1 de febrero de 2014

nada igual

Esta mañana lo he sentido de nuevo.

Estaba yo pensando, mientras me dejaba llevar por las sensaciones: no hay nada como dejar que el agua caliente cubra mi piel. Nada mejor que  ese abrigo húmedo y cálido contra el frío mañanero. 

No existe nada tan agradable como sentir el agua cayendo sobre mi cabeza, con los ojos cerrados y en un duermevela provocado por el madrugón. Nada.

Nada igual que esa protección, casi abrasadora, que me permite dormir de nuevo pero de pié, ¡cualquier día de estos me caigo de verdad!

Tengo que reconocer que, por suerte para mí que soy perezosa, de un tiempo a esta parte, lo de las duchas recién levantada y semi-inconsciente ha pasado casi a la historia. Ahora me levanto, desayuno y me pongo a trabajar en casa. Es algo más tarde, a la hora de salir, cuando me ducho en plenas facultades mentales. Muchos días incluso me ducho por la tarde o noche con mi peque, las dos juntitas, que nos encanta. 

Pero hoy, aunque no trabajaba porque es sábado y habiéndome acostado casi a la una, tocaba madrugar. Y hoy, después de mucho tiempo, he tenido que ducharme medio dormida.

Como siempre, después del momento pereza y frío al desnudarme, me he refugiado bajo su manto y he estado casi soñando. No hay nada como esos minutos. Nada.

Pero tampoco hay nada peor que ese momento en que, en uno de esos micro-despertares que evitan que me caiga, me ha vuelva la consciencia y esas imágenes de sequías, pantanos secos, facturas del gas elevadísimas y, sin poder evitarlo pero en contra totalmente de mi voluntad, tenga que cerrado el grifo, dejar de sentir el agua caliente y he empezar a quedarme helada mientras me seco.

Nada igual. En fin, ¡que me quiten lo bailáo!


2 comentarios:

  1. ¡Qué alegría leerte por aquí Pilar, gracias por pasarte. Creo que poco a poco consigo ir volviendo a la normalidad en mi blog, y encontrarme un comentario tuyo me ayuda a escribir más. gracias, un abrazo!!!

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