4 de agosto de 2012

entre los dedos

Hace un ratillo he recordado que tengo aquí mi pequeño blog en el que, por motivos forzosos, últimamente dejo poca huella.

Ahora tengo un hueco muy pequeño porque la familia me espera para asistir a una barbacoa, pero si me da tiempo, voy a escribir una letritas sobre una ideas que estos días me rondan, para que el pobre no pase tanta hambre.

El caso es que, como comentaba, estos días pensaba yo que hay momentos en la vida de una en la que el tiempo y los días se suceden sin que apenas me dé cuenta. 

Un lunes por aquí, un jueves por allá, un octubre en que llovió, un marzo que se va. Un invierno frío que quería que terminase, una primavera que entre alergias se alejó.

Y todos ellos, días, meses, estaciones, pasaban por delante de mí casi sin que fuera consciente de ello, desde hace bastante tiempo.

En estos últimos meses mi situación ha hecho que mis horas, días y meses tengan un valor especial y un sentido muy grande, y el vivir la vida contra-reloj me ha despertado y llevado a darme cuenta de que cada segundo cuenta y que los que han pasado no los recuperamos.

Mi criatura crece y nunca más tendré determinados momentos para estar con ella porque quedaron en el día de ayer, o en el mes pasado. Y esto no quiero perdérmelo. No mientras pueda.

Ha habido momentos en que la tristeza por los minutos perdidos quería apoderarse de mí, y casi lo ha conseguido, ha estado muy cerca.

Pero he sido más fuerte que ella, y he decidido ser más fuerte también que el tiempo, y no dejar que se me escape entre los dedos.

Así que ahora, hablando conmigo misma, como hacía cuando creía que tenía más tiempo, me he dicho:  suma todos los segundos en lugar de restarlos y vívelos como si cada uno fuera el último. 

Y creo que eso estoy haciendo, no perderlos por el camino.

1 comentario:

  1. Una vez me contaron una historia: Imagina que cada día, alguien viniera y te diera 86.400 euros al levantarte. Podrías gastarlo en lo que quisieras, pero solamente tu. No se lo podrías regalar ni prestar a nadie, solamente tu podrías hacer uso de ese dinero. Pero al llegar la noche, lo que no hubieras gastado debería de ser devuelto. A la mañana siguiente volverías a tener de nuevo los 86.400 euros.
    Esos son los segundos que tiene cada uno de los días. No podemos darlos ni regalarlos, sólo usarlos. Ahora depende de cada uno el gastarlos de la forma más conveniente.

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