21 de agosto de 2015

te necesito ya

10 días. Sólo 10 días faltan para que nos encontremos de nuevo.

Hace ya casi un año de nuestro último encuentro, aquel en el que, como en veces anteriores, pasamos juntos una semana maravillosa.

Se acerca el momento del reencuentro y ya casi no puedo aguantar, pues el simple hecho de traerte a mi memoria me hace sentir embriagada de ti y perder la noción del tiempo. Puedo pasar largos ratos recordando tu olor, ese que en cada ocasión me vuelve loca y me invade incluso antes de haber llegado a ti. Me encanta dejar mis pensamientos merodear por los recuerdos de tu perfil y de tus tortuosas curvas, recreándome en esos espectaculares valles que te hacen tan apetecible.

Estoy a algo más de una semana de admirar otra vez tu fresca belleza, de perderme por tus rincones y dejarme cautivar de nuevo por la inmensa vida que albergas. Ansío esos largos paseos sintiendo las olas en mis tobillos y los sonidos que me regalas cada mañana. Necesito tus sabores, el roce de tu ligera brisa y tenerte ante mis ojos. Y lo necesito ya.

Ha sido un placer poder viajar virtualmente a Menorca, Mazarrón, Lanzarote, Cerdeña e incluso salir de España hasta París, Tailandia y Suecia, gracias a las fotos y las mini-conversaciones que permiten las redes sociales y chats, pero ahora mi necesidad va más allá y el cuerpo me pide que le regale, de una vez por todas, placeres más contundentes y reales.

Y tú eres real. Tú eres lo que más deseo en este momento y sólo espero que estos 10 días no se conviertan en una eternidad, mi amado paisaje cántabro.



19 de agosto de 2015

en puerta cerrada no entran moscas

Dicen que a veces es bueno cerrar algunas puertas, no por orgullo ni soberbia, sino porque ya no llevan a ninguna parte.

Mi filosofía de vida y las corrientes a las que me aferro dicen que no se puede vivir sin perdonar, y yo creo que es cierto. Perdonar te libera y te ayuda a soltar lastre para poder alcanzar nuevas metas. En consecuencia, las pocas personas que han conseguido herirme de verdad en mi vida, están perdonadas hace tiempo.

Sin embargo perdonar no es olvidar la decepción que me hicieron sentir.

Por eso yo practico el aprender, superar, perdonar y dejar ir. Esto último es darte cuenta de que hay personas que son parte de tu historia pero no de tu destino y que dejándolas atrás liberas los espacios que ocupaban, para que puedan llenarlos quienes han demostrado merecer un hueco en tu vida.

Y cuando esos huecos se han llenado de nuevo te sientes tan plena que los recuerdos de esos momentos sólo tienen sitio en las estanterías traseras de tu memoria. De allí salen muy de vez en cuando y ya totalmente carentes de emoción, ante algún comentario pasajero que logra recordarte a aquellos que te perdieron por el camino.






17 de agosto de 2015

a nadie le amarga un dulce

No es que le haga ascos a un bombón, para nada. ¿A quién no le gusta una buena tableta de chocolate? ¿Quién no mira con agrado una cara guapa y varonil de rasgos griegos?

Pero puestos a soñar, una preferiría poder elegir el dulce al que va a hincarle el diente.

Cuando de noche andas mezclada con personas de diversa índole, que no sabes por qué están apretujadas en la antigua casa de tus abuelos, convertida ahora en selva, que tanto son adultos de tu entorno, como alumnas de la escuela de danza que rondan los 16...

Cuando no sabes muy bien qué está ocurriendo porque es uno de esos días en los que la cosa está liada y, ves así de repente que una de esas personas que abarrotan tu espacio es Maxi Iglesias, piensas, ¡guau, en persona es igual de guapo!

Si sigues pensando, como ha sido tu caso, llegas a la conclusión de que está allí por alguna de las jóvenes danzarinas, y sigues a lo tuyo, a lo que fuera que estabas haciendo allí, con aquel revuelo que empieza a agobiarte.

Y cuando pasa el tiempo y ves que sigue allí solo, depié, mirando hacia tu esquina y que tú, como por arte de magia, ahora estás tumbada en una hamaca de tela que cuelga entre dos árboles, empiezas a preguntarte por qué él.

¿No dicen que durante los sueños organizamos nuestras ideas, pensamientos y recuerdos? Debería estar en su lugar, si tiene que tratarse de un yogurín de esta edad, Alex Gozález por ejemplo, que te ganó con su simpatía en los making-off del Príncipe, o a lo sumo Rubén Cortada que, sin haberte enamorado como su compañero de reparto, posee unas cualidades físicas irrechazables.

Pero Maxi...

El chico es guapo, casi perfecto con ese perfil griego, y esos preciosos ojos claros, juro que he mirado fotos suyas antes de ponerme a escribir y no he sido capaz de discernir si son azules, verdes o grises, quizá tiran a azules... son, eso seguro, enigmáticos y atrayentes pero, para tí fríos. Te resulta todo él de una belleza fría que no logra removerte en absoluto. 

Y sin embargo es él, no otro, y está ahí, delante de ti. Y tu sigues ahí tumbada viendo que se te acerca con ese aire de galán clásico pero a la vez actual, con esa imagen entre juvenil y adulto, y te mira, y lanza esa sonrisa ladeada y pícara que tanto ha debido ensayar ante el espejo, y no puedes evitar recordar que en Velvet la que le hacía arder de pasión era la madurita.

Y no le quitas ojo mientras llega a tu hamaca, y piensas ¿por qué me mira a mí?, ¿por qué me sonríe así?¿estaré mirando yo de alguna manera provocativa? Y le escuchas mientras amplía su sonrisa, "hola". Y empezáis a hablar, y le cuentas cuando dos amigas tuyas coincidieron con él en la cola de un cine, y el te cuenta algo más pero no sabes bien qué es, porque sigues, cabezota como eres, pensando una vez más ¿por qué Maxi? ¡Qué raro que sea él!

Hasta que él, paciente sólo hasta unos límites, se inclina hacia ti apoyando una mano en la tela de la hamaca que rodea tu cuerpo y te atraviesa con su mirada.Tragas saliva cuando, con la otra mano, te coge la cara susurrando "deja de pensar de una vez" y planta esos labios carnosos y sensuales que le caracterizan encima de los tuyos.

Parece que sí era capaz de remover tu cuerpo por dentro, ¡madre mía, por todos sus rincones! Su mirada será fría detrás de la cámara pero sus besos son cálidos y tiernos en los sueños, y sus manos suaves y atrevidas.

Desaparecen todas las personas a vuestro alrededor y os entregáis a unos momentos tórridos, de esos que has visto en las pelis. Y dices para tus adentros, porque por supuesto sigues pensando, ¿besará así Alex González en los sueños? Puede que no. Así que, dejándote por fin llevar del todo, le dices al oido: ¡bienvenido seas Maxi-Bombón!