, no). Fue algo tan sano como gratificante. Tan tonificante para el cuerpo como desestresante para la mente. Una actividad que nos dejó el cuerpo relajado y el alma totalmente estimulada. Y unas visiones que nuestros ojos agradecerán por mucho tiempo.

Se trató de una jornada de puertas abiertas en una escuela que han inaugurado en nuestro pueblo. Me acompañaban tres amigas, esta vez mamás del cole y, desde aquí recuerdo a las que no nos acompañaron que ¡no saben lo que se perdieron!

La cosa empezó a las 19:00h. Nunca el solicitar información sobre qué se hace y cuánto cuesta ha sido tan entretenido y agradable, ni que decir tiene que el informador en cuestión tuvo mucho que ver en ello.

Continuamos a las 19:30h con nuestra primera clase: flamenco. Aquí mi amiga C se rajó y no nos acompañó a taconear con las zapatillas de aerobic, con lo finas y estilosas que estábamos, “ole los brazos pa riba, arsa ese taconeo”. Eso sí, sentada en el suelo disfrutó de lo lindo viéndonos realizar diagonales de giros de una esquina a otra del aula y llegando al lado contrario con un pedal tal que no íbamos a necesitar pedir sangría en la cena.

A las 19:45h vinieron a buscarnos unas chicas muy simpáticas y un chaval que luego nos enteramos que se llama Elvis, todos vestidos de negro y dando gritos ¡eo, chicoooos, todos a bailar! Y allá que nos fuimos con ellas, o detrás de él, aún no lo tenemos muy claro. La clase era de algo llamado “baileactivo” y es lo mejor que he probado nunca para la salud mental. Los chicos se mezclaron con todo el grupo y empezó la música, ultra moderna. Vanesa se situó delante del espejo y, mientras su sonrisa iluminaba el aula, nos guiaba en los pasos frenéticos entre baile y aeróbic; en el estribillo nos hacía gritar muy alto levantando los brazos. La música paró, todos aplaudimos entusiasmados y Vanesa dijo “bueno, vamos a empezar, esa sonrisaaaa”, ¿cómo???? MJ y yo nos miramos: ¿ya echamos el bofe y aún no hemos empezado??? nos lo estábamos pasando en grande.

Empezó la salsa con otra monitora, luego el reguetón con Vanesa, cadera pa lante, cadera pa tras (nos hacía poner caras y todo), ahora el hip-hop (igualito que Fama), luego funky. De repente Elvis se coloca delante a guiarnos meneando el cuerpo con ritmo salsero, ¡indescriptible movimiento de cadera! Y así durante lo que debió ser media hora de ejercicio continuado, con gritos de euforia, cantando, sonriendo y muy sincronizados.

En ese momento Vanesa retoma su posición y dice “a estirar” y empezamos a escuchar “tengo el corazón contento, el corazón contento y lleno de alegríaaaa. Tengo el corazón contento desde aquel momento en llegaste a miiiií! Y ale, estirando al ritmo de esta estupenda canción y, lo mejor, cantándola al mismo tiempo. No podías evitarlo, te salía de dentro la alegría, la emoción, el calor de la cara y el sudor a chorros.

Terminamos con un enorme aplauso y nos llevaron a body pump, aquí ML nos abandonó, la pobre no se atrevió con más. Allí nos ves a las tres con unas pesas más grandes que nosotras haciendo tonificación. Primero los brazos, ahora sentadillas ¿he mencionado que el monitor de esto era Dani, nuestro estupendo “informador”? ¿y que lo de estupendo es aplicable a todo su ser? Bueno, pues allí estábamos todas mirando cómo el maravilloso venezolano nos enseñaba a echar el trasero bien atrás y bien abajo, con las pesas en los hombros y con una camiseta azul turquesa que… bien, bueno, sigo. No quiero ni recordar el tembleque de piernas que tenía cuando terminé, del esfuerzo claro, dos meses sin hacer nada de ejercicio… Acabamos tumbadas con las pesas encima y haciendo pectorales con Vanesa.

De repente volvieron los chavales: “a bailaaaar” y allá que nos fuimos otra vez. Pero a los 10 minutos preferimos darnos una ducha porque todo en esta vida tiene un límite. Desde la ducha escuchábamos a Laydy Gaga, David Guetta,… y al terminar la ducha pudimos ver el final de la clase en la que Dani hacía los estiramientos, nada más y nada menos que con la música de Chicago, ¡alucinante!

Eran las 21:30h, teníamos barbacoa con todo el grupo (25 nada menos entre adultos y niños) y salimos de allí con la sonrisa puesta, la cara colorada, el cuerpo cansado pero relajado y la mente ¡como nueva!

No sabemos muy bien cómo pero nos han convencido y empezamos las clases ya mismo. Después de todo ¿qué tiene de malo hacernos este tipo de regalos un par de días a la semana?

1 de septiembre de 2010

de nuevo…


se acaba el verano, la playa, las vacaciones, la piscina diaria, las tormentas de verano, la barbacoa por la noche con los vecinos, las sandalias, las siestas, las rebajas de verano, los baños de sol, pasar el día en bañador, los paseos por la avenida al atardecer, la lectura nocturna en la terraza, los días largos, el calor, el no madrugar, el cine de verano en la urbanización, los vestidos de tirantes, los niños aburridos en casa, tomar algo en las terracitas a última hora…


vuelve la rutina, el trabajo, las tardes de parque, las clases de baile, la bajada de temperatura, la chaquetita al final del día, el tráfico, el colegio, el reencuentro con los amigos, los madrugones, la caída de las hojas, los pantalones largos, las comidas de trabajo, los anocheceres tempranos, el cambio de armario, las actividades extraescolares, el otoño, los niños uniformados, los deberes, los zapatos cerrados, el ir y venir, los desayunos con las mamás al dejar a los niños en el cole…

... ¡pues casi se agradece!