12 de octubre de 2012

nuevos sabores

Ayer me invitaron a cenar en un restaurante vegetariano.

Me llevaron de sorpresa, y cuando llegué me dijeron: "es que va mucho contigo"

Supongo que aparento, como dice quien me conoce, ser una hierbas a la que le apasiona saber para que sirve cada plantita, sus efectos sobre la salud y sobre la mente. Hablar a los demás de los beneficios y ventajas de cada alimento, e informarme sobre las formas de cocinar en que cada alimendo pierde menos beneficios.

¡Y es cierto! Soy de esas personas que saben que hay que cuidar lo que se come, que de vez en cuando me da por decir "ya no como más grasas hoy" y por seguir unas pautas de cuidados.

Pero por otro lado, y quien me conoce aun mejor también lo sabe, soy muy inconstante y me encanta regalarme placeres de todo tipo, por lo que me cuesta demasiado mantener pautas rígidas de alimentación más de una semana.

Yo como de todo, me encanta la carne, me pierde el pescado y todos los dulces y guarrerías del mundo. Y sobre todo, el chocolate negro.

Y debo llevarlo escrito en la cara porque curiosamente el camarero, cuando nos ofreció los postres, a él le habló de yogur, kefir y mermelada de tomate, y en cambio cuando se giró hacia mí me dijo: "también tenemos un postre de vainilla con cobertura de chocolate que está delicioso"

Y era cierto. Llenaba que ni os lo imagináis, pero estaba...

En fin, que el restaurante me encantó por ser diferente. Me encanta probar cosas que no he comido nunca, que combinan alimentos que normalmente no van juntos. La crema parmintieri estaba buenísima, el camarero era encantador y además me pusieron para llevar lo que en mi mini-cuerpo no entraba.

¡A la próxima elijo yo y tengo que encontrar un sitio magnífico!



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