27 de septiembre de 2011

fulgencismo mágico  
Nota 4:  
De gatos y demás otoños 
Terminaba el verano con la melodía repetida una y mil veces, la del dúo aquel que maullaba su triste canción mientras nuestros amigos catódicos se asomaban con timidez a las esquinas del pueblo que nunca más volvió a ser él mismo. Y creía y crecía el infeliz telespectador con el convencimiento de que todos sus estíos serían así, una eterna adolescencia en la que poder jugar, amar, reír y desamar de manera cíclica e inconstante. Cuán equivocado estaba. La vida se parece más a una copla desgarrada que a una canción pop ñoña, al zarpazo de un gato que a su ronroneo interesado, aprendió después.
Ese verano también llegó y se le terminó con la partida de muchas personas, pero con una pequeña certeza en su mente: en el fondo, cualquier despedida no es sino dejar un hueco para una nueva bienvenida. Aunque sea el otoño al que hay que recibir.
Fulgen García

3 comentarios:

  1. Cuesta recibir al otoño. Se va la luz, los días largos, llega la oscuridad, el frio... pero hay que hacerlo.

    Hace mucho tiempo que esos veranos de la adolescencia se fueron. Pero a mi me gusta el verano precisamente gracias a ellos. Se que no volverán, pero cuando comienza uno, la esperanza de que se parezca remotamente a alguno de los pasados, no me abandona.

    Y quien sabe? quizá el próximo. Nunca se sabe...

    Yseult

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  2. Bonito comentario, Y. Quizás, quizás, quizás...

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