27 de octubre de 2012

¿cómo...?


Puede que te preguntes...

... ¿Cómo se puede salir de casa un viernes a las 21:45, estando agotada de la semana, lloviendo, cargada con dos bolsas de ropa que no me pongo y aun así con una sonrisa de oreja a oreja?

¿Cómo se puede ir en coche al otro lado del pueblo impaciente por llegar, sin perder la sonrisa y pensando que las próximas horas van a ser un auténtico regalo?


¿Cómo puede una reírse durante cinco horas seguidas, hablar durante cinco horas seguidas, compartir noticias y notición durante cinco horas seguidas, desnudándose y vistiéndose veinte veces?

¿Cómo se puede llegar a casa a las cinco de la mañana, con la garganta irritada de tanto hablar, sin haber estado en un local con música alta y sin fumar?


¿Cómo se puede llegar con agujetas en las mejillas y en el estómago sin haber estado en el gimnasio durante horas?

¿Cómo se puede llegar de un mercadillo, con dos bolsas llenas de ropa nueva y preciosísima estilo "Marta" sin haber gastado ni un sólo euro?

¿Cómo se puede volver a casa, sintiéndose una la mujer más afortunada del mundo, con una sonrisa mayor que la de antes enmarcando mi cara?

¿Cómo se puede sentir, durante cinco horas seguidas, amor infinito hacia 12 personas a la vez, aunque una estuviese ausente y otra fuese "la agregada"?

Sólo hay una manera posible y ellas lo hacen en cada ocasión y con más ganas y más energía cada vez.

Sólo teniendo el privilegio de pertenecer a "La Chinguipandi" y ser tan afortunada de que todas y cada una de sus componentes se hayan cruzado en mi vida.

Un nuevo brindis por todas vosotras (esta vez con mirada y apoyando)

¡Chicas, gracias a las DOCE por ayudarme a ser feliz!




14 de octubre de 2012

reviviendo

Estaba llegando a casa hace escasamente media hora. Subía en el ascensor y he visto un mensaje en el móvil. Llevaba ahí tres horas, pero como he estado con la familia pasando la tarde y cenando no lo había visto.

He encendido la pantalla y se ha abierto paso hacia mí, sin miedo, sin esconderse. Ocupando todo el espacio y con todas sus letras bien a la vista:

"Estoy embarazadaaaaaaaaaaaa"

Mis manos no conseguían encontrar la llave correcta, por la alegría que he sentido. Indescriptible.

Y ahora estoy aquí sentada, tecleando, intentando expresar por escrito esos sentimientos y emociones que me han desbordado durante unos minutos, y que aún no han terminado de marcharse.

Quiero contarlos porque quiero poder recordarlos nuevamente aunque en el futuro no haya otro mensaje igual. 

Porque por unos instantes he revivido aquel día, aquella mañana, aquel minuto en que escuchaba con poquísima esperanza y, desde el otro lado del teléfono, me dijeron: "el análisis ha salido positivo".

Hoy siento una inmensa alegría por ella, a quien conocí de la manera menos esperada, con quien congenié desde los primeros diez minutos y me pasé hablando una hora en la calle. 

Ella a quien no tengo la suerte de ver a menudo pero con quien me pasaría días enteros compartiendo experiencias y momentos, tristezas y alegrías. 

Ella, una mujer increíble a la que casi no conozco pero a la que he he contado intimidades por necesidad de hacerlo y que ha hecho lo mismo conmigo. 

Hoy mis entrañas se han revuelto de alegría, mezclando sentimientos actuales por la gran noticia que acabo de recibir, con emociones guardadas desde hace seis años, pero tan a flor de piel, que me han salido por los ojos a borbotones.

Ahora me siento tan feliz por ella como aquel segundo en que me dijeron que, por fin esta vez, estaba embarazada de Eva.

¡Felicidades Raquel!  ¡Disfrutadlo porque  lo merecéis!

12 de octubre de 2012

nuevos sabores

Ayer me invitaron a cenar en un restaurante vegetariano.

Me llevaron de sorpresa, y cuando llegué me dijeron: "es que va mucho contigo"

Supongo que aparento, como dice quien me conoce, ser una hierbas a la que le apasiona saber para que sirve cada plantita, sus efectos sobre la salud y sobre la mente. Hablar a los demás de los beneficios y ventajas de cada alimento, e informarme sobre las formas de cocinar en que cada alimendo pierde menos beneficios.

¡Y es cierto! Soy de esas personas que saben que hay que cuidar lo que se come, que de vez en cuando me da por decir "ya no como más grasas hoy" y por seguir unas pautas de cuidados.

Pero por otro lado, y quien me conoce aun mejor también lo sabe, soy muy inconstante y me encanta regalarme placeres de todo tipo, por lo que me cuesta demasiado mantener pautas rígidas de alimentación más de una semana.

Yo como de todo, me encanta la carne, me pierde el pescado y todos los dulces y guarrerías del mundo. Y sobre todo, el chocolate negro.

Y debo llevarlo escrito en la cara porque curiosamente el camarero, cuando nos ofreció los postres, a él le habló de yogur, kefir y mermelada de tomate, y en cambio cuando se giró hacia mí me dijo: "también tenemos un postre de vainilla con cobertura de chocolate que está delicioso"

Y era cierto. Llenaba que ni os lo imagináis, pero estaba...

En fin, que el restaurante me encantó por ser diferente. Me encanta probar cosas que no he comido nunca, que combinan alimentos que normalmente no van juntos. La crema parmintieri estaba buenísima, el camarero era encantador y además me pusieron para llevar lo que en mi mini-cuerpo no entraba.

¡A la próxima elijo yo y tengo que encontrar un sitio magnífico!



8 de octubre de 2012

cada vez estoy más segura


Durante toda mi juventud, incluso me atrevería a decir que también en la infancia, cada vez que alguien me preguntaba cuál era mi estación favorita, siempre contestaba sin pensar, "la primavera".

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, puede que con la llegada de la madurez, o simplemente con la experiencia que nos da vivir en un país con unos paisajes tan ricos y cambiantes, ante esa misma pregunta me quedaba dudando un rato, para finalmente seguir diciendo, "la primavera".

Pero creo que la causa de mis dudas es que esa pregunta sobre las estaciones, esa que siempre surge antes o después a lo largo del año, se me hace grande. Me sobra. Me ahogo en ella si realmente me paro a pensar en serio cuál es la estación que me gusta más.

La primavera. Sí, siempre ha sido la estación que me ha sacado de ese encogimiento invernal que me deja metidita en mi misma y deseosa de rayos de sol. Siempre me ha llenado con sus colores y sus flores, y con ese ver aparecer los brotes en los árboles de un día para otro. No puedo negar que el ver nacer la vida cuando ella aparece, el sentir en mi piel la tibieza de la nuevo brisa que nos trae y salir de la monotonía de los grises, siempre ha despertado mi cuerpo y mi mente de una forma casi brutal.

Pero ya los últimos años, al llegar los primeros aires frescos, al visitarnos más temprano las noches y con las primeras lluvias otoñales, mi cabecita ha dejado de pensar que el otoño significa, en parte, la muerte y caída de la mayoría de las hojas. Ha dejado de pensar que el frío en poco tiempo se acomodará en mi hogar para no abandonarme en meses. Que la luz del sol va a acompañarme durante muchas menos horas al día y que tengo que empezar a rescatar del fondo del armario esas chaquetas y botas que me permitirán seguir relacionándome con el exterior.

Ya otros años, pero sobre todo éste con el calorcito que se niega a abandonarnos, el otoño se presenta ante mí como una explosión de color inigualable, ni siquiera por su hermana primavera. Puede que ella sea más variada en la gama de colores que exhibe, no lo niego. Pero él sin duda muestra tonos increíblemente más intensos y cálidos.

Será que me pierde el color rojo.

Será que hoy he salido a recoger hojas caídas para una decoración.

Será que este otoño, en lugar de sentir que algo se acaba, mi ser presiente que la vida no sólo continúa, sino que se abre paso a mi alrededor a pasos agigantados.

O será simplemente que al fin encuentro la belleza en cada rincón.

No sé que será, pero si alguien ahora quiere preguntarme cuál es mi estación favorita, deberá añadir a la pregunta un "para..." y así sabré que contestar. 

¿Para pasear recreando mi vista? ¡Sin duda el otoño!