7 de julio de 2014

¿alguien ha dicho vacaciones?

Muchas veces había escuchado esa palabra a lo largo de este año y sabía que existían por el recuerdo de los 14 días que pude disfrutarlas el año pasado.

Aunque lo veía tan lejano, que parecía casi imposible hacerme a la idea de que algún día iban a llegar.

Pero, como bien decía ayer mi peque mientras cavaba un foso en la arena, el trabajo siempre tiene su recompensa.

Montar un negocio de la nada supone días y noches de esfuerzo mental y muchas horas de más. Y eso han sido mis últimos 10 meses. Pero ahora, viendo la luz al final del túnel, sintiendo como el proyecto ha tomado forma y los resultados van siendo los deseados, ha sido el momento de regalarle a la mente su merecido descanso.

¡Y aquí estamos!

La primera impresión causada por las fotografías de la página web no nos han defraudado. Las opiniones escritas por anteriores visitantes, tampoco.

Podemos decir que estamos veraneando en un paraíso gallego, escondido entre bosques de robles y eucaliptos. Es un lugar sólo apto para personas ávidas de descanso y tranquilidad absoluta.

Igualmente es un lugar ideal para personas que disfruten de los pequeños detalles, de las comodidades de un hotel pero en el entorno de una casa rural con encanto, que busque naturaleza y también diversión pues, mientras escribo esto estoy tumbada en una hamaca, colgada de dos árboles, viendo como la peque y su papaíto están echando un partido de boley en la la piscina, entre los matorrales. Y cuando terminen se van a meter en el jacuzzi de la propia piscina a descansar y seguir disfrutando.

Hoy no vamos a hacer barbacoa, iremos a cenar al pueblo, a ese sitio donde hacen los calamares tan ricos. Ayer nos dimos una buena caminata por el Parque Natural de Corrubedo y tuvimos sesión larga de playa protegida, entre dunas. Así que hoy, tras el paseo por la cascada de esta mañana, hemos decidido no hacer NADA más.

Al decir nada más me refiero a no mover un dedo para hacer la cena, ¡claro! pero sí pasear por el jardín al borde del arroyo que cruza la finca, o tumbarnos al sol escuchando el río. Incluso ir más allá, hacia la aldea, eligiendo qué color tendrán los esquejes de hortensias que nos llevaremos el último día (azul intenso, por supuesto).

Perdón, debo dejar de escribir porque Eva sale del agua con frío y quiere calor humano, ahora vuelvo.

Como iba diciendo, esto son vacaciones ¡y lo demás son tonterías!


Si alguien está interesado en conocer este paraíso, que entre en Aldea os Muiños y elija el tipo de alojamiento que quiere (nosotros estuvimos el la Casiña Rosalía)


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