29 de diciembre de 2011

colores

La verdad es que cuando me propuse cambiar la imagen de mi pequeño retoño no pensé que me fuera a costar tanto acostumbrarme a verlo en otros tonos. Cierto es que debería acordarme de los días y días que ocupé en darle la forma inicial, y la cantidad de veces que hice y deshice unas y otras partes de su aparentemente simple anatomía, hasta dar con aquellos azules y tostados que lo vistieron durante año y pico.

Pues bien, como podréis comprobar, los colores que elegí esta vez en un rápido gesto, no me han gustado nada y he tenido que cambiarlos de nuevo.

Mi intención no es volver loco a nadie ¡ni mucho menos! Lo que sí es cierto es que mi blog es como yo, y cada vez se parece más a mí: inconformista, cambiante, y en busca de su esencia.

Estos colores son los que ahora me llenan y necesito, no me preguntéis por qué, pero quien conoce mi casa nueva sabe lo que digo (hasta mi planta está conjuntada gracias a Marilú)

La imagen del laberinto, que no he eliminado pues aparece todavía (¿quién la busca?), me pareció muy apropiada para reflejar el camino que mi vida lleva en la actualidad, (aquí iba a poner un "pero" que no voy a poner, ya que mi coach me regañaría si lo leyera) más bien diré que finalmente me he decidido por incluir todas las imágenes que me dicen algo que tiene que ver con mi vida, con mi bienestar, el de los que me rodean y con los pensamientos que llenan todos los minutos de mi vida.

Para ello he tenido que ingeniármelas y construir un mosaico en el que cupiesen todas. Tengo que decir aquí, que tras dos días eligiendo y reduciendo imágenes y pegándolas en powerpoint e intentando encajar los diferentes tamaños, mi querido amigo Helí me dijo que con un maravilloso programa conseguiría este estupendo mosaico y sin tanto esfuerzo. Cierto es.

Animo a mis conocidos a que miren las imágenes con detenimiento. Seguro que encontrarán más de una que les haga sonreír por los recuerdos que les traigan (también se trata un poco de eso).

Tal como decía soy cambiante e insegura, ¡y para colmo tengo mala memoria! por lo que en los próximos días seguramente me toque incluir nuevas imágenes e incluso sustituir otras. Aunque ese proceso ya no se notará tanto porque el mosaico será muuuuy parecido.

Creo que de ahora en adelante, además no voy a quitar color a las fotos como venía haciendo, porque me apetece llenarlo de colorines (espero no resultar estridente).

Y tras este rollo, sólo me queda añadir que tengo la intención de añadir una página más que guarde las imágenes que vaya poniéndole, para no que se me olviden con el paso del tiempo. Pero ya será en el próximo episodio.

¡Ah, y espero que os guste!



22 de diciembre de 2011

entre dos aguas

Hay días, como el de hoy, que siento que estorbo realmente. 

Siento que no se puede estar más en medio y menos oportunamente.

Es más, en este preciso momento estoy bloqueando del todo el fluir, la comunicación y todo lo que pudiese surgir, por estar en mi sitio.

Ya, supongo que si no estáis conmigo ahora no entendéis nada de lo que estoy diciendo.

Voy a intentar explicarlo.

Si por un lado, pongamos en la letra A, es decir, a mí izquierda, hay un chaval cantando a voz en grito "Comando G", desgañitándose con Pimpinela y otro tipo de canción romántica, y al otro, pongamos en la letra C, es decir, a mi derecha, hay una chavala como loca en la ducha, cantándole a su cóquer "dime niñoooo, de quién ereeees..." y "en el portal de Beleeeen, han entrado los pastores y al bueno de San Joseeeé le han roído los calzoneeeees" no me queda otra que pensar:

¿qué narices pinto yo en la letra B, entorpeciendo lo que podría ser una relación idílica????

Decididamente ESTORBO.


21 de diciembre de 2011

personas


No sé qué me pasa últimamente que estoy conociendo personas increíbles.

Vaya donde vaya.

Haga lo que haga.

Parece que se han puesto de acuerdo para pasar por mi vida todas al mismo tiempo.

Empiezan a amontonárseme en la entrada, lo cual no me importaría si no fuera porque me da pánico pensar que no pueda atenderlas a todas como se merecen y acaben dando media vuelta.

Están llenado mis momentos de tal forma, que consiguen darme una nueva forma y hasta están empezando a gustarme cosas que antes no me decían nada.

Ahora los besos de bienvenida esos que me resbalaban, resulta que se han vuelto necesarios y hasta surgen de mí, mis amigas me miran raro, claro.

Y reparto abrazos y palabras cariñosas a cualquier hora del día.

Me siento como flotando y alucinando, y eso puede que me haga estar alejando los pies del suelo y que a veces no esté muy pendiente de las estupendas personas que ya habitaban mi mundo y que siguen ahí.

Hoy quiero daros las gracias, a los unos y a los otros.

A los unos, por cruzaros en mi camino y descubrirme que todavía quedan personas que saben dar sin esperar nada a cambio y que apoyan desinteresadamente a gente como yo.

A los otros, por estar ahí siempre, y aceptarme con mis miles de defectos y de momentos de perderme lejos de vosotros.

GRACIAS

Los unos: Sandra, Patricia, Nuria, Manoli, María, Sergio, Marisa, Jhoselyn, Natacha, Cuecuatzu, Helí, Elma, Ful, Rosa, Silvia, Joan, María, Eva, Joaquin, Javier, Sergio, Marisa, Eliane, Marcelo, Víctor, Nuria, Virgi, Merche, Pili, Juan, Ana, Nuria, Emilio, Mariví, Sara, María, Concha, Menchu, Carmen, José Luis, Ricardo, Desi, Luis, ... ¡Albert, no sé en cuál ponerte, total me vas a llamar cursi igual!!!

Los otros: mi familia al completo, por supuesto, y Luis, Elena, Adriana, Ana, Emma, Ana, Vanesa, Marilú, Espe, Isabel, Luis, Gemma, Pablo, Susana, Carmen, Eladio, Marichús, Marc, Esther, Mariajo, Muriel, Rosa, Sonia, Raquel, Carmen, Caty, Marisa, Paloma, Andrés, Marta, Ángela, Eugenia, Elena, Paqui, Mª José, Javi, ... Si me dejo a alguien que no me lo tenga en cuenta, son las dos de la mañana.

4 de diciembre de 2011

mi cielo iluminado



nubes
incomprensión
lluvia
desasosiego
frío
desarraigo
visión
luz
sol
motivación
camino
vida
situación
esperanza


Las nubes que lo llenan hacen que mi cielo se vuelva gris y desborde incomprensión hasta donde abarcan mis ojos. Nada más la lluvia me saca de mi ensueño, pero para producirme un desasosiego casi inaguantable. Poco a poco el frío penetra a través de mis membranas hasta devolverme la consciencia del absoluto desarraigo de mi propia vida. Únicamente esa visión aporta algo de luz a mis días. Sólo ese nuevo sol, que se alza en el horizonte, consigue que sienta la motivación llamando a mi puerta. Me indica un camino que no conozco, quiero dejarme llevar hacia lo desconocido, ya que eso me hace sentir que aún hay vida. Abro los ojos y estoy muy atenta ante esta situación ya que, el simple hecho de que exista, llena mi mundo de esperanza.



A veces un sentimiento de tristeza puede inspirar más que uno de alegría. A veces es uno de esperanza el que nos trae la inspiración.
Que nadie se asuste de estas letras, ya que las escribí sólo para mí, en un momento ya pasado, y por lo tanto ya no hay nubes ni desasosiego. Ahora lo comparto porque es bonito, o a mí me lo parece. 




23 de noviembre de 2011

abrazos, abrazos y más abrazos


Hace unos meses publiqué en mi blog el abrazo de oso que le había enviado virtualmente a un amigo, también virtual, que tenía muchas ganas de llorar. Entonces él me dejó que expusiera aquel abrazo entre todas mis locuras y, ahí está desde mayo. 

Bien, pues ayer, escribiéndome con otra personita, igualmente virtual, con la que espero llegar a tener una estrecha amistad, y ante una mala noticia que acababa de recibir, volví a ofrecer mis servicios como abrazadora "on line". Y ante su respuesta afirmativa, me afané en crear un abrazo esperanzador. 

Lo recibió, lo disfrutó, incluso asegura que se estremeció. Y cuando le he pedido permiso para publicarlo aquí me ha dicho que me pertenece y que debo compartirlo con más personas. No estoy de acuerdo con él en lo de que me pertenezca porque es un regalo que yo le he hecho y considero que ahora es todo suyo, pero como me ha dejado compartirlo, os lo dejo aquí para que quien lo necesite lo use. 


“La verdad es que me he sentido encantada de que me pidas un abrazo. Tienes razón en que los abrazos brillan por su ausencia en nuestra sociedad, y la verdad es que cuando uno recibe o da un abrazo sincero, las sensaciones que nos invaden son indescriptibles y muy reparadoras. Así que venga, vamos al tema. 

Como estás aún en el trabajo te pediré que, por favor, busquemos un lugar discreto, para que no nos miren mal, las personas poco abrazadoras no entenderían que un compañero y una absoluta desconocida, se estrecharan entre sus brazos en medio de la oficina, eso sí, un lugar que no parezca un escondite, no me gustaría que alguien entrase de sopetón y al encontrarnos en tal estado pudiera pensar otra cosa… no, no, no, que no están las cosas para malos entendidos. 

Así que una vez en un lugar discreto pero a la vista, procedo a acercarme y extender mis brazos hacia ti. Ven. Veeeeen. Te noto pelín tenso. Es normal, no me has visto en tu vida y ahora voy y quiero abrazarte. Pero mira, para que sea más fácil. Cierra los ojos. Vale, así. Ahora ya puedes pensar que soy cualquier otra persona a la que conozcas y que te apetezca abrazar. Déjate llevar que yo te sujeto y no te tropiezas. ¿Eres muy alto? A ver si ahora no voy a poder dirigirte ¡y nos caemos los dos! 

Bueno, imaginaré que tienes una estatura normal y continuaré. 

Estabas con los ojos cerrados, yo extendiendo mis brazos y ahora rodeo tu espalda con ellos hasta que mis manos se juntan por detrás. ¡Ejem! Creo que resultaría más sencillo si tus brazos acompañaran a los míos y me rodearan a la altura de los hombros. 

Eso. Muy bien. Ahora deja la mente en blanco (tú que sabes, que yo no puedo) y dedícate sólo a sentir. 

Siente tus brazos alrededor de mí. Apriétame. Siente mis brazos rodeando tu cuerpo. Estoy intentando espachúrrate pero sin demasiada fuerza para que sea un abrazo agradable. 

Siente el calor que desprendemos y que tiene cualidades reparadoras. A ti te repara el miedo a ese futuro cercano e incierto. A mí me repara la falta de roce que me invade algunos días. Siente como tu respiración se va calmando, y cómo se acompasa con la mía (suele pasar en los abrazos, ¿lo recuerdas?) Siente como la musculatura de tus mejillas se destensa y poco a poco las comisuras de tus labios van adoptando una posición más elevada. No sonríes, pero tampoco dessonríes. Simplemente estás a gusto y tu cara lo refleja. 

Continúas con los ojos cerrados, imaginando que soy otra persona. Yo también los cerré, pero yo me imagino que eres tú, al fin y al cabo he sido yo la que te he ofrecido el abrazo (no me voy a andar ahora con vergüenzas). Y mientras imaginas, intentas rodearme un poco más, como si quisieras que ni un miligramo de abrazo pudiese escaparse por algún lado. Y mientras tú sientes el abrazo en tu interior y te llenas de él, yo siento el abrazo muy dentro de mí y también me lleno de él. 

Poco a poco, y mientras sigues apretando tus brazos, vas abriendo los ojos de nuevo y mirando la luz que entra por la ventana. 

Esa luz ya no es gris. Esa luz ya no es triste ni negativa. Durante estos pocos minutos que hemos permanecido unidos por ese abrazo maravilloso, el día y lo que queda de él, se han vuelto claros, luminosos y llenos de esperanza. 

Porque como bien me dijiste aquella vez “nada ocurre por azar”. Y por eso, seguramente todas tus preocupaciones de ahora tengan una explicación en el futuro. 

Y ya con los ojos abiertos, unidos por nuestros brazos que ya se han acostumbrado a esa posición y a los que ahora les cuesta dejarla, y cuando ya no nos cabe más abrazo, y nos sentimos super a gusto, vamos poco a poco separándonos. 

Tú me coges por los hombros y me apartas lentamente. Yo doy un paso atrás, te miro y te digo: 

“Hola, encantada de conocerte” 

Me plantas dos besos y ahora, por fin, SONRÍES." 




Este abrazo ha querido ser compartido por su dueño pero, aunque se empeñe, es sólo suyo. 

Si alguien necesita uno propio, que me lo diga y se lo voy fabricando. 

¡Por abrazos virtuales que no quede!



16 de noviembre de 2011

que la fuerza te acompañe


- ¿Has visto como salta?
- Sí, altísimo. Y avanza a pasos agigantados.
- Sin embargo no tiene prisa por llegar. Si te fijas, va estudiando el terreno. Desde arriba, con perspectiva.
- Cierto. Eso demuestra que las ganas de llegar le ayudan a alzarse pero no le ciegan.
- Es por eso que alcanzará su destino con toda seguridad. No me cabe la menor duda.
- ¿Aunque aparezcan todos esos obstáculos en su camino?
- Incluso así lo conseguirá. Ese andar seguro, ese empuje vital, harán que su camino permanezca despejado.
- Parece que en todo momento le acompaña una fuerza invisible.
- Lo hace. LO HACE.

22 de octubre de 2011

quien canta su mal espanta


Siempre he sido cantarina. 

Sí, la verdad es que eso de hacer los viajes en coche y los quehaceres diarios cantando, es algo que ha ido conmigo a lo largo de los años.

Sin embargo hace un tiempo abandoné la costumbre, ¿o me abandonó ella a mí?

No sé, pero lo cierto es que eso de cantar, silbar o tararear me salía sólo.

Nunca he cantado especialmente bien, para nada. Pero al menos entonaba y no solía desafinar demasiado. Vamos, que cantaba lo suficientemente bien como para no herir los oídos de mis vecinos y acompañantes.

Alguien me dijo una vez que no cantaba ni bien ni mal, y que eso era una pena porque no era como para deleitarse, pero tampoco como para reírse y pasar un buen rato. Aunque cantábamos juntos y lo pasábamos bien.

Pero lo importante es que a mí me gustaba, me salía de dentro y me relajaba.

Ahora me doy cuenta de que no lo hago y me da pena. Mucha pena. Porque lo considero una señal de felicidad y buen sentimiento.

La semana pasada, mientras hacía la cama, escuché al otro lado de la pared a mi vecino cantando una canción romántica. Me chocó, porque la imagen que tenía de verle en el garaje con la moto era otra, joven, alto, serio. Vamos, que no me lo imaginaba cantando esas cosas.

Hace dos días, bañando a la niña, nos llegaron otro tipo de sinfonías. Nos miramos, y empezamos a reír. Fue inevitable. Mi vecino se desgañitaba en la ducha, ahora con Comando G.

Y esta mañana, hace apenas una hora, volvía a sonreírme, esta vez yo sola. Mientras recogía mi casita he empezado a oír como mi vecino pasaba la aspiradora al tiempo que se atrevía hoy con “…por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta…” esta vez a voz en grito porque claro, él no se escuchaba.

Simplemente me he sentido muy feliz por él. Casi me han dado ganas de hacerle los coros o la segunda voz, pero me ha dado miedo que se lo tomara a mal. Él o su mujer.

Y además al oír a Pimpinela entre sonidos caseros, saliendo de la garganta de un joven cantarín, he decidido que, aunque tenga que esforzarme un poquito al principio, voy a retomar esa vieja costumbre tan saludable y entretenida, que es acompañar mi sencilla vida de música. De música entonada por mí misma.

Eso sí, espero que ningún autor se ofenda al escucharla salir de mis labios ligeramente transformada por mis estupendas cuerdas vocales.

Una hace lo que puede, o lo que sabe.


P.D. mi vecino sigue por ahí, silbando en lontananza



7 de octubre de 2011

 fulgencismo mágico
Nota 5: 
Han repuesto la película de los ochenta que tanto admiré en su momento. La que me      hizo vivir por encima de la vida y soñar por encima de los sueños. La que me convirtió, en el rato que las luces eran oscuras y la pantalla mi imaginación, en un aventurero empedernido. Ya pensé hace semanas en por qué, por qué no, por qué sí y por qué quizá. Hoy solo he podido ver los créditos del principio, el título, la primera escena. Me he sentido abatido al imaginarme en bicicleta: mis rodillas no aguantan, seguro. Y destrozado al verlos correr; mi cadera no tiene fuerza, seguro. Sólo me he sentido seguro cuando, a solas, el protagonista ha hablado con su héroe y le ha agradecido el que fuera su norte y guía. Y he cogido mi bicicleta. 
Fulgen García

27 de septiembre de 2011

fulgencismo mágico  
Nota 4:  
De gatos y demás otoños 
Terminaba el verano con la melodía repetida una y mil veces, la del dúo aquel que maullaba su triste canción mientras nuestros amigos catódicos se asomaban con timidez a las esquinas del pueblo que nunca más volvió a ser él mismo. Y creía y crecía el infeliz telespectador con el convencimiento de que todos sus estíos serían así, una eterna adolescencia en la que poder jugar, amar, reír y desamar de manera cíclica e inconstante. Cuán equivocado estaba. La vida se parece más a una copla desgarrada que a una canción pop ñoña, al zarpazo de un gato que a su ronroneo interesado, aprendió después.
Ese verano también llegó y se le terminó con la partida de muchas personas, pero con una pequeña certeza en su mente: en el fondo, cualquier despedida no es sino dejar un hueco para una nueva bienvenida. Aunque sea el otoño al que hay que recibir.
Fulgen García

23 de septiembre de 2011

un añito


Hace algo más de un mes este modesto blog cumplió un año.

Hace algo más de un mes yo no cumplí la promesa que le hice cuando nació: estar junto a él en todo momento.

¿Excusas? No tengo. Simplemente no me sentí con fuerzas.

Le pido perdón públicamente, así como a los seguidores de este mi pequeño rinconcito, por haber desaparecido de él durante dos meses.

Los que me conocéis sabéis más o menos el motivo de mi ausencia. A los que habéis aterrizado aquí por recomendación, por curiosidad o simplemente por casualidad, pediros mil disculpas por ni siquiera avisar, y deciros que vuelvo a estar al pie del cañón (espero), por si aún os apetece pasar algún ratillo por aquí.

Ahora simplemente necesito echar un momento la vista atrás. Cerrar los ojos y dejarme llevar por esa marea de recuerdos, de momentos e ideas, que han llenado ese año extraño por el que ha pasado mi vida.

El primer año de vida de mi querido blog ha sido un año repleto de idas y venidas, de momentos “Guadiana” en los que desaparecí del mapa durante días para volver cargada de ilusiones y ganas de seguir, volviendo a desaparecer y resurgir en muchas ocasiones más.

Ha sido un tiempo en el que aprendí a parcelar mi vida para hacerla más sencilla y llevadera. Y así fue a veces, aunque otras fue dura, sobre todo cuando finalmente una de las personas más importantes de mi vida pasó a formar parte de otra parcela, algo que no por esperado resulta menos doloroso.

Un año envuelto por la crisis, esa que al final también consiguió trastocar mi parcela profesional y dejarla mal herida.

Un año en que muchas veces sentía que mi persona era igual que la canción de Mecano, una luz que se enciende sólo para que se la vea desde fuera, como la de la nevera, y que no refleja del todo lo que guarda dentro.

Pero el año también tuvo muchas alegrías, algún proyecto que ahora se está llevando a cabo y cariño, mucho cariño que ha conseguido que a pesar de todo ahora esté aquí sentada viendo todo como una fase más de mi vida.

De ahora en adelante comienza una nueva etapa, con sus parcelas, sus momentos y sus personas.

Y quiero pensar que estos dos meses de ausencia han sido para mi blog como un campamento de verano, en el que lo han cuidado bien mientras yo no podía ocuparme de él.

Ahora han empezado de nuevo las clases y rutinas varias y es mi deber y mi placer ayudarle a crecer lleno de anécdotas, historias y porqué no, algún nuevo relato.



27 de julio de 2011

fulgencismo mágico  
Nota 3:  
Veinte años es mucho. Son dos décadas. Son miles de días. Son veinte inviernos, veinte primaveras, veinte veranos. Veinte otoños.
He vuelto hace unos días al sitio donde, por primera vez y hace veinte años exactos, regalé una flor a una chica. Fue un momento especial: era de noche, hacía fresco, la abracé y me dijo qué bonitas rosas hay ahí. No lo pensé. Fui hacia el rosal y arranqué una, oí unos golpes en el cristal de la ventana que custodiaba la planta, quizá algún grito, me pinché un dedo y ella me lo besó con ternura. Se acurrucó en mi cuerpo y me dejó que respirara el aroma de las dos durante el resto de la noche. Así que esperaba, tonto de mí, encontrarla también allí. Esperaba, infeliz de mí, que el mismo sentimiento ñoño e infantil, casi peliculero, anidara también en ella. Veinte años después. Pero está claro que no hay dos personas que sientan lo mismo y hagan lo mismo más que en los tangos y en el celuloide.
He recorrido las calles del antaño pequeño pueblo pesquero gallego y no he reconocido absolutamente nada ni a nadie. La calle central, el Principal, la Escuela… han desaparecido gracias al urbanismo que todo lo puede. He caminado por las mismas calles que pisé hace ese lapso de tiempo y no he visto nada familiar. Nada, excepto un bar. Y una terraza. La pequeña terraza donde, aún hoy, unas plantas, creo que geranios,  se esfuerzan por crecer. He reconocido la ventana desde la que me increpó por robar una rosa para aquella chica. Me he quedado mirando, y he visto cómo la sombra de dos adolescentes pasaba por delante de mí y se difuminaba y se perdía en el tiempo. Así que he mirado a mi mujer, he mirado a mis recuerdos y le he dicho que la quiero.

He cerrado una puerta, por fin, después de veinte años. Que puede que sí, que no sean nada. Pero cómo duele el ver que ni los rosales son eternos.
Fulgen García



18 de julio de 2011

¿descosido?


o puede que...

... desatado
rajado
quebrado
cortado
separado
partido
estropeado
fracturado
averiado
segmentado
desbaratado
troceado
deteriorado
despegado
fragmentado
tronchado
fraccionado
dividido
desintegrado
escacharrado...



... a veces algo se nos descose e intentamos zurcirlo, pero cuando lo hemos remendado varias veces y sus dos lados se empeñan en no quedar unidos, nos da por pensar que no se ha descosido, sino que se nos ha roto.

Pero ¿y si lo que ocurre es que con cada punzada lo dañamos más porque no sabemos coser?





8 de julio de 2011

el mejor regalo del día


Llega el verano, y con él las vacaciones, de algunos, porque las mías este año han perdido el tren y parece que llegarán con bastante retraso.

Otros años, al llegar estos momentos, cogíamos a los peques y nos íbamos a disfrutar del merecido descanso anual. Lo curioso es que este año, aunque nosotros trabajemos aún, la princesita ya no tiene colegio, como debe ser, está agotada y necesita divertirse.

El único problema es compaginar las horas de trabajo con las de cuidar una niña de cuatro años. Nada que no tenga solución. Una vez apuntada la niña a un campamento urbano parece que la cosa funciona.

Pero al cuarto día de asistir a sus quehaceres veraniegos y deportivos el problema surge de nuevo: "mami, mañana no quiero ir al campamento" "¿por qué mi niña?" "porque me aburro todo el tiempo". Esta simple frase se presenta a las tantas de la noche, que no puede dormirse, que me la he llevado a mi cama mientras leo hasta que se duerma y viene acompañada de un abrazo eterno y unas cuantas caricias en mi pelo. 

Una no es de piedra.

Analizo la situación: el campamento deportivo parece estar orientado a niños más mayorcitos, porque a nuestros pequeñines eso de tenerles en filas esperando turno para dar a una pelotita con la raqueta no parece hacerles mucha gracia. Por otro lado tiene miedo de nadar sin flotador y no se baña en la hora de piscina. Además, echa de menos los ratos de juegos con los papis y los mimos que los acompañan.

Por otro lado más... yo también echo mucho de menos los juegos con ella y los mimos que los acompañan.

Y esto va sonando a demasiados "menos".

Me da un ataque de necesidad, de mucha necesidad.

Cierro el libro, quito el despertador, apago la luz y me tumbo al lado de mi bichejo. Acercándola a mí y abrazándola con todas mis fuerzas le digo: "duerme tranquila que mañana te quedas en casa".

El roce de su manita en mi mejilla y el sonido de ese "gracias mami" son, con diferencia, el mejor regalo del día.





5 de julio de 2011

fulgencismo mágico  
Nota 2:    

Qué calor.  

Pienso que hace un año estaba sentado en la playa de Roquetas, en Almería, en plena contemplación de señoritas que eran profesionales de la siesta al sol y de barcos que caían repletos de personas por el horizonte. Pienso que me quemé en menos de una hora la mayor parte de la piel del cuerpo, y que tuve ampollas más de una semana, y mareos. Pienso que estaba tan bien de vacaciones. Y pienso ahora en ella como si fuera ayer, como si fuera mañana. 
Me acerqué tímido y retraído. No pude mirarla de frente, tal fue la explosión de luz que me cegó. Refulgía el diseño que la envolvía con naturalidad y gracia y que marcaba las suaves curvas de su perfil perfecto sin presionarlas, sin rozarlas siquiera. Sonreía a todos, pero creí ver un guiño de complicidad carnosa hacia mí. Creí ver una mirada furtiva que buscaba a algún incauto, a algún infeliz que cayera en sus garras para destrozarlo. Debía ser yo, porque me lancé como nunca después he vuelto a hacer con ninguna otra. La tomé en mis brazos sin que opusiera resistencia. La sentí liviana y fría y fácil y accesible. Y me dejó hacer. La llevé a una esquina, fuera de la mirada de tantos curiosos impertinentes y la abracé. Sonreí como un adolescente después de conseguir su primer beso en los labios. Noté cómo se derretía en mi boca.
Y dejé caer su cremoso sabor por mi lengua hacia mi garganta. Y su sabor me llenó como nunca antes otro lo había hecho. Arqueé la cabeza hacia atrás y entorné los ojos. La punta de mi lengua rozó la gota que acariciaba su piel hacia ninguna parte. Me llené de su aroma complejo y juvenil, casi infantil.
Mi primera tarrina de helado de aquel verano infernal…
Fulgen García


30 de junio de 2011

desvirtualización


Quién hace años iba a decirme que haría amigos a través de la pantalla del ordenador.

Mi familia y amistades reales lo ven, como poco, raro.

Pero realmente no es tan complicado. Hace décadas manteníamos amistades por carta y a nadie le extrañaba. Yo era de las que me escribía con bastantes amigos del cole, de las vacaciones, incluso enviaba postales a los abuelos en verano.

Ahora he descubierto que puedo, no sólo mantener amistades por escrito, sino hacerlas nuevas.

Es sorprendente como a través de un medio tan, aparentemente frío, puede una darse cuenta de con quién congenia y con quién no.

Cómo en medio de tantas caras desconocidas somos capaces de tropezar con caras que acabarán resultándonos tan familiares.

Y cuando encontramos un grupo en el que nos escribimos con personas de diferentes lugares, incluso allende los mares, somos capaces de crear lazos amistosos que nos permiten conocer historias curiosas y mantener tertulias eternas.

Y a veces, como nos ha pasado a dos de mis nuevos amigos y a mí, tenemos la posibilidad de “desvirtualizarnos” y comprobar que en 3D seguimos conectando igual o mejor.

Encantada de haberos conocido.




26 de junio de 2011

vuelve



Se fue hace nueve meses, pero dijo que volvería.

Durante su ausencia he sentido en mi piel el frío, el viento, la nieve, la lluvia.

Ha sido larga la espera. Muy larga. Se ha hecho de rogar.

Pero finalmente ha hecho su aparición.

Y ahora, sintiendo su calor, ahogándome en su presencia, casi estoy deseando que pasen cuanto antes los próximos tres meses.

20 de junio de 2011

fulgencismo mágico  

Nota 1:  
Hoy tocaba madrugar y aprovechar el buen día para andar un rato por el monte. Vía verde, la antigua línea de ferrocarril Murcia – Calasparra, hoy convertida en paseo rural. Así que me he calzado mis zapatos de andar (muy importante, tener zapatos para andar y zapatos de bonito que se diferencien bien), y he comenzado a hacer el camino. Durante los primeros kilómetros he notado algo que me seguía, no sabría decir el qué. Pero al llegar al túnel, lo he visto. El viejo mercancías que, a mediados del siglo pasado, conectaba todas las ciudades conserveras. He visto su locomotora de vapor, sus vagones de madera, he olido el óxido de hierro chillando por los frenos que intentan detener la mole. Los he oído gritar, presas del pánico, a los animales y a algunas personas. He visto cómo se estrellaba en el túnel de La Ribera. Me he tirado al suelo para evitar que me arrastre un vagón y, en cuanto he podido, he intentado sacar a la gente de los vagones. He chillado con el pequeño que se me ha agarrado al cuello y he notado cómo se mezclaba mi sangre con el sudor y con su llanto y el hollín y…
Una voz me ha sobresaltado. “Eh, tú”, me ha dicho. “Por la derecha o por la izquierda, deja sitio para las bicis”. Miro hacia atrás y hacia adelante. El túnel es fresco, oscuro y está vacío. Solo el pequeño pelotón, y yo.
Pero yo sé que he salvado a ese pequeño, porque mi mano derecha está llena de hollín.
         Fulgen García 





16 de junio de 2011

vacío








Siento el vacío.

Se expande en mi interior arrasando todo resto de esperanza a su paso. Tan poco a poco que apenas se percibe, pero tan persistentemente que su huella se clava cada vez más profundo en mis entrañas.


Siento el rencor.

Se posa sobre mi piel y la impregna de su olor hasta las capas más profundas. Oscurece mi entorno y lo llena de miedo.



Siento el desprecio.

Me ataca con fuerza en forma de palabras que hieren mi maltrecho ser. Revuelve mi mente avivando sentimientos de culpabilidad. 


Siento la ausencia.

La siento tanto que su presencia me aprisiona, me impide respirar. Me ahoga por momentos. Invade mi organismo, sin descanso, sin tregua.


Siento la vida.

Empuja. Aparta. Se abre paso. Se instala de nuevo en mi ser ayer muerto. Pero no consigue colmarlo. No lo logra. Ese espacio en lo más profundo se ha vuelto estanco. Allí nunca volverá a entrar. 



8 de junio de 2011

un escudo de gotas de chocolate







"En Monterrey asesinan a la luz del día a cinco personas, cerca de un colegio, sin más miramientos que el no errar el tiro. Una maestra protege con su cuerpo la inocencia, el oído y la vista de sus niños."

Noticias como ésta nos dejan el cuerpo paralizado y la mente encendida. Y aunque podríamos pensar que la maestra sólo hace su trabajo, o que cualquiera de nosotros hubiera hecho lo mismo e incluso que la maestra está casi más pendiente de grabarlo todo que de otra cosa, lo que a mí realmente me impacta es ver tan de cerca la frontera entre la violencia y el amor (y en el fondo tan lejana). 

Noticias como esta hacen que dejemos de pensar en nosotros. Y nos permiten, por lo menos a mí, sacar afuera pensamientos encontrados que buscan salida y que hoy dejo por escrito.





contra el mundo de la drogadicción - educación sólida y en valores

frente a la guerra - el amor

ante el nerviosismo - la sangre fría

para acallar la violencia - la música

ante el miedo - el consuelo de una maestra

por encima de los asesinos - la inocencia de los niños

para parar los disparos - cultura, respeto, solidaridad





                     

3 de junio de 2011

fulgencismo mágico  
Nota 0:  
Si me lo dejas y me dices lo que quieres te lo hago. O lo intento. 
Leo la sentencia una vez más. Si me lo dejas... Claro que sí. Te lo dejo. Todo. Me abalanzo sobre tu cuerpo buscando las curvas que adivino en la ropa. Tu sonrisa, tu cuello, tu cuerpo me habla el único lenguaje que entiendo. Y me dices lo que quieres. Sabes lo que quiero. A ti. Que te estremezcas en mis brazos. O lo intento. Inténtalo conmigo de nuevo. Abrázame. Déjame desnudar tu cuerpo, que tu alma vendrá luego...
Abro los ojos. Mi compañera de trabajo me pide el ordenador, que el suyo está roto. Miro alrededor mío: sólo la atónita mirada de varios pares de ojos me hace recuperar el sentido de la realidad. La frase suena en mi memoria. Si me dices qué necesitas de programas, te los paso. O si no, me dejas el ordenador, me dices lo que quieres y te lo hago. Maldita imaginación de miércoles mañana.
Fulgen García

mi blog: pensamientos, palabras, ¿obras?   


2 de junio de 2011

¿una ayudita?


En unos pocos días mi pequeño blog va a dar un estironcito. ¿Por qué estoy tan segura? Pues porque va a recibir a su primer colaborador, y eso le va a hacer crecer.

Como ya dije en su día, un blog necesita muchos mimos y cuidados, y yo por supuesto se los doy. Pero es cierto que a veces no puedo dedicarle toda la atención que debería, y por eso he decidido pedir ayuda.

Mi querido amigo y escritor Fulgen García, ha venido corriendo a auxiliarme y me ha ofrecido su colaboración, permitiéndome contar con parte de su obra para alimentar a mi blog.

¿Qué puedo decir de los cuentos de Fulgen? Pues que tienen un estilo personal en los que utiliza diversidad de géneros, tratando desde los asuntos más mundanos hasta los más líricos y por supuesto su especialidad, la ficción novelada. Podemos encontrarnos en ellos sus vivencias personales pasadas por la túrmix, que se convierten en relatos basados en hechos reales pero surrealistas, o también cuentos que hablan de irrealidades verosímiles y paralelas.

Pero para este espacio va a regalarnos sus notas de fulgencismo mágico, es decir, micro retazos de realidad que nacen de una situación común, que da lugar a reflexiones o ideas que rara vez tienen que ver con la realidad.

Serán pequeñas aportaciones que, de forma periódica, enriquecerán el contenido del blog “por capricho”, otorgándole más vida y haciéndolo más variado.

Está al caer, y espero que os llegue tanto como a mí.

29 de mayo de 2011

de vuelta


De vez en cuando se nos presenta en esta - a veces monótona - vida, la oportunidad de sacar los pies del tiesto y comprobar que aún seguimos encontrando motivos, y más de uno, para reír con ganas. Desparramar.

¿Quién no ha sentido alguna vez esa envidia sana que se apodera de nosotros al ver a nuestros retoños (o los de otros, para el que no los tenga) disfrutando de lo lindo en un parque de bolas?

¿Quién no ha pensado en ese momento qué es una lástima que en nuestros tiempos no existiesen estos lugares de desahogo?

¿Quién no ha deseado subirse a lo más alto y dejarse colgar, cual mono en la selva?

¿Quién no ha deseado quitarse unos años de encima y perderse en esos laberintos intentando descubrir hasta el último rincón?

Pues ayer mi queridísima amiga RU decidió celebrar su recién estrenada treintena de una forma muy original.

Sí, exactamente, nos llevó al País de las Maravillas. Una piscina de bolas gigante que durante el día hace las delicias de nuestros hijos, pero que los sábados a partir de las diez se transforma de arriba abajo y acoge a maduritos necesitados de una inyección de niñez en vena.

Para sentirnos más en la onda decidimos vestirnos acorde con la edad que íbamos a representar, lo cual nos permitió meternos de lleno en el papel.

Hay que decir que los que nos acercamos a los cuarenta demostramos con creces que hemos perdido la vergüenza mucho más que esos jóvenes que nos acompañaban y que apenas rozaban la treintena, que nos miraban alucinados mientras dábamos saltos desenfrenados.

El evento comenzaba con una cena tipo cocktail, seguida de canciones tipo cantajuegos, seguidas de juegos por equipos, muy bien organizados y guiados por nuestros queridos Matías y Mariano, que incluían saltos en las camas elásticas. Seguidos de un rato inolvidable en el laberinto de colores, toboganes y bolas del cual, comprendiendo ahora a nuestros hijos, no queríamos salir ni a tirones. Terminamos con un karaoke y actuaciones con toques picantes en las cuales los protagonistas éramos nosotros mismos.

El resultado: diversión a raudales y desinhibición desbordada.

Y por cierto.

Os recomiendo probarlo por lo menos una vez en la vida.

11 de mayo de 2011

tan simple








Ser yo misma no es una opción, es la opción.







(mi memoria no me permite recordar dónde leí algo parecido, que ahora me aplico)

3 de mayo de 2011

un abrazo


Esta mañana mi amigo Rino se levantó un poco plof. Bueno bastante plof.

Después de conversar un buen rato sobre el tremendo problema que le trae de cabeza, ha llegado a la conclusión de que lo que necesitaba era llorar un poco para desahogarse.

Le he ofrecido un abrazo, creo que lo necesitaba sí o sí. Me ha dicho que vale, que creía que era lo que mejor le venía en ese momento.

Así que allá que me he ido.

Me he acercado a su mesa de trabajo y le he dicho:

“Pues entonces tendrás que ponerte de pie, porque si te quedas en la silla y para abrazarte me siento en tus rodillas habrá más de uno que piense mal. Te lo digo yo, ¡que la gente es muy mal pensada y muy chismosa!

Ale, ponte de pie... veeeen, no seas tímido.

¿No ves que te estoy tendiendo los brazos? ¿No ves que te llaman?

Vaaaale, muy bien. Por lo menos ya te has levantado.

Pero sonríe un poco hombre, que ahora cuando te abrace ya tendrás tiempo de dejar que la cara ponga esos gestos raros de cuando te emocionas y dejas salir todo fuera.

Anda, ven, dame la mano.

Ahora, mientras te rodeo con mis brazos y te aprieto fuerte, tú me abarcas a mí y te imaginas que soy un cojincito anti-estrés. ¿Ves? Muy bien.

Pues venga, ahora aprieta, que yo ya te estoy espachurrando. Fueeeerte, ¡que no me rompo! Que parezco frágil pero en el fondo soy muy fuerte.

¡Dale ahí!

Eeeeso, muy bien. Y ahora que estamos apretaditos y sintiendo el calor y el cariño y el placer de sentirnos queridos y entendidos....

… llora, veeenga, llora mucho, ¡pero muuucho, muuuuuchoooo!


Casi mejor que nos vayamos al almacén o al baño y terminamos el abrazo allí ¿no? en la intimidad. Es que empiezan a mirarnos raro y no es plan.


Rino...


Rino...


Riiinoo!!!!

Chico, me pasaría así toda la mañana, pero te van a mirar casi peor que si me siento en tus rodillas...

... ¿y? ¡que les den! que me voy a quedar colgando de tu cuello para que no se te olvide que puedes contar conmigo.

¿Peso mucho??? “

Y él me ha contestado:

“Eres liviana...

… pero si te quedas colgando de mi cuello y me voy al archivo contigo, igual llaman a antidistrubios asustados.

Pero gracias. Me he quedado relajado. Y con ánimos.

Gracias.

Por cierto, perdona si te he tocado el culo mientras te abrazaba. Uno es como es, no como nos gustaría que fuera... “

- ¡jajajajajaja!!! - le dije.

Y tras este abrazo de oso, hemos seguido cada uno con nuestro trabajo y en nuestra ciudad.

Es lo que tiene la amistad virtual.

28 de abril de 2011

su capacidad














La vida tiene la capacidad, la enorme capacidad, de seguir sorprendiéndome.

Cuando pienso que ya nada puede sorprenderme,

cuando creo que ya conozco todo,

cuando simplemente me parece que un día más es más de lo mismo...

... llega ella y gira sobre sí misma, se retuerce, se trastoca y aparece convertida en la misma vida pero diferente.

Sí, esa es su gran capacidad.

Ser de nuevo diferente.

12 de abril de 2011

musas III


Nuevamente me encuentro ante el ordenador con ganas de volver a escribir pero con esa sensación de no tener nada que contar.

Nuevamente me aborda la idea de que es absurdo sentarme a escribir si no tengo algo que decir, si me faltan experiencias.

Nuevamente me contesto que casi siempre que he escrito algo que me ha gustado ha sido cuando no sabía por dónde empezar, y que merece la pena intentarlo un ratillo.

Nuevamente me quedo sentada y escribo.

El bucle se repite, una y otra vez durante las últimas semanas, incluso meses.

Las musas se han tomado vacaciones y, aunque es verdad que no las espero sentada y trabajando tan a menudo como debería, lo cierto es que ya me va haciendo falta su visita.

De vez en cuando una pequeña anécdota se cruza en mi camino y me deja deslizar los dedos por el teclado dando algo de sentido al texto que va apareciendo. Pero son tan escasas las ocasiones, que mi pobre blog pasa hambre. Mucha hambre.

Hoy de nuevo me han dado ganas de buscar alguna lectura que me haya llenado en el pasado y copiar y pegar para compartirla con mi pequeño blog.

Hoy de nuevo he querido escribir la historia de una oveja amiga mía y dejarla aquí para él y para quien quiera leerla.

Pero hoy no está ocurriendo como en anteriores ocasiones.

Otras veces al sentarme a escribir sobre la ausencia de musas me he encontrado con que, antes de darme cuenta, había escrito algo relativamente legible, que podía publicarse y podía aplazar el copia-pega para más adelante.

Esta vez no me está pasando igual.

Esta vez veo las letras. Salen una tras otra en la pantalla del ordenador. Se van colocando ordenadamente formando una serie de palabras que, posiblemente cuando termine de escribir y las lea tengan sentido de forma individual, pero que lo más probable es que estén absolutamente faltas de sentido integradas en una frase.

Esta vez estaba pareciendo que finalmente iba a ser necesario un texto ajeno.

Pero esta vez, una vez más, mi pequeña criatura está cenando letras mías, aunque no le gusten.

Porque en esta casa se come de todo.

Y sin hacer ascos.

6 de abril de 2011

supermegatrendi


Me encontraba en la sala de espera del hospital, esperando a que me avisasen para realizarme una extirpación d. cutánea (bueno eso al menos parecía que ponía en el volante, pero vamos, que me iban a quitar un lunarcito de la espalda)

El caso es que la señora del sofá de al lado, superperipuesta e hiperarreglada, se encontraba recolocando su bolso. Sacando cosméticos de un lado, metiéndolos en una bolsita, sacando tickets de un bolsillo, y poniéndolos en otro. Y venga a sacar papelitos, y venga a estirarlos, y al final, al cuarto de hora, los recoge todos con una gomita y los guarda en otra bolsita hipermegafisna.

Cuando ya lo tenía todo colocadito y el bolso apoyado en un costado, hace aparición una chica que, por la forma de hablarla, debía ser la hija.

No me ha sorprendido que al ponerse a hablar sus voces y tonos sonasen pijos no, lo siguiente. Y tras las preguntas y comentarios de rigor del tipo: “qué rápido ¿no?” “sí, nada, muy poquito” “¿te ha dolido?” “no, qué va, sólo los pinchazos de la anestesia” “bla bla, bla bla…” va y suelta la madre extendiéndole el bolso antes citado a la hija: “mira, te he estado colocando todo, porque tenías eso de papeles…, y te he metido los maquillajes en la bolsita verde, es que anda que no llevas cosas, y cuidado lo que pesa” “ya, es que hoy he metido más cosas para maquillarme ahora” “bla bla, bla bla…”

A mí se me ha caído la mandíbula al enterarme de que el bolso no era propiedad de esa señora que lo había estado organizando. Yo adoro a mi madre, pero vamos que si vuelvo del quirófano y me encuentro que me ha sacado hasta el último pañuelo del bolso y me lo ha colocado a su gusto, no sé que haría con ella.

El caso es que la hija hipermegapija saca un brillo de labios y un colorete con espejito y se pone a retocarse, y la madre: “ese tono de rosa no es el que llevas puesto, que es más tostado” “no, el que uso es de marca, éste que es el que me regaló Angelita, pero no me gusta el tono” “pues se llevan ahora los rosas ¿no?” “bla bla, bla bla…”

Y saca una especie de bolígrafo, que luego he descubierto que era un iluminador, y se lo empieza a poner bajo el ojo, y a extenderlo con el dedo, diciendo: “se me está acabando. Éste es de Mercadona, pero no es tan bueno como el que me regalaste” “claro, sólo hay que mirar los precios” dice megaconvencida la mamá.

Y en eso estaba yo entretenida cuando me llama la enfermera. Le acompaño por el pasillo y cuando me cede el paso para entrar al quirófano me mira y me suelta: “antes una paciente me ha dejado fuera de juego. Pues ¿no va y me dice que llevo un flequillo muy trendi???”

Me fijo en el flequillo de la muchacha, a media frente, tal cual el mío, y le digo: “si lo llevas igual que yo” “sí, lo mío ha sido un arrebato de esta semana y me lo he cortado yo misma” “pues lo mío ha sido un arrebato de los últimos meses. Pero, y ¿qué significa trendi?” le digo, “pues eso mismo le he preguntado yo. Y va y me dice que es muy estilo Pin Up” “ah, vale” digo yo. Y ella riendo me dice “que lo sepas, que llevamos un flequillo muy estilo Pin Up”

“¿Era una rubia que acaba de salir?” “sí”

“No me digas más…”

28 de marzo de 2011

energía alternativa

Existe una teoría.

Cuando se origina suficiente excitación entre dos personas, y se consigue mantener en el tiempo, es posible llegar a generar energía. Sí, sí, energía de la que mueve cosas y hace que el mundo funcione. Se trata de la energía más barata y al mismo tiempo agradable que ha existido a lo largo de todos los tiempos.

Lo complicado es encontrar la forma de almacenarla y conservarla para hacerla útil.

Imaginemos por un momento dos personas. Dos seres que no se conocen. El único nexo de unión entre las dos es un laboratorio experimental que está investigando la forma de absorber, almacenar y transportar esa supuesta energía que producimos los humanos en determinadas circunstancias.

Ella es amiga de la directora de la investigación. En un principio, cuando se lo proponen duda. Al fin y al cabo estando casada le resulta un poco extraña la situación. Pero le insisten en que siempre mantendrán la máxima discreción y además le viene bien el dinero ahora que está en paro.

Él se ha ofrecido voluntario porque tiene mucho tiempo libre y le gusta colaborar con la ciencia. El único inconveniente que le encuentra es tener que desplazarse a Sevilla, pero lo ha hablado con su pareja y han decidido que tras la corta separación se tomarán juntos unas vacaciones para recuperar el tiempo.

Les han puesto en contacto entre ellos solamente a través de un correo electrónico. El conocimiento previo forma parte de la investigación, es de esperar que la energía fluya más fácilmente si han dialogado anteriormente.

Pasan un mes escribiéndose.

Se cuentan, se preguntan, indagan, se describen, se imaginan.

Surge entre ellos un buen entendimiento y descubren que se pueden llevar bien. Parece que todo está definitivamente en marcha.

Una mañana les llega el tan esperado aviso. La sala está lista y el tiempo de relación a distancia es suficiente. Ha llegado el momento de tomar contacto.

Él coge el AVE a Sevilla. Ella vive allí, por lo que sólo necesita preparar la ropa para tres días, el tiempo que durará el experimento.

La directora les espera en la entrada. Les acompaña a sus respectivas habitaciones y les explica en qué consistirá la prueba.

Al cabo de una hora, después de descansar y una vez que cada uno se ha arreglado como considera oportuno, pasan a la sala común a la que se accede desde las dos habitaciones.

Él entra primero. Mira a su alrededor con tranquilidad. La luz es bastante tenue y la habitación está tibia. Recorre la sala con la mirada viendo el sofá, la mesa con dos sillas, el mueble con libros y los altavoces colgados del techo. Se escucha una música suave, ni muy lenta ni muy rápida, agradable. Camina hacia el centro de la estancia y se sienta en una silla, apoyando los brazos en la mesa. Parece cómoda, así que se siente a gusto.

Ella entra en segundo lugar. Cuando le ve se pone un poco nerviosa y no sabe muy bien qué hacer, pero en seguida se acerca a la mesa para saludarle.

Él se levanta sonriendo y extiende el brazo hacia ella para indicarla que se acerque tranquila. Ella sonríe a su vez y se siente un poco más cómoda.
Se dan dos besos y se miran sonrientes, nerviosos, atentos, intentando asimilar la primera visión de quien hasta este momento había sido únicamente una imagen figurada.

Toman asiento uno frente al otro. Ella cruza los brazos sobre su pecho y él junta sus manos encima de la mesa cruzando los dedos, moviendo los pulgares en círculos.

Se miran en silencio, y poco a poco dejan de mirarse para empezar a contemplarse. A medida que se observan se van sintiendo más distendidos.

Ella sonríe, cada vez más, le hace gracia la situación, y no puede evitar soltar una carcajada. Él ríe también y la tranquilidad parece instaurarse del todo entre ellos.

Saben que no deben hablar, es una de las instrucciones que acaban de recibir. Les cuesta mucho mantener el silencio ¡tienen tanto de que hablar! Hasta hoy lo único que habían hecho era conversar y ahora lo único que pueden hacer es mirarse. De momento.

Ella, por su naturaleza femenina, necesita más. Así que pasa de sólo fijarse a curiosear. Le da un poco de apuro, pero una vez decidida no vuelve sobre sus pasos. Alarga la mano y la pone sobre la de él.

Él ve acercarse la mano con lentitud, pero aun así se sobresalta, deja de sonreír, y se queda inmóvil, presenciando lo que es un primer contacto, como poco, extraño.

Al principio ella deja su mano quieta, liviana, sólo rozando ligeramente la de él. Pero poco a poco va moviendo los dedos sobre esa mano inmóvil.

Los dedos son largos, finos, comparables a los de un pianista. Las uñas cuidadas. La piel es suave, muy suave. Y transmite calor.

Empieza a acariciar con la yema del dedo índice su dedo corazón, desde la uña hasta el dorso de la mano y del dorso hasta la muñeca. Suave, despacio, de arriba abajo.

Un escalofrío de placer recorre la espalda de él. Suspira.

Los dos miran la escena como si no hubiese nada más en el mundo que esas dos manos rozándose, conociéndose.

Entonces levantan la mirada y sus ojos se encuentran de nuevo. Pero ahora es diferente. Ahora no se ven, no se miran, no se observan, simplemente se hallan, se notan, se sienten, se entienden. Ahora poco a poco se llenan el uno del otro.

Él vuelve su mano y sus palmas quedan enfrentadas. Nota la humedad en la mano de ella, los nervios les hacen sudar.

Se rozan las palmas con los dedos, muy suavemente, muy despacio, alargando cada movimiento, recreando cada sensación. Se miran, se recorren las manos, sus ojos no se rinden, siguen mirando fijamente, se rozan los laterales de los dedos, sienten como se eriza el vello de todo su cuerpo.

Sus ojos empiezan a sentir calor, un calor excitante que se contagia a las mejillas. Las manos continúan descubriéndose, acariciándose insistentemente, no pueden dejar de hacerlo. Primero fue un impulso, luego un placer, ahora es una necesidad.

Necesidad de seguir sintiendo caricias, experimentando placer. Necesidad de notar como la piel de la espalda siente la ropa sobre ella y desearía que el roce no fuese de un tejido sino de otra piel. Necesidad de sentir la piel de los muslos estremecerse. Necesidad de notar como ese calor de la cara se propaga por todo su cuerpo, colmándolo de pasión.

Pero saben que no pueden pasar de ahí, las instrucciones son claras: como mucho pueden tocarse las manos.

Se contienen. Reprimen el ansia de acariciarse la cara, de levantarse y abrazarse. Y dedican toda su atención a lo único que les está permitido.

Y se atraviesan con la mirada mientras sus dedos continúan indagando, escudriñando cada rincón de esas manos fascinantes, de esos dedos capaces de regalar tanto deleite.

Su respiración se vuelve entrecortada y les falta el aliento. No existe nada a su alrededor, el mundo ha desaparecido.

Sólo hay placer.

Y ahora ya no querrían que les dejasen pasar de ahí. Ahora no pueden ni imaginar que les ordenasen hacer otra cosa que no fuese permanecer así, rozándose apenas. Ahora sólo son ellos, sólo su tacto, sólo sus ojos y su placer. Ese inmenso placer que ocupa tanto que parece que no van a poder soportar más.

La sensación en su interior es casi dolorosa, pero la soportan.

Pasado un tiempo indefinido que para ellos ha sido infinito, él siente que el placer se le empieza a escapar, que no cabe en su cuerpo y necesita salir.

En ese momento siente un impulso. Decide no frenar el capricho de estrechar el cuerpo de ella contra el suyo.

Sin soltar su mano se levanta, rodea la mesa y tira ligeramente de ella acercándola a su cuerpo.

Se miran. Sonríen. Saben que están incumpliendo las normas.

Se abrazan.

Ahora el placer casi desgarrador, que se estaba convirtiendo en desasosiego, se transforma en gozo, en consuelo. Se sienten felices y calmados.

De pronto se abre la puerta de la sala y entra la directora.

Ellos no se separan, no pueden. Saben que el experimento ha fracasado y tendrán que irse a casa. Pero sonríen con los ojos cerrados. Ahora nada les importa.

La directora sonríe a su vez. Les toca en el hombro y le informa que el ensayo ha sido un éxito. Que en contra de todas las predicciones, no es necesario más tiempo ni más fases. Que la energía canalizada por sus cuerpos era tanta que no había cabido en los depósitos.

Que ellos son los padres de la energía del futuro.





Uff! ... y este es mi primer relato.