28 de abril de 2011

su capacidad














La vida tiene la capacidad, la enorme capacidad, de seguir sorprendiéndome.

Cuando pienso que ya nada puede sorprenderme,

cuando creo que ya conozco todo,

cuando simplemente me parece que un día más es más de lo mismo...

... llega ella y gira sobre sí misma, se retuerce, se trastoca y aparece convertida en la misma vida pero diferente.

Sí, esa es su gran capacidad.

Ser de nuevo diferente.

12 de abril de 2011

musas III


Nuevamente me encuentro ante el ordenador con ganas de volver a escribir pero con esa sensación de no tener nada que contar.

Nuevamente me aborda la idea de que es absurdo sentarme a escribir si no tengo algo que decir, si me faltan experiencias.

Nuevamente me contesto que casi siempre que he escrito algo que me ha gustado ha sido cuando no sabía por dónde empezar, y que merece la pena intentarlo un ratillo.

Nuevamente me quedo sentada y escribo.

El bucle se repite, una y otra vez durante las últimas semanas, incluso meses.

Las musas se han tomado vacaciones y, aunque es verdad que no las espero sentada y trabajando tan a menudo como debería, lo cierto es que ya me va haciendo falta su visita.

De vez en cuando una pequeña anécdota se cruza en mi camino y me deja deslizar los dedos por el teclado dando algo de sentido al texto que va apareciendo. Pero son tan escasas las ocasiones, que mi pobre blog pasa hambre. Mucha hambre.

Hoy de nuevo me han dado ganas de buscar alguna lectura que me haya llenado en el pasado y copiar y pegar para compartirla con mi pequeño blog.

Hoy de nuevo he querido escribir la historia de una oveja amiga mía y dejarla aquí para él y para quien quiera leerla.

Pero hoy no está ocurriendo como en anteriores ocasiones.

Otras veces al sentarme a escribir sobre la ausencia de musas me he encontrado con que, antes de darme cuenta, había escrito algo relativamente legible, que podía publicarse y podía aplazar el copia-pega para más adelante.

Esta vez no me está pasando igual.

Esta vez veo las letras. Salen una tras otra en la pantalla del ordenador. Se van colocando ordenadamente formando una serie de palabras que, posiblemente cuando termine de escribir y las lea tengan sentido de forma individual, pero que lo más probable es que estén absolutamente faltas de sentido integradas en una frase.

Esta vez estaba pareciendo que finalmente iba a ser necesario un texto ajeno.

Pero esta vez, una vez más, mi pequeña criatura está cenando letras mías, aunque no le gusten.

Porque en esta casa se come de todo.

Y sin hacer ascos.

6 de abril de 2011

supermegatrendi


Me encontraba en la sala de espera del hospital, esperando a que me avisasen para realizarme una extirpación d. cutánea (bueno eso al menos parecía que ponía en el volante, pero vamos, que me iban a quitar un lunarcito de la espalda)

El caso es que la señora del sofá de al lado, superperipuesta e hiperarreglada, se encontraba recolocando su bolso. Sacando cosméticos de un lado, metiéndolos en una bolsita, sacando tickets de un bolsillo, y poniéndolos en otro. Y venga a sacar papelitos, y venga a estirarlos, y al final, al cuarto de hora, los recoge todos con una gomita y los guarda en otra bolsita hipermegafisna.

Cuando ya lo tenía todo colocadito y el bolso apoyado en un costado, hace aparición una chica que, por la forma de hablarla, debía ser la hija.

No me ha sorprendido que al ponerse a hablar sus voces y tonos sonasen pijos no, lo siguiente. Y tras las preguntas y comentarios de rigor del tipo: “qué rápido ¿no?” “sí, nada, muy poquito” “¿te ha dolido?” “no, qué va, sólo los pinchazos de la anestesia” “bla bla, bla bla…” va y suelta la madre extendiéndole el bolso antes citado a la hija: “mira, te he estado colocando todo, porque tenías eso de papeles…, y te he metido los maquillajes en la bolsita verde, es que anda que no llevas cosas, y cuidado lo que pesa” “ya, es que hoy he metido más cosas para maquillarme ahora” “bla bla, bla bla…”

A mí se me ha caído la mandíbula al enterarme de que el bolso no era propiedad de esa señora que lo había estado organizando. Yo adoro a mi madre, pero vamos que si vuelvo del quirófano y me encuentro que me ha sacado hasta el último pañuelo del bolso y me lo ha colocado a su gusto, no sé que haría con ella.

El caso es que la hija hipermegapija saca un brillo de labios y un colorete con espejito y se pone a retocarse, y la madre: “ese tono de rosa no es el que llevas puesto, que es más tostado” “no, el que uso es de marca, éste que es el que me regaló Angelita, pero no me gusta el tono” “pues se llevan ahora los rosas ¿no?” “bla bla, bla bla…”

Y saca una especie de bolígrafo, que luego he descubierto que era un iluminador, y se lo empieza a poner bajo el ojo, y a extenderlo con el dedo, diciendo: “se me está acabando. Éste es de Mercadona, pero no es tan bueno como el que me regalaste” “claro, sólo hay que mirar los precios” dice megaconvencida la mamá.

Y en eso estaba yo entretenida cuando me llama la enfermera. Le acompaño por el pasillo y cuando me cede el paso para entrar al quirófano me mira y me suelta: “antes una paciente me ha dejado fuera de juego. Pues ¿no va y me dice que llevo un flequillo muy trendi???”

Me fijo en el flequillo de la muchacha, a media frente, tal cual el mío, y le digo: “si lo llevas igual que yo” “sí, lo mío ha sido un arrebato de esta semana y me lo he cortado yo misma” “pues lo mío ha sido un arrebato de los últimos meses. Pero, y ¿qué significa trendi?” le digo, “pues eso mismo le he preguntado yo. Y va y me dice que es muy estilo Pin Up” “ah, vale” digo yo. Y ella riendo me dice “que lo sepas, que llevamos un flequillo muy estilo Pin Up”

“¿Era una rubia que acaba de salir?” “sí”

“No me digas más…”