29 de noviembre de 2010

unas líneas




Estaba sentada en la cama, apoyada en unos cojines y leyendo.

La verdad es que no era un día muy animado, ni por fuera ni por dentro. Lo mirase como lo mirase, era un día gris.

De vez en cuando levantaba la vista hacia la ventana. Fuera no paraba de nevar, ya llevaba varias horas.

Ahora los copos eran más grandes y cuando el viento los removía parecían alocadas bolitas de algodón correteando en espiral.


Si los contemplaba de forma continuada le parecía que cobraban vida que, en realidad, eran pequeños entes esponjosos que venían hacia ella, huyendo despavoridos de algo invisible.

A gran velocidad se revolvían, se agitaban, se atropellaban y se empujaban unos a otros intentando llegar a algún refugio al otro lado de la ventana.

Observaba como algunos chocaban contra el cristal dejando tras ellos un rastro húmedo. El resto pasaban de largo, escapando, desapareciendo de su vista y dejando en ella una extraña sensación de urgencia e incertidumbre.

Abandonaba las imaginaciones para continuar leyendo, el libro que tenía entre manos le estaba gustando mucho.

Aun así no podía evitar alzar la vista de vez en cuando hacia ese cielo cubierto pero a la vez luminoso, que hacía que los copos a contra luz pareciesen más grises que blancos.

Fue entonces cuando empezó a sentirlo. Otras veces lo había hecho, pero no de la misma manera.

Esta vez parecía más un “el momento es propicio” que un “esto me parece interesante para contarlo”. Era más como un “atrévete y prueba a ver qué pasa” en lugar del habitual “voy a ver que sale hoy”

Y así, entre centrarse y descentrarse en la lectura, mirar embelesada el fenómeno natural más blanco del año, soñar despierta con la gran evasión de los copos sin dueño y dejarse tentar por la idea que iba y venía, finalmente cerró el libro, alargó el brazo, cogió rotulador y cuaderno y sin pararse a pensar en “qué”, dejó que su mano derecha se ocupase del resto.

El resultado: estas líneas, que antes fueron manuscritas.

8 comentarios:

  1. Pues para dejarte llevar, simplemente, el resultado no es simple en absoluto; la descripción de la nieve es magnífica, eso que vemos pero no llegamos a ponerlo en palabras y tú lo has hecho de maravilla.
    Muy bonito y visual. Felicidades.
    Volveré ahora que te he encontrado.

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  2. Hola Ebony, me encanta tenerte como lectora incondicional, tu positivismo me hace bien. Mil gracias.

    Hola Pilar. Es todo un honor verte por aquí y sobre todo que te guste mi mini-relato. Prometo seguir aprendiendo de Graziela y de ti. Gracias y un abrazo.

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  3. Mil de nadas, nena. Me alegra que mi positivismo (gracias a ti) te haga bien; para eso estamos. Ya lo sabes. Un mes y nos achuchamos, cielo!

    Besos.

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  4. qué bonito un día gris!!! coincido contigo MARTA: hacer las cosas es mucho mejor que pensarlas o hablar de ellas... ya entré en tu bloggggggg JOAQUIN

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  5. Hola Joaquín, ¡por fín! Me encanta que hayas visitado mi blog y mucho más que además me dejes un comentario. Mil gracias y besines.

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  6. Ahora que el cielo está naranja y no deja de gemir leer tu descripción de la nieve resulta delicioso. De la mano de tus palabras he vuelto a vivir con tus ojos la primera nevada. Me parece un mérito conseguir que los demás puedan sentir lo que les estas contando. Sigue así que con un poco de "entrenamiento" lo mismo dentro de nada estoy leyendo tus cuentos en un libro, además es una terapia estupenda.
    Besitos de nieve

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  7. Muchas gracias Graziela. Tienes razón en lo de la terapia, aunque lo de los cuentos lo veo complicado. Besines.

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