1 de septiembre de 2014

de nuevo Merón

Inmensa
Arena
Suavidad
Rocas
Pozas
Agua
Fría
Olas
Azul
Profundo
Verde
Húmedo
Vegetación
Caracoles
Hierba
Vacas
Fresco
Sauce
Nubes
Cielo
Luminosidad
Paz
Playa de Merón



26 de agosto de 2014

flotar...

Cuando una es medio autista y vive en una urbanización con piscina, pongamos que hablo de mí, encuentra un gran consuelo el día que sus retoños alcanzan la edad en la que pueden bajar solos a la piscina.

Los sacrificios que se hacen cuando una es madre son incontables. Por supuesto unos son mayores y otros menores pero, cuando no te gusta el agua fría, no te gusta contar tu vida a los vecinos y no te gusta tostarte al sol sin ton ni son, bajar a la piscina con ellos es uno de esos sacrificios de tamaño importante, sobre todo porque dura varios años.

Los siete años es una buena edad para que, habiendo una socorrista estupenda, llevando 5 años nadando en el colegio y viéndola desde la ventana en todo momento, decidas que puede bajar a relacionarse con las decenas de niños que alegran el jardín y ese charco donde les encanta pasar las horas.

Eso tiene varias ventajas:

- la primera y grande en importancia, es que ya no es obligatorio relacionarse, puedes mantener tu autismo estival y reservarte para verte con quienes de verdad te importan.

- La segunda es que no tienes que meterte en el agua fría los días y ratos que tu cuerpo no te lo pide.

- La tercera es que puedes aprovechar esos tiempos para leer, trabajar, recoger o tocarte un pie con total libertad.

Tienes capacidad completa para elegir en qué momento quieres bajar a la piscina a nadar y refrescarte.

Aunque esto tiene también un gran inconveniente: nunca encuentras "ese momento" para bajar y nadar un poco.

Pongamos que sigo hablando de mí.

Hoy a mediodía podría haberme dado por bajar con mi hija a nadar y refrescarme, ¡madre mía que calor está haciendo estos últimos días, incluso en mi pueblo!

Y si lo hubiese hecho, el mejor momento hubiese sido a las tres, justo cuando la socorrista echa a todos los enanos y cierra con llave. En ese momento en que tienes la piscina sólo para ti.

Si hubiese bajado me hubiera dado cuenta de que hoy el agua no estaba, ni mucho menos, fría y que daba gusto nadar en ella y compartir ese rato con la peque y su papi.

Puede ser además que me hubiese dado por hacer eso que tanto me gusta y que creo que es el mayor placer que puede darme una piscina vacía: tumbarme en la superficie en todo el centro, abrir los brazos en cruz y separar las piernas, cerrar los ojos y hacer la muerta durante rato y rato con los oídos bajo el agua, asilada de todos los sonidos que no sean los chorritos, sintiendo la luz del sol en mi parte superior y el frescor de agua en la inferior. Dejando que mi mente se evada y mi respiración se ralentice hasta hacer desaparecer todo signo de inquietud o cansancio



FLOTAR.

Eso es lo mejor que se puede hacer en una piscina vacía y, si hoy hablásemos de mí, podríamos decir que habría bajado a flotar en la piscina y a llenarme de esa sensación de relax que hacía unas tres semanas que tenía abandonada.

23 de julio de 2014

estirando sueños

¿Quién no ha tenido alguna vez esa sensación de que le rompen un sueño en pedazos? ¿Ver cómo se escurre entre tus dedos cuando acabas de llegar al mejor momento? Yo muy menudo, a veces pienso que demasiado.

Pero no hay que asustarse, no me refiero a esos "sueños reales" que son las cosas que queremos conseguir en la vida. No, me refiero a los sueños literalmente hablando.

¿Nadie más cree que es injusto que un momento increíble, de repente haga "zas" y se esfume?

Podríamos pensar que es lo normal, siempre hay que despertarse porque nadie puede dormir eternamente. Esa sería la explicación lógica. Pero desde la infancia he huido tantas veces de la lógica porque, simplemente, hay casos en los que no me gusta. Hay quien me tachará de inmadura, ¿y qué? lo he sido, lo soy y seguiré siéndolo. Y hay a quién incluso le gusta esa faceta mía. 

El caso es que esa inmadurez me lleva a no entender por qué mi mente fabrica imágenes, emociones y hasta sensaciones, para luego arrebatármelas cuando más las estoy disfrutando. ¡Que no! ¡que no logro entenderlo!

Es más, ni lo entiendo, ni lo acepto. Y como no quiero aceptarlo, practico la técnica que yo llamo "estiramiento de sueños". 

Esta mañana, sin ir más lejos, he tenido que utilizarla y, podría decirse que casi ha sido un éxito.

Andaba yo entre mis sábanas deleitándome con los acontecimientos de un sueño que, como la gran mayoría de los míos, había empezado de forma rara mezclando lugares, personas y hechos.

El caso es que todo empezaba a centrarse, la cosa iba tomando una forma interesante y sentía mariposas en el estómago. Después de un sueño tan largo y ajetreado, el otro protagonista y yo nos mirábamos a los ojos acercándonos lentamente.

Es curioso como, aun dormida, he pensado lo extraño que era no haberme despertado ya (suelo despertar en lo mejor de cada historia) pero, para mi asombro, la historia ha continuado su curso y nuestros labios se han juntado.  

He disfrutado de su cercanía, de sus manos tomando mi cara y de su pelo enredándose entre mis dedos. He sentido la calidez y la humedad de su beso y el placer de poder, por fin, perderme entre esos labios carnosos que tanto había deseado.

Pero a mitad del beso he escuchado entre sueños la voz de mi vecina del bajo saludando a alguien en el jardín. Y como por arte de magia la he integrado al sueño, de una forma extraña claro, si no no sería yo. La cosa iba así: nosotros seguíamos besándonos, yo al mismo tiempo oyendo a mi vecina de fondo y pensando "de este sueño no me despierto, no quiero, no, no y no".

Mis brazos se han aferrado a su cuello y mis labios a su boca, para impedir que nada nos separase. Y entonces, inevitablemente, el conserje ha puesto en marcha la maldita maquinita de soplar hojas, también conocida como "rompesueños". Eso ya ha conseguido despertarme del todo pero, aun así, yo he seguido estirando mi sueño. No se lo cuentes a nadie pero, si no llegas a abrir los ojos, te pones las manos en los oídos y no pierdes de vista la última imagen de tu sueño, puedes conservarla en un duermevela durante un tiempo que es precioso y sabe casi mejor que el propio sueño (nunca sabré cuanto dura ese breve espacio). 

Y así estaba yo, estirando al máximo mi sueño. Disfrutando esa emoción del primer beso, saboreando su ansiado sabor, reteniendo uno de sus labios entre los míos y sintiendo sus dientes rozar mi piel. Andaba gozando y estremeciéndome de placer, nuestras lenguas casi rozándose cuando, ya casi dormida de nuevo, en la extraña habitación en la que nos encontrábamos, se han escuchado unos pasos descalzos y una vocecita conocida diciendo "hola mami". 

7 de julio de 2014

¿alguien ha dicho vacaciones?

Muchas veces había escuchado esa palabra a lo largo de este año y sabía que existían por el recuerdo de los 14 días que pude disfrutarlas el año pasado.

Aunque lo veía tan lejano, que parecía casi imposible hacerme a la idea de que algún día iban a llegar.

Pero, como bien decía ayer mi peque mientras cavaba un foso en la arena, el trabajo siempre tiene su recompensa.

Montar un negocio de la nada supone días y noches de esfuerzo mental y muchas horas de más. Y eso han sido mis últimos 10 meses. Pero ahora, viendo la luz al final del túnel, sintiendo como el proyecto ha tomado forma y los resultados van siendo los deseados, ha sido el momento de regalarle a la mente su merecido descanso.

¡Y aquí estamos!

La primera impresión causada por las fotografías de la página web no nos han defraudado. Las opiniones escritas por anteriores visitantes, tampoco.

Podemos decir que estamos veraneando en un paraíso gallego, escondido entre bosques de robles y eucaliptos. Es un lugar sólo apto para personas ávidas de descanso y tranquilidad absoluta.

Igualmente es un lugar ideal para personas que disfruten de los pequeños detalles, de las comodidades de un hotel pero en el entorno de una casa rural con encanto, que busque naturaleza y también diversión pues, mientras escribo esto estoy tumbada en una hamaca, colgada de dos árboles, viendo como la peque y su papaíto están echando un partido de boley en la la piscina, entre los matorrales. Y cuando terminen se van a meter en el jacuzzi de la propia piscina a descansar y seguir disfrutando.

Hoy no vamos a hacer barbacoa, iremos a cenar al pueblo, a ese sitio donde hacen los calamares tan ricos. Ayer nos dimos una buena caminata por el Parque Natural de Corrubedo y tuvimos sesión larga de playa protegida, entre dunas. Así que hoy, tras el paseo por la cascada de esta mañana, hemos decidido no hacer NADA más.

Al decir nada más me refiero a no mover un dedo para hacer la cena, ¡claro! pero sí pasear por el jardín al borde del arroyo que cruza la finca, o tumbarnos al sol escuchando el río. Incluso ir más allá, hacia la aldea, eligiendo qué color tendrán los esquejes de hortensias que nos llevaremos el último día (azul intenso, por supuesto).

Perdón, debo dejar de escribir porque Eva sale del agua con frío y quiere calor humano, ahora vuelvo.

Como iba diciendo, esto son vacaciones ¡y lo demás son tonterías!


Si alguien está interesado en conocer este paraíso, que entre en Aldea os Muiños y elija el tipo de alojamiento que quiere (nosotros estuvimos el la Casiña Rosalía)


5 de julio de 2014

suena, huele, moja...

Suena. Es un sonido continuo, suave, relajante.

Huele. Es un olor agradable, fresco, a hierba mojada.

Moja, pero sólo cuando te pilla, como antes, a mitad del paseo.

Es muy diferente sentir la lluvia sobre ti cuando te coge por sorpresa, hace frío y sales a buscar a la peque al cole, que cuando sales a pasear con chirimiri por la Galicia profunda, entre robles y bajo un chubasquero, esperando que en cualquier momento arrecie y tengas que refugiarte bajo los árboles.


Tampoco es lo mismo verla cuando te encuentras dentro del coche en pleno atasco en el centro de la ciudad, sabiendo que en 10 minutos te tocará bajarte, abrir el paraguas y calarte hasta los huesos para seguir trabajando mojada, que verla, ya después de secarnos, desde la ventana abierta de tu Casiña Rosalía, en tu paradisíaco hotel rural, sentada enfrente de tu familia mientras uno lee, otra dibuja paisajes de la peli Mary Poppins y tu escribes sobre la lluvia.

No es lo mismo, y NO ES LA MISMA.

Esta lluvia me invita a decir "me gusta pasear bajo la lluvia", me invita a escribir porque me inspira. Me hace sentir realmente de vacaciones, alejada del mundo y de otros sonidos (bueno, hay un leve tarareo infantil, pero pasa casi desapercibido)

¡Ah! y de fondo escucho las hojas de esos inmensos árboles y del río que bordea el jardín. Sí, también se escuchan, pero nada más.

No suena nada más, no huele a nada más, LLUVIA GALLEGA.

Y siguiendo la línea de las preguntas que me hago últimamente... ¿puede pedirse algo más en tu segundo día de vacaciones?



El caso es que cinco minutos después de escribir esto, la peque me ha pedido que se lo leyera y, al terminarlo, me ha dado un abrazo inmenso. Por lo que veo, ¡aun sin pedirlo se podía tener algo más!


23 de junio de 2014

por placer

No sé por qué, pero hoy te deseo más que nunca. Es una sensación que invade mi cuerpo y lo recorre de un extremo a otro.

Desde que he amanecido no he podido quitarte de mi cabeza y, mientras mis dedos martillean en el teclado, mi mente no puede más que evocar el recuerdo de aquellos momentos juntos.

Hoy mi boca se vuelve agua una y otra vez, al compás de las imágenes que aparecen y desaparecen, que van y vienen dejando ese dulce sabor que mi lengua reconoce, busca, ansía.

Daría lo que fuera por rozarte de nuevo, por dejar que mis dedos acaricien todo tu ser y se deleiten del fresco placer de tu tacto. Daría todo por lamer suavemente tu cuerpo entero y perderme en las sensaciones que quieras provocarme. Por no encontrar retorno ni cobijo y que todos mis rincones se tornen placer. 

Pagaría oro, si lo tuviera, por que ahora mismo te entregases a mí entero y dejases a tu cuerpo derretirse dentro de mí boca. Lo daría. 

Pero no lo voy a dar porque no lo tengo, porque no estás y porque mis papás me enseñaron que antes de comer no es momento de disfrutar de un helado. 

13 de marzo de 2014

vicio sano

Estos días pasados he tenido poco tiempo para dedicar a la lectura de mis blogs favoritos y para escribir en el mío. ¿El motivo? el nuevo vicio que este tímido sol de marzo ha instaurado en nuestra casa.

Hoy, leyendo a Pilar escribir sobre la visita del sol, me he animado a dedicar unos minutos a este paréntesis estacional que, engañando a algunos que creen que la primavera está ya aquí, nos está dejando disfrutar de unos magníficos y cálidos días que ya íbamos necesitando.

La peque, tras la salida familiar en bici del domingo, ha visto su regalo de cumpleaños adelantado casi dos meses y el lunes por la tarde lo estrenó. Y así nos tienes desde el lunes, montados en bici camino del monte una tarde sí y otra también, unos días con su padre, otros conmigo, otros los tres, con el culo ya dolorido, yo, ella no. El subirse en la bici grande y el aprender a cambiar de marcha, fueron uno solo. 

Rápida, inagotable, buscando cuestas y soltando una mano y luego la otra, al tiempo que va dando voces preguntando, contestando o contando todo lo que pasa por su mente durante esa hora de relajación, ejercicio y aire puro que nos brinda nuestro monte particular.

Aprovecharemos estos días de vicio, porque sabemos que son pocos y que, en breve, las camisetas de manga corta volverán a sus respectivos armarios hasta bien entrado mayo.

21 de febrero de 2014

Saldra, saldra...


Como muchas otras veces, hoy que he sentido la necesidad de sentarme aquí, mirar a la pantalla y empezar a escribir. 

En algunas ocasiones esa necesidad era simplemente la de expresar emociones. Otras la de contar algo ocurrido en mi entorno. A veces compartir mis sentimientos. 

Pero hoy no se dan ninguno de estos casos. Esta vez es una necesidad de otro tipo: calentar dedos, mente e imaginación para conseguir sacar adelante un ejercicio para el taller de escritura, que lleva un par de semanas resistiéndose a salir.

¿Cómo una persona que tiene siempre problemas para encontrar el buen final de una historia, puede ahora escribir un relato partiendo de un final? Eso me pregunté el primer día. Lo malo es que sigo preguntándome lo mismo. 

¿Y si nadie me cuenta un final? ¿Tiene que ocurrírseme solita? ¿Y si no se me ocurre? ¿Y si nada me inspira? ¿Y si cuando me paro a pensar nunca consigo que salga nada de mi mente?

Me estoy dando cuenta de que me gusta escribir, me gusta contar. Me gusta sobre todo dejar salir las ideas solas y que fluyan tal y como han nacido, sin darles apenas forma. Me gusta y me sale así. No sé si para bien o para mal, estoy comprobando que eso es sencillamente lo que sé hacer. Me gusta, me llena, me sale y, de vez en cuando debo hacerlo medianamente bien, porque alguien me dice que lo he hecho bonito.

Pero esta forma de escribir creo que no es suficiente a la hora de crear un relato y dar vida a unos personajes. Las líneas que suelen llenar mi blog, son letras que brotan de mi interior, fluyen de manera rápida, como si pasasen directamente del cerebro a la punta de mis dedos. Son palabras que, unidas entre si, cuentan normalmente una realidad, otras veces una divagación, y son meramente descriptivas. ¿Descripciones llenas de vida? algo parecido. Pero al intentar pasar de ese estilo descriptivo a una realidad ficticia como es la de un relato, se produce en mí un bloqueo que impide pasar esa corriente desde la mente al teclado. 

Sí, algo así es lo que me ocurre, creo. Todo son suposiciones que, además, están surgiendo ahora sobre la marcha según escribo sobre ello. Yo intento tener en cuenta todo lo que voy aprendiendo, ¡de verdad! y no ser crítica antes de acabar, ¡pero si no consigo ni empezar!

Creo que me falta imaginación para inventar historias que no sean la mía. Eso debe ser. Y lo peor es que, cuando alguna historia real me inspira un poco y me da por imaginar que pasaría si..., entonces me da miedo plasmarlo por temor a que mis seres queridos puedan creer que me está pasando a mí y se preocupen, ¡tan acostumbrados les tengo a contar mis experiencias con pelos y señales!

A veces juego a imaginar que soy una niña para comprobar si mi imaginación, a su vez, se multiplica, ¡pero es complicado volver a la niñez pensando en relatos para adultos! 

El caso es que, por unas cosas o por otras, por falta de ideas, de personajes o de final, por lentitud en los dedos o en las propias neuronas, aquí estoy calentando motores, intentando dar paso a la imaginación, para dejar salir a esa supuesta escritora que, supongo que porque me aprecian, algunos me dicen que llevo dentro. ¿Saldrá? 

12 de febrero de 2014

en estado puro

Ven, vamos a entrar en esta otra tienda a ver si aquí lo encontramos. 

Y tan dispuestas nos metimos en Benetton, sólo porque había rebajas, a ver si les quedaba algún abrigo de esos de colores vivos como el que tienen sus primas.

Llevábamos un buen rato por el centro comercial entrando y saliendo de varias tiendas sin éxito alguno. 

Durante todo ese tiempo tuve la suerte, o la desgracia, de sentirme acompañada por una extraña criatura totalmente desconocida para mí. 

Lo de suerte lo digo porque era la primera vez que, yendo las dos solas, sentía que estábamos de compras juntas. Mami mira, ¿te gusta este jersey? es verde, tu color favorito. Sí tesoro, es muy bonito y tiene pinta de ser muy calentito. Sí, como a ti te gustan, para mí seguro que da mucho calor, como soy tan calurosa. ¡¡Ay mami, mira, mira!! ¿estos zapatos te gustan? Noooo, ya sabes que no me gustan los zapatos de tacón. Ya, a mí tampoco me gustan, mami. ¿Y estos? ¿ay que monos para mí! pero seguro que a ti no te gustan nada, porque tiene brillos...¿sabes? cada vez me gustan menos las cosas con brillos, me voy pareciendo a ti. ¡¡Mamáaaa!! mira ven, verás que maniquí más guapa, ¿te gusta su pelo? es chulísimo tan laaaargo. Yo de mayor voy a tener el pelo así de largo. Me parece estupendo, cuando seas mayor y lo laves y cuides tú, puedes tenerlo como quieras, solete. En cambio ese maniquí es feísimo, ¡le han puesto una ropa horrible! ¡Anda! esta tienda tiene muchos abrigos, seguro que aquí hay alguno que me valga. Sí, en esta seguro, vamos a mirar. ¡Este me gusta mamá!, ¿te gusta? Sí, mucho, pero no tienen tu talla. ¡Vaya tarde de mala suerte! tantos abrigos que vemos, ¡los que nos gustan no me valen y los que me valen no nos gustan!

Todo esto anteriormente escrito, fue dicho por la criatura todo seguido y sin respirar, acompañado de una cara de entusiasmo constante, de la que se le salían los ojos cada vez que veía algo nuevo y una actitud increíble de colaboración en la búsqueda. 

Estábamos juntas, la criatura y yo, a gusto buscando un abrigo, juntas, contentas de entendernos en casi todo aunque no opinásemos lo mismo y charlar juntas durante tanto rato. ¿He dicho que sentí que estábamos muy juntas?

Pero como mencionaba más arriba, no todo fue agradable para mí. Tenía una extraña sensación al lado de esa criatura. Empezaba a invadirme un miedo difícil de explicar. ¿Esta criatura se ha llevado a mi hija? ¿Se la habrá comido? ¿Habré perdido a mi niñita para siempre? ¿Ha crecido ya tan pronto, con sólo seis años?

Iba yo abstraída pensando en todo esto, y empezando a echar demasiado de menos a mi pitufita, cuando entrábamos en Benetton.

Para abreviar me dirigí a la dependienta y le pregunté directamente. ¿Hola, ¿os quedan abrigos rebajados? Sí, en aquella esquina. Gracias, vamos cariño. Sí mami, a ver si lo tienen, porque allí veo varios y seguro que alguno me vale.

Y yo pensando, casi en voz alta, ¡casi gritando! ¿¿¿dónde está mi niñaaaaaaa???

Y al llegar a los abrigos, mientras miraba el azul marino, color que a mí me horripila pero que combina con el uniforme, de repente dejé de escuchar su voz. Me asusté, como cada vez que la pierdo de vista medio segundo. Miré a los lados y no la vi. Detrás de la estantería, no estaba. Y grité ¡¡Evaaaaa!! 

¿Qué? - escuché un poco más allá. Y allí estaba. Hacía el pino, apoyando los zapatos oscuros del uniforme en la pared blanca limpia de la tienda. No enseñaba las bragas porque llevaba leotardos, pero tenía toda la tripa al aire, como de costumbre. Y lo mejor de todo: sonreía cabeza abajo, con los pelos colgando y la cara colorada por el esfuerzo. 

Sí, allí estaba, ¡¡uff!!  ¡La extraña criatura había por fin abandonado y mi hija, por fin había vuelto. Que tentación tan enorme dejarla ahí del revés hasta terminar de mirar todo. Qué placer verla haciendo el mono en su estado puro y original.

Pero el deber de madre, y sobre todo mi deber cívico... ¡pitufa ahí no hagas el pino, que se mancha la pared y nos van a llamar la atención!... me obligó a romper ese momento tan mágico.



1 de febrero de 2014

nada igual

Esta mañana lo he sentido de nuevo.

Estaba yo pensando, mientras me dejaba llevar por las sensaciones: no hay nada como dejar que el agua caliente cubra mi piel. Nada mejor que  ese abrigo húmedo y cálido contra el frío mañanero. 

No existe nada tan agradable como sentir el agua cayendo sobre mi cabeza, con los ojos cerrados y en un duermevela provocado por el madrugón. Nada.

Nada igual que esa protección, casi abrasadora, que me permite dormir de nuevo pero de pié, ¡cualquier día de estos me caigo de verdad!

Tengo que reconocer que, por suerte para mí que soy perezosa, de un tiempo a esta parte, lo de las duchas recién levantada y semi-inconsciente ha pasado casi a la historia. Ahora me levanto, desayuno y me pongo a trabajar en casa. Es algo más tarde, a la hora de salir, cuando me ducho en plenas facultades mentales. Muchos días incluso me ducho por la tarde o noche con mi peque, las dos juntitas, que nos encanta. 

Pero hoy, aunque no trabajaba porque es sábado y habiéndome acostado casi a la una, tocaba madrugar. Y hoy, después de mucho tiempo, he tenido que ducharme medio dormida.

Como siempre, después del momento pereza y frío al desnudarme, me he refugiado bajo su manto y he estado casi soñando. No hay nada como esos minutos. Nada.

Pero tampoco hay nada peor que ese momento en que, en uno de esos micro-despertares que evitan que me caiga, me ha vuelva la consciencia y esas imágenes de sequías, pantanos secos, facturas del gas elevadísimas y, sin poder evitarlo pero en contra totalmente de mi voluntad, tenga que cerrado el grifo, dejar de sentir el agua caliente y he empezar a quedarme helada mientras me seco.

Nada igual. En fin, ¡que me quiten lo bailáo!


5 de enero de 2014

vuelven

Vuelven un año más.

Vuelven con el frío y las nubes.

Vuelven, creando expectativas.

Vuelven en días llenos de excesos y empachos.

Vuelven regalando ilusión.

Vuelven a pesar de la crisis.

Vuelven cargados de regalos.

Vuelven a cambiar sus caritas.

Vuelven. Siempre vuelven.

Siempre.