12 de abril de 2011

musas III


Nuevamente me encuentro ante el ordenador con ganas de volver a escribir pero con esa sensación de no tener nada que contar.

Nuevamente me aborda la idea de que es absurdo sentarme a escribir si no tengo algo que decir, si me faltan experiencias.

Nuevamente me contesto que casi siempre que he escrito algo que me ha gustado ha sido cuando no sabía por dónde empezar, y que merece la pena intentarlo un ratillo.

Nuevamente me quedo sentada y escribo.

El bucle se repite, una y otra vez durante las últimas semanas, incluso meses.

Las musas se han tomado vacaciones y, aunque es verdad que no las espero sentada y trabajando tan a menudo como debería, lo cierto es que ya me va haciendo falta su visita.

De vez en cuando una pequeña anécdota se cruza en mi camino y me deja deslizar los dedos por el teclado dando algo de sentido al texto que va apareciendo. Pero son tan escasas las ocasiones, que mi pobre blog pasa hambre. Mucha hambre.

Hoy de nuevo me han dado ganas de buscar alguna lectura que me haya llenado en el pasado y copiar y pegar para compartirla con mi pequeño blog.

Hoy de nuevo he querido escribir la historia de una oveja amiga mía y dejarla aquí para él y para quien quiera leerla.

Pero hoy no está ocurriendo como en anteriores ocasiones.

Otras veces al sentarme a escribir sobre la ausencia de musas me he encontrado con que, antes de darme cuenta, había escrito algo relativamente legible, que podía publicarse y podía aplazar el copia-pega para más adelante.

Esta vez no me está pasando igual.

Esta vez veo las letras. Salen una tras otra en la pantalla del ordenador. Se van colocando ordenadamente formando una serie de palabras que, posiblemente cuando termine de escribir y las lea tengan sentido de forma individual, pero que lo más probable es que estén absolutamente faltas de sentido integradas en una frase.

Esta vez estaba pareciendo que finalmente iba a ser necesario un texto ajeno.

Pero esta vez, una vez más, mi pequeña criatura está cenando letras mías, aunque no le gusten.

Porque en esta casa se come de todo.

Y sin hacer ascos.

9 comentarios:

  1. Pues eso, sin hacer ascos, nena, que es tu criatura. Pero sin forzar, que sabes que entonces se establece una relación viciada con los alimentos. Y no se trata de eso.

    ¿Que te sientes inspirada? Perfecto. Escribe. ¿Que no? Tómate tu tiempo; no creo que sea apremiante. ¿O sí?

    En fin, que decidas lo que decidas (ceder al silencia, copypaste o divagar -que a mí me encanta-), yo estaré por aquí.

    Besos mil.

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  2. La oveja se queja porque tienen que esquilarla todos los años. Contra eso no puede hacer nada. Los operarios que tiran de máquina de resurar la inmovilizan en el suelo del establo, y como a un hippy que le cortan las greñas en el Ejército, la oveja cede su lana.
    Contra eso no puede hacer nada.
    Pero sí podría vengarse negándonos la leche.

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  3. ...y no lo hace. Porque la oveja no guarda rencor. Sale pelona del establo y ya ha perdonado.
    Es un ejemplo de generosidad suprema. Magnánimidad. Benevolencia.
    La oveja mañana volverá a darnos leche. Porque la leche es perdón. Si no, que se lo pregunten a la madre lactante resentida aún de las secuelas del parto.

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  4. Hasta para no decir nada eres buena. Hasta cuando las ideas se acaban, tienes algo que contar. Haces interesante un conjunto de ideas sin ideas. No te preocupes, todo vuelve a salir: Las musas vuelven, los lápices tendrán mina y volverás a escribir. Y si no, con una pluma, como antaño. Vuelve a tus orígenes, como siempre que algo no marcha bien, y encuentra la inspiración y las ganas que te empujaron a crear esta página.

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  5. Hola Ebony.
    Forzar forzar no fuerzo, pero es que me apetece escribir. Otra cosa es que no salga. A veces me conformo con esto tan simple (casi siempre, la verdad)
    Gracias por ser tan fiel a mis chorradas y por los ánimos. Muakes enormous.

    Hola Antonio.
    eeeemmmmmmm! vale, no sé qué contestarte. Has sido capaz de dejarme sin palabras. Premio. Gracias y un beso.

    Hola Johnny:
    Pues gracias. Otro que me hace sonrojar. ¡qué no soy de pieeedraaa!
    Voy a ver si utilizando otros utensilios como el lápiz o la pluma me encuentro con mis orígenes de nuevo. Seguiré tu consejo. Gracias y un abrazo.

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  6. A veces las palabras se escriben solas, otras solo nacen para que las borres.
    Lo importante es seguir pulsando las teclas.

    Un saludo

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  7. Hola Pilar.
    Yo pulso, de verdad, sigo intentándolo.
    Estoy encantadísima de encontrar un comentario tuyo en una entrada mía, porque sigo tu blog desde hace mucho.
    Muchas gracias y un abrazo.

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  8. A veces el pensar que no se tiene nada que decir, indica que tenemos una vida interior tan rica...
    Besitos

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  9. Hola Cruella. ¡Pues si eso es cierto, mi vida interior ahora debe ser millonaria! Un besazo.

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