23 de febrero de 2011

carta de amor


Hace años que tu presencia llena mi vida,

hace meses que te deseo, que mueves mi alma,

hace semanas no podía resistirme a tu empuje,

pero hace días que tu aliento no me roza.


Hace horas que te espero impaciente,

hace unos minutos me pareció sentir tu susurro a lo lejos,

y hace un segundo que vivo de nuevo,

que vuelvo a ver limpio el azul del cielo,

que respiro tu pureza.


Mis gigantes hermanos mueven los brazos al verte,

saludan a las nubes que mueves al pasar.


Y tú, juguetón, te deslizas sigiloso entre mis aspas,

Y yo, enamorado, convierto tus caricias en luz.





17 de febrero de 2011

frío



Hace poco una persona anónima me pidió en mi blog, que escribiese sobre el frío. Que contase lo que me evoca.

Supongo que lo hizo con la idea de ayudarme a recuperar esa inspiración que ando buscando.

Lo que este anónimo seguramente no se imaginaba era lo complicado que me lo estaba poniendo, porque a mí el frío me inspira más bien poco. Debe ser porque no me gusta demasiado sentirlo sobre mi cuerpo.


Me pedía que hablase del frío pero no necesariamente del invierno. Ummm, vale pero más difícil todavía, porque es la estación que nos acompaña y alejarla de mi mente sería ardua tarea.

Estaba yo intentando acoplar mis ideas para ver si era capaz de escribir algo, cuando me he dado cuenta de que mis manos están, frías no, heladas. Y al hacerme consciente de ello me molesta. Es una sensación desagradable. Si estoy tecleando no puedo meterlas debajo de mis muslos para calentarlas, por lo que la sensación continúa conmigo y no me gusta en absoluto.

¿Sería esta sensación sobre la que mi anónimo quería que escribiese? Sinceramente, me extraña. Algo tan físico, tan evidente no tiene interés alguno.

A mí me da más por pensar que hablaba de un frío diferente, algo no tan incómodo ni tan obvio. Pero ¿sobre qué frío puedo escribir?

Si bien es cierto que se puede sentir frío sin ser invierno, y más yo que soy más que friolera, también lo es que el frío que sentimos en otras estaciones es diferente al invernal.

El frío que sentimos por dentro en ocasiones, cuando la vida nos azota fuerte, es un frío arrasador del cual no puedes protegerte con un buen abrigo. Es un frío que te impregna completamente y que puede llegar a inmovilizarte. Es un frío que te nace de dentro, te llena de desasosiego y no quiere abandonarte. Es un frío profundo y áspero, que no cede, que amenaza con instalarse para siempre en lo más profundo de nuestro ser.

Pero fíjate que tampoco creo que se refiriese a ese tipo de frío. Sería removerme por dentro y, la verdad, no creo que se propusiese eso.

Recuerdo que pedía que intentase utilizar tres palabras concretas en mi descripción, y me estoy dando cuenta de que todavía no he sido capaz de colocar ninguna. Es más, ni siquiera he hecho intención.

Y aquí sigo, intentando averiguar qué me evoca el frío para después probar a escribirlo y a continuación ver si soy capaz de transmitirlo.

Difícil, muy difícil. Me lo ha puesto tan difícil como ver pasar una estrella fugaz dibujando nuestras esperanzas en el cielo.

Pero no me rindo.

Lo que sí sé a ciencia cierta sobre el frío es que igual que viene se va. Como cada año la golondrina. Viene, se instala cómodamente entre nosotros, hasta que llegamos a acostumbrarnos a su presencia. Y entonces, un buen día, decide marcharse a lugares más templados, a enfriarlos claro.

Y poco más me evoca el frío.

Salvo si acaso, el recuerdo de aquellos paseos por la playa, al atardecer, sintiendo el frescor de la arena fina deslizarse bajo mis pies descalzos. Evocar esa sensación sí es reconfortante, sí consigue trasladar mi mente y mis sentidos a otra dimensión.

Pero él me no habló de fresco.

Él me pidió frío.

8 de febrero de 2011

musas II


Trabajo, trabajo y más trabajo.

Parece ser que eso es lo que necesita un escritor para escribir. O por lo menos eso dicen ellos.

Ya, pero yo no soy escritora, ni mucho menos.

Yo tengo un blog. Un blog joven, casi un niño. Es más, casi un bebé comparado con otros.

Y como decía cuando lo traje al mundo, tengo que cuidarlo, alimentarlo, vestirlo y mimarlo tan a menudo como pueda.

Es como el que tiene una mascota de esas virtuales.

El blog requiere, como veis, de muchos cuidados y atención.

Y mi duda es ¿yo puedo ofrecérselos?

Pues me da la sensación que unos días sí, y otros no.

Y… ¿qué voy a hacer?

Pues unos días lo llevaré a la guardería de blogs y o dejaré allí para que me lo cuiden mientras trabajo.

Otros días lo llevaré al parque para que vea mundo, se airee y se relacione con otros blogitos.

Y otros lo cogeré entre mis brazos, lo arrimaré a mi pecho y le cantaré nanas hasta que se duerma plácidamente.

Lo colmaré de mimos, caricias, sonrisas y besos, muchos besos.

Y es todo lo que puedo hacer de momento por él, porque las musas, si existen, no andan por la zona.

Aunque os digo un secreto, tssss...


...  la creatividad es contagiosa.



4 de febrero de 2011

una y no más

Por propia y reciente experiencia sé que no es muy recomendable llevar a los niños a más de un médico el mismo día, o puede ocurriros lo mismo que a mí.

Jueves por la mañana.

Visita al hospital para que la niña pase una revisión en el otorrino. Le mira un oído con la luz, ahora el otro. Le ve una infección, e intenta aspirarle no sé qué con un artefacto que, según él, no duele pero que hace un ruido tal que a la niña casi le revienta el tímpano, con la consiguiente rabieta y negación y giros de cabeza a modo niña del exorcista y agarrado de los brazos del médico y patadas a la enfermera. Nada, hubo que dejarlo.

Por la tarde la llevas a otro hospital al oftalmólogo.

Primero le hacen jugar a las adivinanzas y ella encantada, con un ojo tapado y mirando las diapositivas. Y el doctor - ¿esto qué es? y ella - un árbol - ¿y esto? - la casita - ¿y esto? y ella muy contenta y casi gritando - ¡el soool! - ¿y esto? - ¡eeeel pajarito! - ¿y este? - pueees, no sé, no lo veo - sí mujer mira bien - no sé - a ver ¿qué es? y ella - es que las adivinanzas si son muy difíciles yo no las sabo bien.

A continuación le dilatan la pupila por medio de una gota en cada ojo cada diez minutos, tres veces, con lo que eso escuece y ella aguantando pero lloriqueando y diciendo que no quiere más, claro.

Y mientras esperamos la media hora que te mandan en oftalmología, aprovechamos para llevarla al edificio de enfrente, a urgencias, para que le hagan un análisis de orina porque lleva tres días que no hace pis y sin embargo le duele y tiene ganas cada cinco minutos.

Le obligas a beber agua cuando no tiene ganas y ella te dice que no quiere beber porque si bebe tiene que hacer pis y eso duele y tú le dices que si bebe le duele menos. Y limpia la zona con la esponja que te da la enfermera, y seca con las toallitas, y coge el bote y - ay que escuece. Y nada, una gotita. Y - bebe más agua, y - que no, y - venga un poco más, y - mamaaa, que tengo pis. Y limpia otra vez la zona con esa esponja con detergente que debe ser extra-abrasivo, y seca, y pon el botecito, y - nooo maaaami, que me va a doleeer - venga cariño, un poquito - ay ay es que me escuece - ya ya. Y no, es otra gotita, y tú con el botecito dentro del váter, y - un poco más hija por favor, y ella llorando y gritando a todo gritar - nooo que me va a doooleeer mucho - no mira, si lo haces muy deprisa se pasa muy pronto el dolor y nos vamos y en casa te doy un regalito por portarte bien, y - vaaaleee, maami, ya más tranquila pero hasta las narices de su madre, y finalmente un chorro medio dentro del bote y medio fuera, en mis dedos, pero bueno, por lo menos ya hay suficiente.

Y dejas la muestra a la enfermera - gracias vuelva en media hora. 

Y te vuelves al oftalmólogo porque se te pasa la hora.

Y después de dos horas y media en el hospital, pasas, sientas a la niña en la silla y cuando se acerca el médico con la linternita la niña le dice con cara de fastidio - no quiero tomar más aaaguaaa. Y cuando el oftalmólogo le dice - no, si yo sólo voy a mirarte con una luz, la niña se lleva la mano a la oreja derecha y dice - ¡nooo, no me saques nada más del oídooo, que ya no me dueeele!