26 de marzo de 2016

mi gran evasión

Uno de mis placeres, que últimamente tengo algo castigado por lo caro que me lo han puesto, es ir el cine. Pero aun así me gusta hacer el esfuerzo y hacerlo de vez en cuando.

Algunos días hay que dejarse llevar y olvidarse de lo que nos rodea o lo que, sin rodearnos porque nos pilla lejos, nos enfada o hace sentir impotentes. 

Ayer fue uno de esos días en que mi cuerpo pedía a gritos descanso físico y mi mente descanso mental, ¿de qué otro tipo si no? ¡jaja! ¿Qué mejor plan que sentarme durante 118 minutos en una cómoda butaca y olvidarme del mundo?

Para mí una película en casa se convierte en "ver la película", que no está mal para nada, pero el cine tiene el poder de alejarme de la realidad, hacerme olvidar que estoy rodeada de butacas, personas y del sonido de las palomitas de los vecinos, y consigue que atraviese la pantalla, como Jeff Daniels en la Rosa Púrpura del Cairo y me introduzca en la historia. No se trata de creerme la protagonista, no es eso. 

Es más bien como cuando leo un libro que me está entusiasmando y llego a olvidar que es una lectura, un conjunto de letras que atraviesan mi córnea y mandan una señal a mi cerebro. Es como tener el poder de contemplar la historia desde dentro consiguiendo vivir en primera persona lo que están sufriendo los personajes, permitiéndome entender sus sentimientos de una manera profunda y sentir sus emociones en mi propia piel. Eso consiguen algunas películas que veo en el cine.


Ayer fue La Modista. 

Aún estoy intentando convertir en pensamientos lo que me transmitió, para poder después ponerlo en palabras, porque sé que me van a preguntar eso de si la película es buena y algo tendré que decir. ¿Qué se dice cuando has disfrutado como una enana pero tienes la duda de si el resto de personas van a encontrar la película de su agrado? 

En general es muy complicado para mí calificar una película como buena o mala. 

En esta puedo decir que hay buenas actrices, bonita fotografía, un buen ritmo que evita que se te hagan largas las dos horas de película. Bañada por un surrealismo dramático que detectas no siempre bien entendido por todos los asistentes, a juzgar por sus risas fuera de lugar, por que sí, tiene algunos puntos de humor, pero contados con los dedos y el trasfondo es tan triste. Me recordaba a Full Monty cuando el público se reía de los enormes problemas de aquellos hombres. 

Y a la salida los comentarios fueron curiosos pero en general no salían demasiado contentos. Yo sí, no contenta exactamente. Totalmente removida es más acertado, con una gran mezcla de emociones y congojo en la garganta, torbellino de imágenes en la cabeza y gran sensación de haber disfrutado.

Y es que La Modista consiguió lo que yo iba buscando, mi gran evasión.

Kate Winslet, algo tiene esta actriz que siempre me ha encantado, su naturalidad, su belleza imperfecta, su cuerpo real y abrumadoramente sensual. Disfruto simplemente mirándola. Y además actúa bien, haciendo que su personaje sea totalmente creíble, complicado viendo lo surrealista de la atmósfera. Me permitió creer que todo es posible cuando una mujer une su sensibilidad y su fuerza contra sus miedos. 

Judy Davis, como un camaleón se disfraza y va dando forma a su personaje de una manera increíble, devolviendo a la historia parte del realismo que le faltaba.

Y él, un australiano absolutamente desconocido para mí, Liam Hemsworth. Le otorga a la historia ese toque romántico que seguramente haga que la película sea calificada como un pastel para mujeres, sin realmente serlo, simplemente porque es el bombón que a todas nos gustaría degustar con nuestro té, la guinda que pondríamos en cualquier fantasía nocturna. Pero su papel es absolutamente necesario para darle mayor dramatismo y también, en mi caso, para confirmarme que he entrado ya en una edad en la que, para bien o para mal, me gustan también los hombres más jóvenes que yo. Aún no he recobrado la respiración que perdí cuando esa criatura se quitó la camisa. Se hizo un silencio especial en la sala, todas tragamos saliva al mismo tiempo que Kate y aflojamos nuestros fulares para permitir la entrada de aire. Creo que en esa escena estuvimos todas de acuerdo, despertó nuestros deseos más carnales. 

Así que salí removida, sí, como si de una coctelera se tratase, y feliz de haber disfrutado tanto de la película y de sus diferentes aportaciones para sentir vivos mi cuerpo y mente.

Y si me preguntáis si es buena o no... para mí una película que me hace sentir tanto, sea lo que sea que sienta, es que está bien hecha y, por tanto, la recomiendo.

15 de marzo de 2016

delante de mis narices

A veces, a lo largo de mi vida, he sentido que algunas experiencias parecían habérseme escapado entre los dedos.

Me ha dado por pensar que ya no era momento de hacer esto, empezar a practicar aquello o disfrutar de la compañía de esta persona. Si eso me ha ocurrido antes, a los 20, a los 30 y a los 40, ¿cómo no va a ocurrirme ahora que rozo los 44?

Pero la vida me ha demostrado en esas ocasiones que, para mi alegría, estaba totalmente equivocada y que aún era tiempo de intentarlo, como cuando me sentía mayor para sacarme el carnet de conducir a los 28 años, pero lo hice, o cuando a los 35 sentía que ya sería imposible traer al mundo una criatura, pero vino Eva, o a los 40, después de haber pensado toda mi vida que era un palo sin gracia, me convencí de que puedo, subida a un escenario, lucir y expresarme a través de la danza oriental.

Y ahora, en este momento de cambio y de comienzo de una nueva etapa, hay días en los que me siento mayor para tantas cosas que me dan ganas de meterme debajo de la sábana y no salir en una semana.

Pero no lo hago.

Con gran esfuerzo a veces, recuerdo lo que aprendo cada día de personas maravillosas que me rodean y me digo: Marta, te queda media vida por delate, has elegido el mejor momento para tomar este nuevo rumbo. Aunque no sepas dónde vas, ahora tienes los conocimientos y herramientas necesarios para disfrutar de este viaje y descubrir que realmente sólo vas hacia ti misma, hacia el encuentro de tu propia felicidad.

Además, eres una mujer madura, no mayor, y delante de ti se abre un inmenso abanico de nuevos sueños que construir, maravillosas personas con las que disfrutar y, por qué no, apasionadas historias que vivir.

¡Y lo mejor es que todo está ahí, delante de mis narices haciéndome señas!!

9 de marzo de 2016

hoy también es 8 de marzo

Ayer, Día Internacional de la Mujer, fue un día lleno de numerosos mensajes de todo tipo. Las redes sociales se llenaron de vídeos dedicados a nosotras, los chats fueron un continuo compartir de frases, la gran mayoría felicitándonos por ser mujeres, inteligentes, valientes y maravillosas. 

Fue un día en el que celebramos que, a lo largo de la historia, muchas mujeres han dedicado sus vidas a demostrar que para nada somos el sexo débil, que somos capaces de hacer las mismas cosas que los hombres y que, con esfuerzo y una lucha continua han logrado, en algunos lugares del planeta, que las mujeres puedan disfrutar de ser, de verdad, consideradas iguales y disfruten de plenos derechos.

El 8 de marzo es un día importante para las mujeres y así hay que vivirlo.

Hoy es 9 de marzo, la vida continúa para todas las mujeres: para las que ayer fueron felicitadas en persona en la puerta del cole, o por teléfono, por Whatsapp, en Facebook, las que como yo, somos privilegiadas porque nos sentimos felices, tenemos una casa, un trabajo y una familia completa y sana.

Esas mujeres valientes y luchadoras que cada día salimos al mundo dispuestas a comérnoslo.

Pero también continúa y para las mujeres que igual no recuerdan lo que es sentirse felices porque son maltratadas a diario por sus parejas, o son explotadas durante interminables jornadas laborales por una mísera paga que no les permite alimentar a sus hijos, las que son violadas y asesinadas por haber tenido la mala suerte de vivir en un país en guerra, las que arriesgan las vidas de sus hijos en una lancha ruinosa para intentar cruzar al lado de la vida donde luego se les niega la vida que van buscando y el simple refugio, las que no tienen derecho a mostrar sus rostros y sufren humillaciones, las que son mutiladas, las que en definitiva no tienen derecho alguno en este momento o no llegan a tenerlos nunca


Esas mujeres valientes y luchadoras que cada día salen al mundo a seguir sobreviviendo.

Sigamos recordando a esas mujeres, aunque no sea 8 de marzo.






Más sobre el autor de las fotografías: Fernando del Berro
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3 de marzo de 2016

evocación

Son esas horas que a veces murmuran, que piden a gritos tenerte cerca

Evocan tus besos que como un bálsamo logran calmarme tras nuestra entrega 

Mientras tu respiración se baña en la mía y nuestros labios se enredan 

Cómo no ansiar esa húmeda boca, tras probar el sabor del placer prohibido 

Cómo evitar el deseo de morderla, y sentir tu lengua sobre la mía 

En mis sueños más ocultos, cuando nadie nos mira, te poseo de nuevo y mi piel vacía

Se refugia en la tuya tan ardiente y viva, colmada de caricias, de goce y pasión 

Acaríciame pronto, cometamos excesos, ha llegado el momento de comernos a besos