22 de febrero de 2016

contacto infantil

Cuando te conviertes en adulto y pierdes tu ingenuidad, comienzas a ver la vida de manera muy diferente. Es un cambio tan progresivo que no somos conscientes de él. 

La relación con nuestros semejantes cambia sobremanera y, salvo en casos muy concretos, el miedo al qué dirán nos va convirtiendo en el tipo de humanos que somos los adultos. 

Es complicado darse cuenta de los pequeños y enormes detalles que separan nuestro comportamiento del que teníamos cuando éramos críos. Sin embargo este pasado sábado he podido comprobar, junto con mis antiguos compañeros del colegio, que una pequeña parte de nuestros seres diminutos y de cómo se relacionaban ha quedado guardada en algún rincón de nuestro cerebro, lo suficientemente cerca como para que al reunirnos se haya despertado y nos haya permitido disfrutar, durante una noche, de nuestra relación como fue en el pasado.

Qué difícil de expresar, qué difícil de entender, pero que gran verdad que 29 personas adultas disfrutaron como niños, en el más puro y extenso sentido de la palabra.  

Los niños se empujan, se rozan, se preguntan cosas sin tapujos y las responden a la cara, se divierten sin pensar en el mañana y en el qué dirán si hago, que pensarán si digo. Los adultos del sábado, en esa maravillosa Cabaña, tuvimos la oportunidad de disfrutarnos así y descubrir que la relación que se crea en la infancia es indestructible a pesar de los años y las distancias.

Fue tan increíble descubrir como, sin saber nada de la vida de tus compañeros, y tras una separación de 30 años, al hablar con ellos necesitas tocarlos, rozarlos, sentirlos pegados a ti, y lo haces. Y las risas de unos y otros se unen, y sientes alegría verdadera de conocerlos, de tenerlos enfrente uno a uno y de, al abrazarlos, percibirlos más cercanos que muchos adultos que ahora forman parte de tu vida.

¿De dónde sale esa inmensa confianza que sientes al contarle tus idas y venidas y escuchar las suyas? La respuesta no la sé a ciencia cierta, pero me aventuro a decir que no se perdió nunca, que se mantuvo en barbecho, en un apartado de nuestro corazón, esperando el momento del reencuentro para, recargado de energía, hacer que las horas que pasamos juntos fueran algo tan estupendo.

Sentirte niña de nuevo, saberte rodeada de quienes crecieron a tu lado y fueron parte de ese proceso en el que se forjó tu personalidad. Aquellos que pasaban ocho horas al día junto a ti atendiendo en clase, jugando, discutiendo, haciendo las paces sin orgullos y que se convirtieron, irremediablemente, en parte esencial de lo que eres ahora.

Nadie debería perder la oportunidad de reencontrarse con esos niños que le rodearon. Todos deberíamos dejarnos tocar de nuevo por esas manos llenas de ingenuidad y cariño infantil.

Doy gracias por haber tenido el privilegio de disfrutar esta experiencia y os doy las gracias a quienes lo habéis hecho posible, LLANEROS.

5 comentarios:

  1. En aquella "Cabaña",el pasado sábado, se produjo un mágico reencuentro de compañeros y amigos de nuestra infancia y posterior juventud. La llama de la amistad, que nunca se apagó, ha vuelto a iluminar con enorme fuerza nuestras vidas actuales y ese resplandor y brillantez seguirá por siempre en nuestro interior, el de todos y cada uno de nosotros. El contacto infantil se torna ahora en adulto, o viceversa, ¿qué más da eso?. Esa llama siempre seguirá encendida, nunca debemos olvidarlo amigos y compañeros...

    Encantada: te doy mi más sincera enhorabuena por este maravilloso blog que tienes en marcha, por tus reflexiones, inspiraciones, creaciones... Nunca se sabe hacia dónde vamos ni tampoco si encontraremos lo realmente adecuado para nosotros, pero la ilusión y el buen hacer mueve montañas...

    Abrazos y besos gigantes,

    Raúl P.

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    1. Raúl, qué bonita reflexión has hecho, sobre todo al hablar de "viceversa". Cómo me alegro de este reencuentro y de los que nos quedan por vivir. Un beso inmenso, "compi" y gracias por pasarte por aquí.

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    2. Encantada: Muchas gracias a tí siempre. A partir de ahora serán reencuentros elevados a la enésima potencia, jamás lo dudes. Un beso gigante para tí, compañera del alma...compañera.

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  2. Volver a ser un niño, aunque solo sea un instante, es un regalo precioso

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    1. Es uno de los mejores regalos que he recibido este año. Gracias Pilar.

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