22 de junio de 2015

los niños López

Los pequeños salieron esa tarde cubiertos por una sombra. Una lloraba desconsolada, contagiando entre hipos a su compañera. Otro confesó haber pasado el peor día de su vida.

Uno de los mayores y mejores referentes de su vida durante los dos últimos años, se depedía de ellos con un abrazo y un beso, deseándoles feliz verano. Pero ese día el verano no se les planteaba nada feliz: a la vuelta de las vacaciones estarían todos separados y sin él.

¿Qué les deparaba el destino? ¿Cómo los mezclarían? ¿Quién sería a partir de ahora su guía diaria hacia el conocimiento y las relaciones con sus compañeros? Tantas preguntas revoloteaban por sus cabecitas en esos momentos en que "su Alfredo" abría el último regalo que sus pequeños iban a entregarle. Tantas preguntas mientras le rodeaban entusiasmados intentando no desperdiciar ni un segundo a su lado. No parecía molestarle esa invasión de su espacio, como siempre, se mostró encantado con su grupo.

Ellas estaban casi más tristes que sus retoños. Las alegres conversaciones de esos días sobre el regalo y las sonrisas de esa tarde en la fila, quedaron enturbiadas por los gestos y dudas de sus hijos, por los abrazos en forma de lapa que daban a las piernas de su tutor.

Su tutor, ese joven que ha pasado con sus hijos un tercio de sus vidas durante estos dos años, enseñándoles tanto y concienciándolos de que cuiden el planeta. Ese que, con su eterna sonrisa, les proporcionaba a ellas cada día la confianza necesaria para dejar sus hijos a su cargo y recogerlos felices a la salida.

Besos y abrazos entre unas y otros, los mejores deseos para este verano, propuestas para el horario de la última cena. Y tras eso, caminos separados.

Pero el chat siguió abierto esa tarde y, como cada día, ellas charlaban, y se decían cuánto se echarían de menos el año siguiente, y decidían mantenerlo en el tiempo y seguir con las bromas y comentarios comunes, y se contaban de nuevo la pena que les daba que dividiesen en cuatro este grupo, un grupo tan bueno, tan bien avenido, tan antiguo.

Ese grupo que ha pasado cinco años juntos. Cinco años de juegos, de aprendizaje. Cinco años de crecimiento, de compartir, de ir y venir juntos, de celebrar en bloque el paso de los años. Ese grupo que, cuando tenían tres años, empezó a ser modelado por su amada Ana y ahora dejaba también atrás a su amado Alfredo.

Cinco años siendo, como fueron bautizados ese último día, "los niños López".