28 de marzo de 2011

energía alternativa

Existe una teoría.

Cuando se origina suficiente excitación entre dos personas, y se consigue mantener en el tiempo, es posible llegar a generar energía. Sí, sí, energía de la que mueve cosas y hace que el mundo funcione. Se trata de la energía más barata y al mismo tiempo agradable que ha existido a lo largo de todos los tiempos.

Lo complicado es encontrar la forma de almacenarla y conservarla para hacerla útil.

Imaginemos por un momento dos personas. Dos seres que no se conocen. El único nexo de unión entre las dos es un laboratorio experimental que está investigando la forma de absorber, almacenar y transportar esa supuesta energía que producimos los humanos en determinadas circunstancias.

Ella es amiga de la directora de la investigación. En un principio, cuando se lo proponen duda. Al fin y al cabo estando casada le resulta un poco extraña la situación. Pero le insisten en que siempre mantendrán la máxima discreción y además le viene bien el dinero ahora que está en paro.

Él se ha ofrecido voluntario porque tiene mucho tiempo libre y le gusta colaborar con la ciencia. El único inconveniente que le encuentra es tener que desplazarse a Sevilla, pero lo ha hablado con su pareja y han decidido que tras la corta separación se tomarán juntos unas vacaciones para recuperar el tiempo.

Les han puesto en contacto entre ellos solamente a través de un correo electrónico. El conocimiento previo forma parte de la investigación, es de esperar que la energía fluya más fácilmente si han dialogado anteriormente.

Pasan un mes escribiéndose.

Se cuentan, se preguntan, indagan, se describen, se imaginan.

Surge entre ellos un buen entendimiento y descubren que se pueden llevar bien. Parece que todo está definitivamente en marcha.

Una mañana les llega el tan esperado aviso. La sala está lista y el tiempo de relación a distancia es suficiente. Ha llegado el momento de tomar contacto.

Él coge el AVE a Sevilla. Ella vive allí, por lo que sólo necesita preparar la ropa para tres días, el tiempo que durará el experimento.

La directora les espera en la entrada. Les acompaña a sus respectivas habitaciones y les explica en qué consistirá la prueba.

Al cabo de una hora, después de descansar y una vez que cada uno se ha arreglado como considera oportuno, pasan a la sala común a la que se accede desde las dos habitaciones.

Él entra primero. Mira a su alrededor con tranquilidad. La luz es bastante tenue y la habitación está tibia. Recorre la sala con la mirada viendo el sofá, la mesa con dos sillas, el mueble con libros y los altavoces colgados del techo. Se escucha una música suave, ni muy lenta ni muy rápida, agradable. Camina hacia el centro de la estancia y se sienta en una silla, apoyando los brazos en la mesa. Parece cómoda, así que se siente a gusto.

Ella entra en segundo lugar. Cuando le ve se pone un poco nerviosa y no sabe muy bien qué hacer, pero en seguida se acerca a la mesa para saludarle.

Él se levanta sonriendo y extiende el brazo hacia ella para indicarla que se acerque tranquila. Ella sonríe a su vez y se siente un poco más cómoda.
Se dan dos besos y se miran sonrientes, nerviosos, atentos, intentando asimilar la primera visión de quien hasta este momento había sido únicamente una imagen figurada.

Toman asiento uno frente al otro. Ella cruza los brazos sobre su pecho y él junta sus manos encima de la mesa cruzando los dedos, moviendo los pulgares en círculos.

Se miran en silencio, y poco a poco dejan de mirarse para empezar a contemplarse. A medida que se observan se van sintiendo más distendidos.

Ella sonríe, cada vez más, le hace gracia la situación, y no puede evitar soltar una carcajada. Él ríe también y la tranquilidad parece instaurarse del todo entre ellos.

Saben que no deben hablar, es una de las instrucciones que acaban de recibir. Les cuesta mucho mantener el silencio ¡tienen tanto de que hablar! Hasta hoy lo único que habían hecho era conversar y ahora lo único que pueden hacer es mirarse. De momento.

Ella, por su naturaleza femenina, necesita más. Así que pasa de sólo fijarse a curiosear. Le da un poco de apuro, pero una vez decidida no vuelve sobre sus pasos. Alarga la mano y la pone sobre la de él.

Él ve acercarse la mano con lentitud, pero aun así se sobresalta, deja de sonreír, y se queda inmóvil, presenciando lo que es un primer contacto, como poco, extraño.

Al principio ella deja su mano quieta, liviana, sólo rozando ligeramente la de él. Pero poco a poco va moviendo los dedos sobre esa mano inmóvil.

Los dedos son largos, finos, comparables a los de un pianista. Las uñas cuidadas. La piel es suave, muy suave. Y transmite calor.

Empieza a acariciar con la yema del dedo índice su dedo corazón, desde la uña hasta el dorso de la mano y del dorso hasta la muñeca. Suave, despacio, de arriba abajo.

Un escalofrío de placer recorre la espalda de él. Suspira.

Los dos miran la escena como si no hubiese nada más en el mundo que esas dos manos rozándose, conociéndose.

Entonces levantan la mirada y sus ojos se encuentran de nuevo. Pero ahora es diferente. Ahora no se ven, no se miran, no se observan, simplemente se hallan, se notan, se sienten, se entienden. Ahora poco a poco se llenan el uno del otro.

Él vuelve su mano y sus palmas quedan enfrentadas. Nota la humedad en la mano de ella, los nervios les hacen sudar.

Se rozan las palmas con los dedos, muy suavemente, muy despacio, alargando cada movimiento, recreando cada sensación. Se miran, se recorren las manos, sus ojos no se rinden, siguen mirando fijamente, se rozan los laterales de los dedos, sienten como se eriza el vello de todo su cuerpo.

Sus ojos empiezan a sentir calor, un calor excitante que se contagia a las mejillas. Las manos continúan descubriéndose, acariciándose insistentemente, no pueden dejar de hacerlo. Primero fue un impulso, luego un placer, ahora es una necesidad.

Necesidad de seguir sintiendo caricias, experimentando placer. Necesidad de notar como la piel de la espalda siente la ropa sobre ella y desearía que el roce no fuese de un tejido sino de otra piel. Necesidad de sentir la piel de los muslos estremecerse. Necesidad de notar como ese calor de la cara se propaga por todo su cuerpo, colmándolo de pasión.

Pero saben que no pueden pasar de ahí, las instrucciones son claras: como mucho pueden tocarse las manos.

Se contienen. Reprimen el ansia de acariciarse la cara, de levantarse y abrazarse. Y dedican toda su atención a lo único que les está permitido.

Y se atraviesan con la mirada mientras sus dedos continúan indagando, escudriñando cada rincón de esas manos fascinantes, de esos dedos capaces de regalar tanto deleite.

Su respiración se vuelve entrecortada y les falta el aliento. No existe nada a su alrededor, el mundo ha desaparecido.

Sólo hay placer.

Y ahora ya no querrían que les dejasen pasar de ahí. Ahora no pueden ni imaginar que les ordenasen hacer otra cosa que no fuese permanecer así, rozándose apenas. Ahora sólo son ellos, sólo su tacto, sólo sus ojos y su placer. Ese inmenso placer que ocupa tanto que parece que no van a poder soportar más.

La sensación en su interior es casi dolorosa, pero la soportan.

Pasado un tiempo indefinido que para ellos ha sido infinito, él siente que el placer se le empieza a escapar, que no cabe en su cuerpo y necesita salir.

En ese momento siente un impulso. Decide no frenar el capricho de estrechar el cuerpo de ella contra el suyo.

Sin soltar su mano se levanta, rodea la mesa y tira ligeramente de ella acercándola a su cuerpo.

Se miran. Sonríen. Saben que están incumpliendo las normas.

Se abrazan.

Ahora el placer casi desgarrador, que se estaba convirtiendo en desasosiego, se transforma en gozo, en consuelo. Se sienten felices y calmados.

De pronto se abre la puerta de la sala y entra la directora.

Ellos no se separan, no pueden. Saben que el experimento ha fracasado y tendrán que irse a casa. Pero sonríen con los ojos cerrados. Ahora nada les importa.

La directora sonríe a su vez. Les toca en el hombro y le informa que el ensayo ha sido un éxito. Que en contra de todas las predicciones, no es necesario más tiempo ni más fases. Que la energía canalizada por sus cuerpos era tanta que no había cabido en los depósitos.

Que ellos son los padres de la energía del futuro.





Uff! ... y este es mi primer relato. 

21 de marzo de 2011

ya está aquí

 

       ya está aquí, como siempre.
       con ese olor tan suyo, con esa nueva vida.

       ya está aquí, acariciándome.
       con ese aire cálido, con su brisa suave.

       ya está aquí, brillando.
       con ese azul intenso, con esa luz anhelada.

       ya está aquí, acunándome.
       con el murmullo de los ríos, con el rumor de los árboles.

       ya está aquí, surgiendo.
       con sus brotes verdes, con sus flores blancas.

       ya está aquí, gestándose.
       con los parques repletos, con los niños riendo.

       ya está aquí, atrayéndome.
       con sus ganas, con su juego.

20 de marzo de 2011

oráculos


La semana pasada tuve la suerte de asistir a un espectáculo fascinante del que me gustaría hablaros, sin embargo debido a la naturaleza de Oráculos, es necesario que no os cuente nada sobre ella.

Únicamente puedo deciros que se basa en la relación entre la pregunta y el misterio.

Pero sí os recomiendo encarecidamente que, si tenéis la posibilidad, vayáis a verla.

Lo llaman teatro, porque está representado por una compañía de teatro, pero es un concepto muy diferente de lo que nos encontarmos habitualmente en una sala.


En este caso se puede decir que cada espectador es el protagonista indiscutible de la obra y que cada uno lo ve, vive y disfruta de una manera diferente.

Puede gustar más o menos. Puede hacer sentir más o menos. Pero seguro que a nadie deja indiferente. Simplemente por el hecho de ver cómo está montado y la originalidad de la idea, es aconsejable asistir.

Ahora están en Madrid, pero su sede está en Barcelona. Para los que vivís fuera de estas ciudades... no sé si trasladaros sólo para esto merece la pena, pero si podéis aprovechar en un viaje, intentad verla.

Sólo deciros una cosa más: durante casi una hora y media disfrutas de ti, de tus sensaciones, de tus pensamientos, de tur¡s reacciones y sobre todo de la sorpresa.

13 de marzo de 2011

¡sorpresa!

Ahora que se ha puesto de moda celebrar por todo lo alto la llegada a esa década a la que yo estoy a punto de llegar, se me plantea la duda de qué tienen los 40 que no tengan otras edades.

Tengo que admitir que a mí lo de festejar mi cumpleaños es algo que no me atrae y que no suelo hacer.

Pero entiendo que si la mayoría de las personas se sienten como yo en este momento, es normal que les apetezca celebrarlo (y hablo de este momento claro, ya que soy mujer veleta).

Es una edad en la que ya has pasado mucho y en la que aún te queda mucho por vivir.

En la que te sientes maduro, experimentado y capacitado para transmitir ese conocimiento, pero al mismo tiempo te sientes con muchas ganas de seguir aplicando lo aprendido y de aprender muchísimo más de la vida.

Sin embargo el hecho de que por cumplir 40 años te preparen una fiesta sorpresa a mí me da que pensar. Sí, en el mal sentido, pero no por nada, sino porque me asusta.

Me han preparado dos fiestas sorpresa en toda mi vida. Tengo que agradecerlo: me sorprendieron mucho y me gustó mucho. Pero también me puse muy nerviosa.

La primera vez fue en mi adolescencia, para despedirme pues cambiábamos de ciudad y dejaba atrás muy buenos amigos. La segunda vez fue en mi 28 cumpleaños, y la verdad es que todavía no sé por qué me la hicieron.

El caso es que, las dos veces después del susto inicial, después del llanto causado por el congojo de la sorpresa y la emoción, después de las risas posteriores al llanto, después de la localización de todas las caras conocidas entre tanta gente, conseguí agradecer el gesto y pasarlo fenomenal.

Pero estar pensando que es posible que dentro de un año a mis queridísimas personas cercanas les pueda dar por prepararme una fiesta sorpresa por mi paso a esa década tan especial, me da verdadero pánico.

Están avisados, claro. Saben que no tienen que hacerlo, y espero que me hagan caso.

Pero en el fondo no me fío. Así que he decidido que yo, en lugar de celebrar la llegada, quiero celebrar la despedida de década.

Me gustaría celebrar el último año de una década que, aunque ha tenido momentos muy, muy duros también los ha tenido buenísimos y sobre todo celebrar que me siento bien físicamente, bien mentalmente, bien acompañada, ¡qué digo bien! muy bien acompañada, tanto en mi círculo cercano como en los más alejados.

Ahora sólo me queda pensar qué podría organizar, si es que me decido claro, porque me queda un mesecito. Se admiten sugerencias.

¡Ah! y lo que me gustaría de verdad es no soplar dos velas rojas con unos números, sino 39 velas. Me encantan las tartas llenas de velas.

7 de marzo de 2011

pompas de jabón





Su carita exhibía una amplia sonrisa.

Miraba hacia arriba con gran expectación, como si nunca antes las hubiese visto.

Las seguía con los ojos mientras descendían, alargando la manita e intentando cogerlas.

La mayoría llegaban al agua antes de ella pudiese rozarlas.



Pero de vez en cuando alguna se apoyaba en la palma húmeda de su mano y se quedaba allí parada, temblando, húmeda y brillante, luciendo colorines y esperando el inevitable soplido que la haría explotar.

Entonces ella abría la boca de par en par, cogía todo el aire que era capaz y con todas sus fuerzas soplaba sobre la pompa.

La burbuja entonces estallaba salpicándole la cara, haciéndole agachar la cabeza y reír a carcajadas, ¡más papi, más!

3 de marzo de 2011

contrastes II


Día soleado, excursión con amigos y niños, pueblo de la sierra, estampa blanca: nieve en las montañas, picoteo en terraza de bar de la plaza, camisetas de manga corta, gafas de sol, abrigos de invierno amontonados en una silla, crema protectora solar, niños corriendo y sudando por la calle, intensificación de las pecas por efecto del sol, patatas con alioli, escote quemado por el sol, visita al Castillo de Manzanares el Real.



Fresco a la sombra, corriente en los corredores, puesta de abrigos, niños con hambre, bajada a la plaza, merienda en misma terraza de bar de la plaza, ya no hay sol, manzanilla calentita, principio de frío, niños corriendo por la calle con abrigo abrochado hasta el cuello, pastas de pueblo y palmeritas, brazos cruzados sobre el pecho, anochece, encogimiento del cuerpo, frío, retirada.