15 de marzo de 2016

delante de mis narices

A veces, a lo largo de mi vida, he sentido que algunas experiencias parecían habérseme escapado entre los dedos.

Me ha dado por pensar que ya no era momento de hacer esto, empezar a practicar aquello o disfrutar de la compañía de esta persona. Si eso me ha ocurrido antes, a los 20, a los 30 y a los 40, ¿cómo no va a ocurrirme ahora que rozo los 44?

Pero la vida me ha demostrado en esas ocasiones que, para mi alegría, estaba totalmente equivocada y que aún era tiempo de intentarlo, como cuando me sentía mayor para sacarme el carnet de conducir a los 28 años, pero lo hice, o cuando a los 35 sentía que ya sería imposible traer al mundo una criatura, pero vino Eva, o a los 40, después de haber pensado toda mi vida que era un palo sin gracia, me convencí de que puedo, subida a un escenario, lucir y expresarme a través de la danza oriental.

Y ahora, en este momento de cambio y de comienzo de una nueva etapa, hay días en los que me siento mayor para tantas cosas que me dan ganas de meterme debajo de la sábana y no salir en una semana.

Pero no lo hago.

Con gran esfuerzo a veces, recuerdo lo que aprendo cada día de personas maravillosas que me rodean y me digo: Marta, te queda media vida por delate, has elegido el mejor momento para tomar este nuevo rumbo. Aunque no sepas dónde vas, ahora tienes los conocimientos y herramientas necesarios para disfrutar de este viaje y descubrir que realmente sólo vas hacia ti misma, hacia el encuentro de tu propia felicidad.

Además, eres una mujer madura, no mayor, y delante de ti se abre un inmenso abanico de nuevos sueños que construir, maravillosas personas con las que disfrutar y, por qué no, apasionadas historias que vivir.

¡Y lo mejor es que todo está ahí, delante de mis narices haciéndome señas!!

3 comentarios:

  1. Siempre es un buen día para dar un paso.
    Ánimo valiente.

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  2. Amiga y compañera Marta, nunca es tarde para nada, ni para vivir...ni para soñar y menos para emprender nuevos proyectos. Te lo dice un amigo de tu niñez.
    Besitos mil!
    Raúl P.

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