19 de mayo de 2015

mi inexistente personaje

Dándole vueltas a un extraño personaje de la serie a la que llevo enganchada seis temporadas, y digo extraño para suavizar un poco lo que se podría decir de él, vino a mi cabeza la siguiente idea: ¿para crear un personaje como éste es necesario tener una mente alterada?

¿Cómo, si no, es posible que se le ocurra poner en su personaje, esos rasgos que parece imposible que existan? ¿cómo puede hacer que casi llegues a considerar que es normal cuando cada dos escenas llegas a la conclusión de que sólo un psicópata pensaría así? ¿cómo puedes adorarle sabiendo a qué se dedica?

Conocer a Dexter y metérseme en la cabeza crear mi propio personaje, fue todo uno.


A los tres capítulos mis sentimientos hacia él no eran aún como los que me invaden ahora, fui cambiando y evolucionando a medida que se iba presentando a mí. Pero ya por aquel entonces había conseguido que mi cabeza diese vueltas, demasiadas veces desde mi punto de vista, a cómo tiene que ser dar vida a un personaje tan complicado y a la vez tan atrayente.


Sin embargo, a los tres meses de conocerle y, a punto de empezar juntos la séptima temporada sin darnos un respiro el uno al otro, mi conexión con Dexter sigue aumentando inexplicablemente, pero mi personaje sigue siendo simplemente y según mis apuntes "un personaje ficticio, con ideas que no coinciden para nada con las mías, del sexo opuesto para alejarlo más aún de la realidad", nada más he conseguido aportarle.

En mi relato de hace días lo hice maduro y con recuerdos de la adolescencia, gracias a un sueño que tuve una noche y que me inspiró una historia, pero no soy capaz de arrancarle nada más a mi seca, literalmente hablando, sesera.

Así que, como tarea para mí misma, he decidido tomarme más en serio mi taller de escritura y me propongo darle vida a este ser que, con un poco de suerte, será capaz de ayudarme a descubrir si se puede crear un personaje que no te involucre lo más mínimo o si, por el contrario, es necesario estar enamorado para crear un personaje que muere de amor, o estar pirado para crear un lunático, e incluso estar al borde de la muerte para recrear lo que piensa un moribundo, etcétera, etcétera, etcétera.

12 de mayo de 2015

soñando un recuerdo soñado

Me despierto sobresaltado y húmedo, totalmente desorientado. No es que no sepa dónde estoy, lo que me gustaría saber es "cuándo" estoy.

Estaba siendo tan real que aún lo siento. No quiero ni pensar que ha sido un simple sueño, que sigue siéndolo. Bueno, simple no, aunque esté soñando, este sueño no tiene nada de simple.

Su complejidad empieza desde el mismo color de sus escenas. Dicen que soñamos en blanco y negro pero, entonces ¿por qué yo sólo veo en blanco y negro su cara? ¿Por qué su camiseta tiene color? Habiendo color, ¿por qué sus ojos se ven grises, transparentes y cálidos, pero grises?

No entiendo nada, pero es que no quiero entender. Sólo quiero sentir. Quiero seguir mirándola y robando sus besos, esos besos ingenuos de la adolescencia. Dicen que los hombres no disfrutamos como las mujeres con un beso, que nos llenan más otras cosas. No sé si será verdad, no sé qué sienten ellas, ni cuánto. Y casi no recuerdo lo que sentía yo. Pero sé que, hasta hace un instante, estaba perdido en sus labios y no lo cambiaría por nada del mundo.

La noche ha sido extraña, aun sabiendo casi con certeza que íbamos a acabar en la cama, no tuve seguro, en ningún momento, cuál iba a ser nuestro siguiente paso, ¿cómo saber lo que rondaba por su mente según iban pasando las horas? ¿Y si se arrepentía? ¿O si lo hacía yo? Al fin y al cabo eso no era lo que habíamos acordado en un principio. Vamos a esperar, que aún somos jóvenes.

A pesar de todo, la velada ha sido muy agradable, muy divertida, como siempre con ella, aunque acompañada de un ligero desasosiego, de una alternancia continua de urgencia y de temor a ver que el momento se acercaba.

Probablemente por su mente hayan pasado las mismas ideas que por la mía. Quizá ella también ha pensado en algún momento que seguir tomando una copa era perder minutos de ese futuro cercano en el que nuestros cuerpos iban por fin a encontrarse. Quizá ella también tuvo otros pensamientos, como imaginarnos allí mismo, en el bar, dando rienda suelta a nuestras ganas, sin ocultar, sin esperar, simplemente dejando que el ambiente se fuese caldeando de una manera fluida y lógica. 

Pero ahora no sé que pensaba ella, no puedo saberlo porque me he despertado. Y no quiero, por eso no abro los ojos. Por eso no suelto la sensación de sus labios sobre los míos. Me he ido del tema, estaba dándole vueltas a lo que significan para mí los besos o, más bien lo que creí que significaban, porque acabo de descubrir que, el calor de esos labios, la humedad de su lengua y la suavidad con la que los mezclaba con los míos, me ha transportado a un estado mantenido de placer sosegado, entregado y, aparentemente, sin hora de terminación.

Si me hubiese besado así en el bar, o si me hubiese atrapado con su boca al quedarnos solos, habría sido para mí, además de un gusto, un paso evidente y necesario de aproximación a la intimidad de nuestros cuerpos. Pero no. Ha sido ahora, después de sudar, después de haber jugado juntos bajo la sábana y haber sentido como me rodeaba con sus piernas.

Ha sido ahora y, por extraño que parezca, me ha llenado más de lo que lo hubiese hecho al principio. Si me hubiesen preguntado si me gustan los largos besos después de un buen polvo, seguramente hubiese contestado que ni mi cuerpo, ni mi mente exhaustos tienen nada que ofrecer en esos momentos y que no sería capaz de disfrutarlos del todo. Pero, para mi propia perplejidad, debo decir que hoy no hubiera parado de besarla.

¿Quién me ha despertado? ¿Acaso era ya la hora de irme, tan pronto? No pierdo la esperanza de volver a soñar con ella, en otro encuentro furtivo en aquel cuento de adolescentes en que vivimos unos años, cuando yo no sabía que ella estaba a mi alcance y ella ignoraba que mi ser no siempre pensaba en ella de una manera inocente. 

Ahora estoy de vuelta a la realidad, al presente, al momento exacto en que la consciencia me demuestra que aquello no ocurrió, que los 16 años quedaron atrás y aquel lugar también. Y sabiendo que ella sigue existiendo, con su carita picarona y su atractivo juvenil, pero con otra vida y tan lejos de mi cuerpo...