29 de enero de 2012

blanco


Están impacientes. Todo el camino preguntando, sobre todo la más peque.

El camino para ellas es eterno y, aunque cantando con los payasos, les parece que el ansiado blanco no va a aparecer.

-. Mirad niñas, por esa ventanilla, ¡un mar de nubes! y a la derecha nieve, ¿la veis?

Pobrecitas, con lo blanco que hemos llegado a ver nosotros este puerto y ellas haciendo peripecias en los asientos para conseguir ves un metro de nieve. Este invierno atípico...

Nuevamente el repetido "¿cuándo llegamos a la nieve?" Nuevamente el repetido "ya casi estamos".

-. Yo voy a hacer el angel. -. Y yo.

La verdad es que da gusto madrugar para estas cosas. primero ver amanecer, que las niñas nunca lo habían visto. Luego ver ese color dorado que se le pone a La Pedriza allí a lo lejos. Y finalmente la seguridad, no sólo de aparcar en Cotos, sino de disfrutar de la montaña solitaria y sin ruidos, casi sólo para nosotros.

La salida del coche es larga, ¡anda que no cuesta prepararlas para enfrentarse al frío!. Pero una vez abrigados, enguantados, engorrados y embotados, nos ponemos en marcha, algunas cual michelines andantes ¡qué graciosas van con sus andares robóticos y sus gafas!

Despues de volver a quitarnos la mitad de las capas que llevamos, esas tostaditas (por decir algo, porque vaya tamaño) que nos metemos entre pecho y espalda acompañadas del colacao, terminan de prepararnos para una jornada de subidas y bajadas.

Vuelta a vestirlas, vuelta a vestirnos, la verdad es que con una relajación y una paz que me gustaría trasladar al momento diario de vestirnos para ir al cole.

-. ¿Que ya no alquilan trineos aquí? pues vaya, hay que comprarlo. Rojo, precioso, brillante. Les encanta.

Y como somos un poco antisociales nos alejamos de la pendiente más concurrida y buscando el resguardo de esa laderita solitaria.

La primera bajada que hacemos mi retoñito y yo juntas es genial, aunque me hubiera gustado ver su cara de susto antes de llegar al final. Pero claro, una vez comprobado por si misma que continúa ilesa, ya no quiere parar.

La pitufilla mientras tanto a otra cosa. Claro, esa frenada de su padre con derrapaje incluído, que le ha llenado la cara de nieve, no ha terminado de convencerla.

-. ¿Hacemos un muñeco de nieve? con una nariz de piña.

Es una gozada hasta que, ya a media mañana, un par de autobuses nos regalan un montón de chavales que vienen a tirarse de mala manera. Era de esperar que al final nos echan.

Menos mal que encontramos otra pendiente un poco más allá, casi ya sin nieve, como la principal donde ya la gente se desliza directamente sobre la hierba mojada. En la nuestra queda un poco más y la aprovechamos un buen rato.

Eso de haber aprendido a tirarse solita con su trineo, y girar, y frenar (cuando se acuerda) ha sido para ella lo mejor de la mañana. Ver su carita feliz es lo mejor para mí.

Y cuando la niebla empieza a subir amagando con taparlo todo, llega el momento de marcharnos, aunque llegando al coche descubramos que ha sido un farol y que el sol va a seguir luciendo para los que se queden.

Tenía ganas, la verdad, de llevarla a la nieve.

Y repetiremos pronto. Si este invierno lo permite.

¡Sobre todo porque hay que amortizar el trineo!


Fotos tomadas el 29 de enero de 2012 en Navacerrada y Cotos respectivamente.

4 comentarios:

  1. Dios inventó la nieve para entretener a los niños.

    ResponderEliminar
  2. Tu blanca historia me ha dejado una tierna sonrisa.

    ResponderEliminar
  3. Me encanta hacer el angel...y derrapar con el trineo. Un placer descubrirles esas pequeñas alegrías.

    ResponderEliminar
  4. Me alegro de que hayais disfrutado!! No te preocupes que con la olita de frío que estamos sufriendo, en breve más!!!!!

    ResponderEliminar