19 de agosto de 2015

en puerta cerrada no entran moscas

Dicen que a veces es bueno cerrar algunas puertas, no por orgullo ni soberbia, sino porque ya no llevan a ninguna parte.

Mi filosofía de vida y las corrientes a las que me aferro dicen que no se puede vivir sin perdonar, y yo creo que es cierto. Perdonar te libera y te ayuda a soltar lastre para poder alcanzar nuevas metas. En consecuencia, las pocas personas que han conseguido herirme de verdad en mi vida, están perdonadas hace tiempo.

Sin embargo perdonar no es olvidar la decepción que me hicieron sentir.

Por eso yo practico el aprender, superar, perdonar y dejar ir. Esto último es darte cuenta de que hay personas que son parte de tu historia pero no de tu destino y que dejándolas atrás liberas los espacios que ocupaban, para que puedan llenarlos quienes han demostrado merecer un hueco en tu vida.

Y cuando esos huecos se han llenado de nuevo te sientes tan plena que los recuerdos de esos momentos sólo tienen sitio en las estanterías traseras de tu memoria. De allí salen muy de vez en cuando y ya totalmente carentes de emoción, ante algún comentario pasajero que logra recordarte a aquellos que te perdieron por el camino.






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