23 de junio de 2014

por placer

No sé por qué, pero hoy te deseo más que nunca. Es una sensación que invade mi cuerpo y lo recorre de un extremo a otro.

Desde que he amanecido no he podido quitarte de mi cabeza y, mientras mis dedos martillean en el teclado, mi mente no puede más que evocar el recuerdo de aquellos momentos juntos.

Hoy mi boca se vuelve agua una y otra vez, al compás de las imágenes que aparecen y desaparecen, que van y vienen dejando ese dulce sabor que mi lengua reconoce, busca, ansía.

Daría lo que fuera por rozarte de nuevo, por dejar que mis dedos acaricien todo tu ser y se deleiten del fresco placer de tu tacto. Daría todo por lamer suavemente tu cuerpo entero y perderme en las sensaciones que quieras provocarme. Por no encontrar retorno ni cobijo y que todos mis rincones se tornen placer. 

Pagaría oro, si lo tuviera, por que ahora mismo te entregases a mí entero y dejases a tu cuerpo derretirse dentro de mí boca. Lo daría. 

Pero no lo voy a dar porque no lo tengo, porque no estás y porque mis papás me enseñaron que antes de comer no es momento de disfrutar de un helado.