15 de julio de 2012

sólo hay que confiar


Hay días en que una siente la necesidad de meterse entre los brazos de una persona en quien confiar.

Días en los que es necesario un poco de calor humano para continuar adelante.

Son días en los que nos parece que las horas no pasan y que la noche no va a llegar nunca con su calma, con su arropo.

Esos días en los que los paseos por la casa se hacen interminables buscando.

¿Pero buscando qué? Seguramente lo que nos falta. 

Mirando en los cajones, tras las puertas y bajo la alfombra, sin éxito alguno y sintiendo que seguimos si hallarlo.

Rebuscando en el armario, repasando la cocina y removiendo papeles. Buscando, de nuevo con esa sensación de ¿a por qué iba yo?

Porque durante esos paseos no somos conscientes de que, en realidad, lo que buscamos no es algo físico y real que se encuentra en cualquier habitación de la casa.

Porque esa sensación de ansiedad que nos llena y que nos hace movernos y pulular y seguir buscando y rebuscando, no va a marcharse hoy tan fácilmente.

Porque lo que realizamos es una búsqueda inútil de ese tacto ausente que hace tiempo que no cubre nuestra piel.

De esos dedos suaves que rozaban nuestra espalda al cruzarse en el pasillo.

De esos labios cálidos que acompañaban a los nuestros al final del día.

Ese tacto se fue de viaje y tarda en volver, ¿se habrá perdido?

Pero hay días en los que conviene dar una vueltecita más por el hogar porque, en el momento menos pensado, esa piel aparece detrás de una puerta, suave, desnuda, tal como la recordabas.

Y te roza y te despierta.

Y ese día que se limitaba a marearte de un lado para otro, se convierte ahora en ese día en que podemos, por fin, hacernos un ovillito entre sus brazos.






9 comentarios:

  1. Hay días en los que de manera ineludible necesitas algo que no es sexo, algo que no es cariño ni roce. Algo que está más allá del amor. Necesitas ese abrazo cómplice que, en el silencio, te deja perder tu mente en la suya, y vagar desnudo de prejuicios y sentimientos por el limbo de la felicidad. Hay días en que echas de menos la infancia, hay días en que echas de menos la senectud. Hay días...

    ResponderEliminar
  2. Hola Ful, mira que te gusta remover y sacar mis sentimientos dormidos a la luz. Lo has conseguir de nuevo. Si señor, hay días... y espero que pronto compartamos uno de ellos, del tipo que nos salga sobre la marcha. Un beso desde el limbo.

    ResponderEliminar
  3. Recogido y guardado, con complicidad.

    ResponderEliminar
  4. Si, definitivamente hay dias. :0) Y es tremendamente importante tener a la persona indicada a lado... y si, a veces es muchisimo mas importante que el propio sexo.... el alma también tiene necesidades (mas). Que parece que sólo nos importa el cuerpo.
    Precioso, Martuca. Besote.

    ResponderEliminar
  5. Hola Yseult, ¿qué tal guapa? es cierto que en esos días hay llenar más que la piel, también el alma está necesitada. Un besazo enorme y hasta muy pronto en 3D!!!

    ResponderEliminar
  6. Hola Edward, cuánto tiempo sin verte por aquí. Me alegra que te haya gustado, porque lo escribí según salía de mi interior, según brotaban los sentimientos, y cuando entráis a leerlo y a comentar, me obligáis a releerlo y sentirlo de nuevo. Gracias.

    ResponderEliminar
  7. Tiene que ser bonito tener sentimientos así, sobre todo cuando se agradece el releerlos una y otra vez. Es como volver a ver aquella escena de la película favorita, mucho mejor si lo haces en buena compañía. Espero que no haya más viajes, o que al menos, no tarde mucho en volver para que no le vuelvas a echar de menos. Ed.

    ResponderEliminar
  8. Pues la verdad es que, ya que me tiráis de la lengua, esa persona en la que pensaba mi piel aquel día se fue y no ha vuelto, pero como dice el título, sólo hay que confiar y, quién sabe, ¡quizá algún día el ovillito sea real! :)

    ResponderEliminar