27 de septiembre de 2011

fulgencismo mágico  
Nota 4:  
De gatos y demás otoños 
Terminaba el verano con la melodía repetida una y mil veces, la del dúo aquel que maullaba su triste canción mientras nuestros amigos catódicos se asomaban con timidez a las esquinas del pueblo que nunca más volvió a ser él mismo. Y creía y crecía el infeliz telespectador con el convencimiento de que todos sus estíos serían así, una eterna adolescencia en la que poder jugar, amar, reír y desamar de manera cíclica e inconstante. Cuán equivocado estaba. La vida se parece más a una copla desgarrada que a una canción pop ñoña, al zarpazo de un gato que a su ronroneo interesado, aprendió después.
Ese verano también llegó y se le terminó con la partida de muchas personas, pero con una pequeña certeza en su mente: en el fondo, cualquier despedida no es sino dejar un hueco para una nueva bienvenida. Aunque sea el otoño al que hay que recibir.
Fulgen García

23 de septiembre de 2011

un añito


Hace algo más de un mes este modesto blog cumplió un año.

Hace algo más de un mes yo no cumplí la promesa que le hice cuando nació: estar junto a él en todo momento.

¿Excusas? No tengo. Simplemente no me sentí con fuerzas.

Le pido perdón públicamente, así como a los seguidores de este mi pequeño rinconcito, por haber desaparecido de él durante dos meses.

Los que me conocéis sabéis más o menos el motivo de mi ausencia. A los que habéis aterrizado aquí por recomendación, por curiosidad o simplemente por casualidad, pediros mil disculpas por ni siquiera avisar, y deciros que vuelvo a estar al pie del cañón (espero), por si aún os apetece pasar algún ratillo por aquí.

Ahora simplemente necesito echar un momento la vista atrás. Cerrar los ojos y dejarme llevar por esa marea de recuerdos, de momentos e ideas, que han llenado ese año extraño por el que ha pasado mi vida.

El primer año de vida de mi querido blog ha sido un año repleto de idas y venidas, de momentos “Guadiana” en los que desaparecí del mapa durante días para volver cargada de ilusiones y ganas de seguir, volviendo a desaparecer y resurgir en muchas ocasiones más.

Ha sido un tiempo en el que aprendí a parcelar mi vida para hacerla más sencilla y llevadera. Y así fue a veces, aunque otras fue dura, sobre todo cuando finalmente una de las personas más importantes de mi vida pasó a formar parte de otra parcela, algo que no por esperado resulta menos doloroso.

Un año envuelto por la crisis, esa que al final también consiguió trastocar mi parcela profesional y dejarla mal herida.

Un año en que muchas veces sentía que mi persona era igual que la canción de Mecano, una luz que se enciende sólo para que se la vea desde fuera, como la de la nevera, y que no refleja del todo lo que guarda dentro.

Pero el año también tuvo muchas alegrías, algún proyecto que ahora se está llevando a cabo y cariño, mucho cariño que ha conseguido que a pesar de todo ahora esté aquí sentada viendo todo como una fase más de mi vida.

De ahora en adelante comienza una nueva etapa, con sus parcelas, sus momentos y sus personas.

Y quiero pensar que estos dos meses de ausencia han sido para mi blog como un campamento de verano, en el que lo han cuidado bien mientras yo no podía ocuparme de él.

Ahora han empezado de nuevo las clases y rutinas varias y es mi deber y mi placer ayudarle a crecer lleno de anécdotas, historias y porqué no, algún nuevo relato.