12 de febrero de 2014

en estado puro

Ven, vamos a entrar en esta otra tienda a ver si aquí lo encontramos. 

Y tan dispuestas nos metimos en Benetton, sólo porque había rebajas, a ver si les quedaba algún abrigo de esos de colores vivos como el que tienen sus primas.

Llevábamos un buen rato por el centro comercial entrando y saliendo de varias tiendas sin éxito alguno. 

Durante todo ese tiempo tuve la suerte, o la desgracia, de sentirme acompañada por una extraña criatura totalmente desconocida para mí. 

Lo de suerte lo digo porque era la primera vez que, yendo las dos solas, sentía que estábamos de compras juntas. Mami mira, ¿te gusta este jersey? es verde, tu color favorito. Sí tesoro, es muy bonito y tiene pinta de ser muy calentito. Sí, como a ti te gustan, para mí seguro que da mucho calor, como soy tan calurosa. ¡¡Ay mami, mira, mira!! ¿estos zapatos te gustan? Noooo, ya sabes que no me gustan los zapatos de tacón. Ya, a mí tampoco me gustan, mami. ¿Y estos? ¿ay que monos para mí! pero seguro que a ti no te gustan nada, porque tiene brillos...¿sabes? cada vez me gustan menos las cosas con brillos, me voy pareciendo a ti. ¡¡Mamáaaa!! mira ven, verás que maniquí más guapa, ¿te gusta su pelo? es chulísimo tan laaaargo. Yo de mayor voy a tener el pelo así de largo. Me parece estupendo, cuando seas mayor y lo laves y cuides tú, puedes tenerlo como quieras, solete. En cambio ese maniquí es feísimo, ¡le han puesto una ropa horrible! ¡Anda! esta tienda tiene muchos abrigos, seguro que aquí hay alguno que me valga. Sí, en esta seguro, vamos a mirar. ¡Este me gusta mamá!, ¿te gusta? Sí, mucho, pero no tienen tu talla. ¡Vaya tarde de mala suerte! tantos abrigos que vemos, ¡los que nos gustan no me valen y los que me valen no nos gustan!

Todo esto anteriormente escrito, fue dicho por la criatura todo seguido y sin respirar, acompañado de una cara de entusiasmo constante, de la que se le salían los ojos cada vez que veía algo nuevo y una actitud increíble de colaboración en la búsqueda. 

Estábamos juntas, la criatura y yo, a gusto buscando un abrigo, juntas, contentas de entendernos en casi todo aunque no opinásemos lo mismo y charlar juntas durante tanto rato. ¿He dicho que sentí que estábamos muy juntas?

Pero como mencionaba más arriba, no todo fue agradable para mí. Tenía una extraña sensación al lado de esa criatura. Empezaba a invadirme un miedo difícil de explicar. ¿Esta criatura se ha llevado a mi hija? ¿Se la habrá comido? ¿Habré perdido a mi niñita para siempre? ¿Ha crecido ya tan pronto, con sólo seis años?

Iba yo abstraída pensando en todo esto, y empezando a echar demasiado de menos a mi pitufita, cuando entrábamos en Benetton.

Para abreviar me dirigí a la dependienta y le pregunté directamente. ¿Hola, ¿os quedan abrigos rebajados? Sí, en aquella esquina. Gracias, vamos cariño. Sí mami, a ver si lo tienen, porque allí veo varios y seguro que alguno me vale.

Y yo pensando, casi en voz alta, ¡casi gritando! ¿¿¿dónde está mi niñaaaaaaa???

Y al llegar a los abrigos, mientras miraba el azul marino, color que a mí me horripila pero que combina con el uniforme, de repente dejé de escuchar su voz. Me asusté, como cada vez que la pierdo de vista medio segundo. Miré a los lados y no la vi. Detrás de la estantería, no estaba. Y grité ¡¡Evaaaaa!! 

¿Qué? - escuché un poco más allá. Y allí estaba. Hacía el pino, apoyando los zapatos oscuros del uniforme en la pared blanca limpia de la tienda. No enseñaba las bragas porque llevaba leotardos, pero tenía toda la tripa al aire, como de costumbre. Y lo mejor de todo: sonreía cabeza abajo, con los pelos colgando y la cara colorada por el esfuerzo. 

Sí, allí estaba, ¡¡uff!!  ¡La extraña criatura había por fin abandonado y mi hija, por fin había vuelto. Que tentación tan enorme dejarla ahí del revés hasta terminar de mirar todo. Qué placer verla haciendo el mono en su estado puro y original.

Pero el deber de madre, y sobre todo mi deber cívico... ¡pitufa ahí no hagas el pino, que se mancha la pared y nos van a llamar la atención!... me obligó a romper ese momento tan mágico.



5 comentarios:

  1. Si es que deseamos que crezcan y cuando crecen...que miedito.

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  2. Debe resultar desconcertante en ocasiones como esta, darse cuenta de que los niños crecen demasiado rápido, aunque al fin y al cabo todavía siguen siendo niños, afortunadamente.

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  3. Sí, da miedito que crezcan demasiado deprisa, y sobre todo da miedito que cambien, pero sigue siendo una peque y por mucho tiempo. Besos!!!

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  4. Me has dejado con una sonrisa! :)

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  5. ¡¡¡Cómo me alegro, Sandra!!! Un abrazo1

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