5 de diciembre de 2010

por arte de magia



Las Navidades se están acercando. De puntillas hace dos semanas, a pasos agigantados ahora.

La sensación es extraña, como todos los años.

Nunca he sabido muy bien explicar, ni siquiera a mí misma, por qué no terminan de llenarme estas fechas, ¿o sí?

No es que no me gusten, no es eso, pero tampoco puedo decir que me encanten. Hay días en que lo paso bien y días en que desearía no levantarme de la cama y no acudir a ninguna reunión.


Puede que influya el hecho de que no creo en el Nacimiento de Dios, no lo celebro y por tanto para mí es únicamente una tradición como otra cualquiera, ¿o no?

Los sentimientos se superponen, como en una torre de piezas de madera que un niño va amontonando, uno agradable, otro aburrido, uno bonito, otro tristón.

Días que antes de que lleguen ya estoy deseando que pasen.

Escucho a personas decir que en estos días se ponen tristes porque se acuerdan de personas queridas que ya no están. A mí esto no me ocurre, ¿o sí?

Efectivamente me acuerdo de algunas personas que ya no están, porque murieron o sencillamente porque la vida los llevó por otros derroteros, pero esos recuerdos no aparecen sólo en Navidad, van y vienen a lo largo del año como muchos otros recuerdos.

Sin embargo sí me pongo tristona, más que tristona melancólica, y es una melancolía inexplicable, ¿o no?

Me hace más ilusión desde que vuelve a haber pequeños en la familia, por supuesto. La Navidad sin ellos, en mi caso, llegó a perder el sentido prácticamente por completo.

Ahora es diferente, ellos aportan alegría y ganas.

En el puente de diciembre montamos el Nacimiento y da gusto ver cómo derrochan ilusión. Ponemos bolas en el árbol y es emocionante ver cómo a su lado parece cada año más bajito.

Les enseñamos villancicos, tocamos la pandereta con ellos y les ayudamos a escribir la carta a Los Reyes Magos.

Esa que luego escanearemos para conservar hasta que sean mayores y la lean muertos de risa y añoranza.

Esa que les diremos que entreguen a un falso paje, que se la entregará a un falso rey, que supuestamente la leerá y, que si se portan bien, les traerá algunas de las cosas que hayan escrito o dibujado dentro.

Algunos pensarán que prima en mí un comportamiento consumista y poco solidario, y seguramente tengan razón, porque una de las cosas que más ilusión me hace es pensar, buscar, comprar, preparar y esconder los regalos de todos.

Mientras hago esto me olvido por un rato el decidir qué se cenará y comerá cada día, en casa de quién y con quienes.

En mi familia siempre hemos mantenido las sorpresas a pesar de cumplir años, y mientras me ocupo de prepararlas me siento un poco como una Reina Maga.

Esa en la que todos querríamos creer. A la que nos gustaría conocer. La que nos haría felices una vez al año porque aún creeríamos en la magia.

La que nos mantendría en vela pensando de dónde viene, por dónde entra y cómo hace para llegar a todas partes en una sola noche.

Cuando me siento Maga, en mi mente se suceden pensamientos alegres, imágenes de los niños acostándose por la noche llenos de esperanza después de haber colocado los zapatitos limpios bajo el árbol. Después levantándose por la mañana entre nervios y emoción y quedándose con la boca abierta ante los regalos que “les han traído”.

Esas caritas son lo único realmente sincero de todas estas fiestas.

Luego, según se acerca el Año Nuevo, me vienen a la mente también otras imágenes, no tan agradables. Las de ese momento tan decepcionante en el que me enteré de la gran mentira.

Las del día aquel de mi infancia en que Pablo llegó a clase diciendo que LA MAGIA no existía, que CREER en ella era de niños pequeños.

El instante en que esa ilusión que tantos años me había acompañado se esfumó, esta vez sí, por arte de magia.

Y es posible que ese momento, en el que inevitablemente me hice un poco mayor en contra de mi voluntad, sea lo que me impide ver la Navidad como algo maravilloso, como un tiempo inmensamente feliz.

Porque no puedo evitar pensar que ELLOS pasarán antes o después por el mismo trance.

¿O no? 

7 comentarios:

  1. Haces una fotografía muy precisa de la Navidad. A mí no es que no me guste, es que la evito y la boicoteo. Sigue así...¿O no?

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  2. Bueno Antonio, ya sabemos que yo no soy tan radical. He intentado evitar, sin éxito, ciertas costumbres extranjeras que se han instaurado. Pero, independientemente de lo que a mí me haga sentir, realmente no estoy en contra de la Navidad, es una tradición muy antigua e insisto en que a los niños les hace muy felices. Me gusta que se celebre, con sus partes buenas y malas. Un abrazote.

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  3. Encantada, me quedo con la mágia y añado la ilusión. A mi si me gusta la Navidad, es cierto que tiene su toque nostálgico (hoy mismo venía escuchando la radio y han puesto la de Mecano..."en la puerta del sol como el año que fué".., me encanta y me hace emocionarme también) y no todo es tan bonito y justo, pero eso pasa en cualquier época del año. Yo lo sigo o intento seguir viendo con los ojos de la mágia, y estoy contigo en que lo mejor es convertirte en una Reina Maga, con niños aún más, pero a los mayores se nos debiera pegar mucho de ellos. La vida ya trae lo que trae, no pasa nada por ponerle color, mágia, inocencia, e ilusión. La Navidad es un arcoiris en medio de un gris invierno. Que la celebre quien quiera y del modo que se quiera.

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  4. Aquí otra melancólica perdida de la vida, querida. La Navidad no me dice nada. Además, yo no solía tener compromisos socio-familiares por esas fechas hasta que me ennovié. Y ahora hay que estar trazando un planning de dónde se va a comer cada día. Hay que ponerse la sonrisa en la cara, aguantar el tipo o morderse la lengua, para no envenenarse, según convenga.

    Yo estas fechas las celebraría en casa, con mi familia; esto es, con el cari y las chocolatinas. Pero entonces me llamaría rara. Aunque en el fondo no me importa. ¿O sí?

    Coincido con M.J. la ilusión y la magia vivida a través de los ojos de los pequeños de la casa es impagable. Esa emoción, la pura expectación, la sorpresa, el candor... lo mejor de las fechas, sin lugar a dudas.

    En fin, vivámoslas como buena mente podamos y ¿Felices Fiestas?

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  5. Para mi la navidad, al margen del simbolismo religioso, que no comparto en absoluto (ayer cantaba villancicos y Jesús me dijo era absurdo hacerlo si no creo en el nacimiento del hijo de dios, entonces empece a cantar mantras y como le sonaban mucho peor, me dijo que mejor siguiera con los villancicos) y es que al igual que tú las celebro por la tradición asumida desde la infancia. Mi madre siempre nos inculcó que eran fechas tristes por las ausencias, sin embargo para mi ahora es una época de alegría, en la que piensas en los demás, en como agradar a los que quieres, sorprenderles, agasajarles, etc. He aprendido a disfrutar de ellas y a veces voy sola a alguna tienda a horas que no hay gente para escuchar villancicos y cantarlos. Es una fiesta para los niños y la desilusión de saber que los reyes no existen es un paso hacía la vida adulta, un enfrentamiento a la realidad, aunque siempre puedes seguir creyendo en el misterio y es bonito saber que alguien ejercerá de Rey Mago para ti una navidad mas.

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  6. Independientemente de las creencias religiosas de cada uno los que realmente la disfrutan son los niños, y transmiten tal alegría e ilusión que te contagian. Se me quedó marcado el día que me enteré de la noticia, me lo dijo mi amigo Carlos a los ocho años, el mismo que con seis años me propuso irnos a vivir a Londres y casarnos cuando fuésemos mayores (entonces en España no se podía).

    Tremenda inocencia, nostalgia y scalextri.

    Eso me inspira a mi la navidad.
    Besos

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  7. Hola M.J. tienes razón, intentemos sentirnos como niños y aprender de ellos, no sólo en esto sino en todo, que falta nos hace. Me ha encantado lo del arcoiris, pensaré en ello en "mis momentos". Gracias y mil besos.

    Ebony hermosa, este año por lo menos tengo un nuevo aliciente en estas fechas, ponerte cara de carne y hueso, que no es poco. Estoy igual de emocionada que los niños el día 5 de enero. Besines y gracias.

    Graziela, qué decirte. Tienes razón en que hay que madurar sí o sí, pero ese momento es duro. ¡Ah! y no me puedo quitar de la cabeza la imagen de Jesús pidiéndote de nuevo los villancicos, me ha hecho mucha gracia. Besos de colorines como los tuyos.

    Luisillo, me he encantado ver tu comentario. Me gustaría saber qué sería ahora de vosotros en Londres, jajaja!! Es estupendo que la Navidad te inspire nostalgia e inocencia, casi como a mí, pero tú siempre ves todo desde un lado más positivo. Un beso enorme.

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