18 de enero de 2011

¿musas?

He oído hablar de las musas desde que tengo uso de razón.

Había oído que los pintores realizan sus mejores obras de arte cuando están presentes.

Que los músicos componen sus más bellas melodías acompañados por ellas.

Que los escritores se sienten inspirados ante su aparición y que si no las encuentran se ven faltos de idea, de temas que abordar, de fluidez en sus palabras.

Había oído mucho sobre ellas, pero nunca pensé que fuera a encontrarme buscando una.



Lo cierto es que nunca me he considerado una persona de grandes ideas, profundas conversaciones y amplio conocimiento, pero cuando empecé a escribir aquí parecía que las palabras querían fluir, que mi mente tenía deseos de expresar por escrito lo que le rondaba y que lo conseguía de una forma más o menos decente.

Ahora compruebo que debió ser la suerte del principiante.

Fue eso, o que me visitó una musa que ha decidido abandonarme de un día para otro.

Si me inclino por la primera opción puedo decir, no sin un poco de pena, que me siento orgullosa de haber llegado hasta aquí y decidir retirarme a tiempo de este mundo de las letras. 
Es algo que me gusta pero que por suerte no necesito para alimentar a mi familia. Si no sale más tampoco hay que insistir.

Si me decido por creer en la segunda opción puedo tomar dos caminos.

El primero sería asumir que la musa me vio, me acompañó por un tiempo, me estudió y comprobó que no merecía la pena perder el tiempo conmigo. Es igualmente grato haber podido disfrutar de ella durante este tiempo.

El segundo camino sería pensar que no existe una única musa a lo largo de toda la vida. Que van y vienen por el mundo y que nosotros tenemos que aprovechar los momentos que nos dedican para desarrollar nuestra intuición, nuestra fantasía e intentar crear entonces lo que podamos.

Ahora bien, si me inclino por esta opción, si apuesto por la idea de que volverá a inspirarme una musa… ¿qué tengo que hacer?

¿Tengo que esperar a que la musa venga a mí?

¿Tengo que ir yo a buscarla?

¿Será la misma musa la que volverá algún día?

¿Encontraré una nueva musa que me dedique su tiempo?

¿Es posible encontrar una musa para siempre?

¿Qué aspecto tienen?

¿Tienen aspecto?

¿Existen los musos?

¿Requieren cuidados especiales? 

¿Cómo sabré que he encontrado la musa adecuada?

La verdad, no creo que nadie pueda responder con certeza a mis preguntas, pero a mí me sirven para estimular mis ganas de buscar.

Las ganas de indagar en los rincones más recónditos de mi alma para averiguar qué busco en realidad, qué quiero, qué me atrae y qué me empuja hacia atrás en esto de la escritura.

Las ganas de aprender, las ganas de dejarme enseñar y de compartir mis pequeños adelantos.

Y, una vez analizadas las alternativas, pienso que la opción que más me “inspira” es la última, la más activa, la más atractiva, la más divertida y estimulante.

La de no rendirme. 

2 de enero de 2011

adiós 2010

Aviso a navegantes:

Puede que seas ese amigo que siente arcadas cuando lo que escribo se llena de notas cursis; o aquel que deja de leer si atisba un mínimo indicio de poder soltar una lágrima; o ese familiar que se traga todo lo que sea simplemente porque lo he escrito yo.

Seas quien seas (si estás leyendo esto seguramente serás familia, amigo o al menos conocido) espero que te encuentres a ti mismo en alguna línea de este artículo. Si no es así, por favor dímelo, mi cabeza suele jugarme malas pasadas.

Bueno, a lo que iba.














Es curioso como el año pasado ha conseguido generar tanta manía y malestar en la mayoría de personas. Ha sido raro el día del mes de diciembre en que no escuchase a alguien decir frases como: “esperemos que el 2011 sea mejor” o “a ver cuándo termina el 2010” o “peor que éste no podrá ser”.

No me encuentro entre esas personas, ¡por suerte!

El siglo pasado fue el siglo de mi infancia, feliz. Fue el siglo de mi adolescencia, feliz. El siglo de mi juventud, feliz.

La década pasada fue la década del comienzo de mi madurez.

Fue la década en la que decidí incluir en la aventura de la vida a un maravilloso compañero de viaje (incluyendo también a “su circunstancia” y su estupenda familia).

Fue la década que consiguió darle un poco de estabilidad a mis proyectos.

La década en la que escogí mi vivienda y descubrí que lo mejor de ésta son sus increíbles y acogedores vecinos.

Pero sobre todo fue la década en la que recibí, tras mucho pedirlo, el mejor regalo de mi vida, que venía sin envoltorio y rebosando mucha más vida.

Después vino el año pasado.

Fue el año en que terminé de descubrir que la vida sigue, a pesar de los baches.

Fue el año en que conocí Brujas, Bruselas, Toulouse y Carcassonne con los mejores compañeros de viaje que se puede pedir. Que me llevó de nuevo a mis amados Picos de Europa.

El año que trajo de nuevo a mi vida a personas que formaron parte de ella hace ya veinte años. A unas consiguió traerlas físicamente, a otras sólo a través de la web, y para ver a otra tendré que recorrer 3698 Km. Pero la realidad es que han vuelto.

Fue el año en que, por primera vez, pisé un escenario y bailé sobre él acompañada de mujeres maravillosas.

El año en que descubrí que existen personas capaces de elevar autoestimas verdaderamente dañadas, y lo mejor de todo, mantenerlas en lo alto. El año en que, aunque esté mal decirlo y supongo que peor escribirlo, me hicieron darme cuenta de que valgo lo que valgo, mucho.

En el 2010 las amigas de siempre una vez más demostraron que son capaces de hacer frente a la mayor de las taras y estar ahí, incombustibles, corroborando que son las mejores.

El mismo año en que dos mujeres increíbles se volvieron mis Pepitos Grillos, comprendiendo y aceptando cosas incomprensibles y acompañándome en las decisiones más difíciles.

El año en que me he sorprendido haciendo nuevas amistades totalmente virtuales.

Ha sido un año en que he visto a familiares que quiero mucho pero que sólo veo cada varios años.

En 2010 tomó forma definitiva esa secta formada por niños, hermanos, padres y madres en la que me he visto integrada y de la que no quiero salir nunca, porque llenan mi día a día.

El año en que algunos amigos me demostraron que eran capaces de no tomar partido y apoyar a dos bandos a la vez. Y que descubrí que mi mejor amiga es ¿un hombre?

El año pasado mi ángel me confesó que soy tan importante para él que quiere seguir caminando a mi lado a pesar de todos mis defectos y de lo duro que sea el camino.

Fue el año en que mis padres, hermanos, sobrinos, suegra, cuñados e hijastro continuaron a mi lado, como siempre, llenando los pequeños, grandes, malos y buenos momentos.

Un año que trajo ilusión, nuevas sensaciones y experiencias a mi vida. Que me hizo darme cuenta de que estoy viva.

El año en que descubrí que escribiendo soy capaz de explicarme a mí misma lo que siento, lo que busco, lo que no quiero y lo que deseo.

El año pasado me dio por crear este blog por el hecho de crearlo, y después descubrí que para mí no hay mejor terapia que llenarlo de mí.

Fue cuando unas cuantas personas decidieron dejar comentarios en mi blog. Y yo os lo agradezco de corazón. Por cierto, si eres esa persona que no aguanta mis cursilerías, gracias por leer hasta aquí.

El año pasado mi vida quiso torcerse, pero no lo consiguió. Le gané la batalla, cogí de nuevo las riendas y decidí acabar ese estupendo 2010 acompañada de toda mi gente.

Gracias 2010.