11 de abril de 2016

creo que muy bien

En dos semanas he pasado de un extremo a otro en la modalidad que he adoptado para ir al cine, de ir sola a ir muy bien requeteacompañadísima. Allí llegamos en tropel, como niños sacados del cole para una excursión, con unas enormes ganas de reírnos, porque es lo que nos habían dicho que íbamos a hacer viendo "Kiki, el amor se hace", reírnos. Y lo hicimos, ¡vaya si lo hicimos!

Va a parecer que ahora me dedico a hacer crónicas de cine, porque ésta ha caído seguida de "La Modista". Pero no, creo que que en estos años de blog, voy sólo por la tercera.

El caso es que me ha ocurrido lo mismo que en la anterior, me han pedido que cuente ¡con lo poco que me gusta que me cuenten y contar algo sobre las pelis! Y no me gusta por la sencilla razón de que no quiero crear expectativas en nadie, igual que a mí no me gusta ver una película teniendo ya una expectativa creada.

Pero ayer por la noche me pidieron, no sólo mi opinión sobre la película sino, ¡una crónica, jaja! Pues allá va.

Además voy a empezar por el final. 

Naturalidad ante todo. Cuando terminó la película me contaron que prácticamente todos los diálogos habían sido improvisados por los propios actores. Claro, ahora entiendo por qué parece que viven allí, al otro lado de la pantalla, cada uno con sus pequeños y grandes problemas en la vida agolpándose en una secuencia de historias. Cada uno de ellos, sólo con sus gestos consigue que, aun teniendo un fondo dramático, la situación que está viviendo nos haga reír. Es todo tan natural que hasta algunos de sus nombres son los mismos que en la vida real.

A través de esta naturalidad que, para mí es la seña de identidad de la película, nos hablan mucho más de amor que de sexo y nos hacen pensar, y mucho, en lo diferentes que somos unos de otros, lo NORMALES que son todas y cada una de nuestras individualidades y en cómo nuestra forma de ver y llevar las relaciones está cambiando y debe seguir cambiando.

Es una invitación, a través de humor, a que abramos nuestras mentes y nuestras almas a un fenómeno que siempre ha existido y hasta hace nada, e incluso ahora, se ha tratado como "raro" y hasta excéntrico y es simplemente LA DIVERSIDAD en el amor, en los sentimientos, en la manera de vivir la sexualidad y el camino que cada uno elegimos para relacionarnos con los de nuestra especie.

Así de sencillo, aceptarnos a nosotros mismos y a los demás como somos, puede resultar la mar de placentero y divertido. Sólo hay que probarlo.

Es un remake de la película australiana "The little death", muy fiel, según me han contado, al que Paco Leon ha añadido el gracejo español que nos caracteriza.

Muy bien dirigida, muy bien interpretada, muy buena fotografía ¡el comienzo es alucinante, intenta no parpadear ni un segundo! y muy bien TODO.

Creo que la estoy recomendando, ¿o me parece a mí?


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