29 de mayo de 2011

de vuelta


De vez en cuando se nos presenta en esta - a veces monótona - vida, la oportunidad de sacar los pies del tiesto y comprobar que aún seguimos encontrando motivos, y más de uno, para reír con ganas. Desparramar.

¿Quién no ha sentido alguna vez esa envidia sana que se apodera de nosotros al ver a nuestros retoños (o los de otros, para el que no los tenga) disfrutando de lo lindo en un parque de bolas?

¿Quién no ha pensado en ese momento qué es una lástima que en nuestros tiempos no existiesen estos lugares de desahogo?

¿Quién no ha deseado subirse a lo más alto y dejarse colgar, cual mono en la selva?

¿Quién no ha deseado quitarse unos años de encima y perderse en esos laberintos intentando descubrir hasta el último rincón?

Pues ayer mi queridísima amiga RU decidió celebrar su recién estrenada treintena de una forma muy original.

Sí, exactamente, nos llevó al País de las Maravillas. Una piscina de bolas gigante que durante el día hace las delicias de nuestros hijos, pero que los sábados a partir de las diez se transforma de arriba abajo y acoge a maduritos necesitados de una inyección de niñez en vena.

Para sentirnos más en la onda decidimos vestirnos acorde con la edad que íbamos a representar, lo cual nos permitió meternos de lleno en el papel.

Hay que decir que los que nos acercamos a los cuarenta demostramos con creces que hemos perdido la vergüenza mucho más que esos jóvenes que nos acompañaban y que apenas rozaban la treintena, que nos miraban alucinados mientras dábamos saltos desenfrenados.

El evento comenzaba con una cena tipo cocktail, seguida de canciones tipo cantajuegos, seguidas de juegos por equipos, muy bien organizados y guiados por nuestros queridos Matías y Mariano, que incluían saltos en las camas elásticas. Seguidos de un rato inolvidable en el laberinto de colores, toboganes y bolas del cual, comprendiendo ahora a nuestros hijos, no queríamos salir ni a tirones. Terminamos con un karaoke y actuaciones con toques picantes en las cuales los protagonistas éramos nosotros mismos.

El resultado: diversión a raudales y desinhibición desbordada.

Y por cierto.

Os recomiendo probarlo por lo menos una vez en la vida.

8 comentarios:

  1. Divertido suena, así que agua lleva... Vamos, que hacer el cafre un sábado por la noche desestresa...Me alegro. Felicita a la organizadora de mi parte.

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  2. Hola CoolFull. Ya sabes que la próxima no te la puedes perder. Un besazo.

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  3. Los niños juegan a ser mayores y los mayores añoramos ser niños. El mundo al revés.
    Www.arenglonseguido.net

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  4. Sin duda una forma genial de quitarle seriedad a la vida adulta, porque en el fondo seguimos llevando dentro aquellos peques que se ahogan entre obligaciones y compromisos.

    felicidades

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  5. Hola Anónimo (poco anónimo, la verdad) Me ha gustado eso del mundo al revés. Tomo nota para otra entrada ¡me has inspirado! Gracias, un besazo.

    Hola Pilar. Me encanta que sigas visitándome. Y sí, las obligaciones y compromisos quedaron ahogados durante unas horas... o por lo menos no las vimos aparecer por allí. Un abrazo y gracias.

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  6. Pues si que debe de ser bueno eso de soltarse la melena (los que tengan) de vez en cuando. Y lo que si es cierto es la falta de vergüenza con el paso de los años. De hecho creo que hago más tonterías de ese estilo ahora que cuando tenía edad.-

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  7. Hola Anónimo. Tonterías las justas, pero las que más nos llenen, jajaja! y además, edad para jugar tendremos siempre. Es cierto que con los años se pierde el miedo al ridículo y gracias a eso dejamos de perdernos experiencias increíbles. Gracias, un abrazo.

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  8. Una noche genial... ya lo creo.Besos

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