8 de octubre de 2012

cada vez estoy más segura


Durante toda mi juventud, incluso me atrevería a decir que también en la infancia, cada vez que alguien me preguntaba cuál era mi estación favorita, siempre contestaba sin pensar, "la primavera".

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, puede que con la llegada de la madurez, o simplemente con la experiencia que nos da vivir en un país con unos paisajes tan ricos y cambiantes, ante esa misma pregunta me quedaba dudando un rato, para finalmente seguir diciendo, "la primavera".

Pero creo que la causa de mis dudas es que esa pregunta sobre las estaciones, esa que siempre surge antes o después a lo largo del año, se me hace grande. Me sobra. Me ahogo en ella si realmente me paro a pensar en serio cuál es la estación que me gusta más.

La primavera. Sí, siempre ha sido la estación que me ha sacado de ese encogimiento invernal que me deja metidita en mi misma y deseosa de rayos de sol. Siempre me ha llenado con sus colores y sus flores, y con ese ver aparecer los brotes en los árboles de un día para otro. No puedo negar que el ver nacer la vida cuando ella aparece, el sentir en mi piel la tibieza de la nuevo brisa que nos trae y salir de la monotonía de los grises, siempre ha despertado mi cuerpo y mi mente de una forma casi brutal.

Pero ya los últimos años, al llegar los primeros aires frescos, al visitarnos más temprano las noches y con las primeras lluvias otoñales, mi cabecita ha dejado de pensar que el otoño significa, en parte, la muerte y caída de la mayoría de las hojas. Ha dejado de pensar que el frío en poco tiempo se acomodará en mi hogar para no abandonarme en meses. Que la luz del sol va a acompañarme durante muchas menos horas al día y que tengo que empezar a rescatar del fondo del armario esas chaquetas y botas que me permitirán seguir relacionándome con el exterior.

Ya otros años, pero sobre todo éste con el calorcito que se niega a abandonarnos, el otoño se presenta ante mí como una explosión de color inigualable, ni siquiera por su hermana primavera. Puede que ella sea más variada en la gama de colores que exhibe, no lo niego. Pero él sin duda muestra tonos increíblemente más intensos y cálidos.

Será que me pierde el color rojo.

Será que hoy he salido a recoger hojas caídas para una decoración.

Será que este otoño, en lugar de sentir que algo se acaba, mi ser presiente que la vida no sólo continúa, sino que se abre paso a mi alrededor a pasos agigantados.

O será simplemente que al fin encuentro la belleza en cada rincón.

No sé que será, pero si alguien ahora quiere preguntarme cuál es mi estación favorita, deberá añadir a la pregunta un "para..." y así sabré que contestar. 

¿Para pasear recreando mi vista? ¡Sin duda el otoño!

3 comentarios:

  1. Estoy contigo, el otoño tiene una belleza más profunda.

    ResponderEliminar
  2. En realidad el otoño rojo es exclusivo de Norteamérica. El nuestro es amarillo, lo que lo hace más decadente.

    ResponderEliminar
  3. Hola Pilar. Me ha encantado lo de la "belleza más profunda", ha terminado de explicarme muchos sentimientos de estos días. Gracias, un abrazo.

    Hola anónimo. Supongo que en Norteamérica abundará más el rojo, efectivamente aquí abunda el naranja y el amarillo, pero te aseguro que las hojas que cogí ayer al lado de casa, eran de un intenso rojo, y unidas de cinco en cinco, como las de la fotografía, en serio, ¿eh? ¡que no estoy loca!. De todos modos las tonalidades otoñales, en toda su gama, ¡este año me pierden! Gracias, un abrazo.

    ResponderEliminar